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Parece
haber un punto de contacto claro entre la historia de las mentalidades
y la historia literaria cuando ésta se dedica a "rastrear"
lo que podríamos llamar los temas favoritos propios de la
historia de las mentalidades: la muerte, la vida cotidiana, la fiesta,
etc.; de modo que lo que hermanaría estos dos géneros
historigráficos sería su campo de acción, su
temática. Sin embargo, si bien esta condición puede
dejar bien parado al historiador literario, en cambio genera una
pregunta aún más compleja para el historiador de las
mentalidades: la de la pertinencia de la literatura como fuente
histórica.
Desde una perspectiva distinta,
existiría otra manera de hermanar historia literaria e historia
de las mentalidades y sería deslizando el énfasis
hacia éste ultimo género, de modo que lo que haría
el historiador de las mentalidades sería emplear la fuente
literaria y ponerla al servicio de sus propósitos. Esto suele
suceder en casos en que la literatura se vuelve una fuente importante
(tal vez por escasez de otras, como el testimonio o las fuentes
iconográficas y arqueológicas).
Para Vovelle, sin embargo,
el asunto se podría resolver en la medida en que las dos
estrategias se pudieran complementar con base en lo que él
llama una historia total o vertical "que toma el hecho para
intentar analizarlo (a través del hilo del tiempo) en todas
sus prolongaciones, hasta la complejidad de las producciones más
sofisticadas de lo imaginario, lo cual incluye, la religión,
la literatura y el arte, en una palabra, la ideología en
sus formas elaboradas" (Vovelle, 42).
Es entonces cuando resulta
importante retomar la diferencia base entre ideología y mentalidad.
Vovelle propone la discusión desde el punto de vista de una
posible autonomía de la noción de mentalidad frente
a la de ideología. En principio, una historia de las ideologías
estaría del lado de la mirada sobre las élites, mientras
que la historia de las mentalidades estaría del lado de una
mirada sobre los marginados y los desviados. Tanto ideología
como mentalidad serian conceptos que responden a "dos herencias
diferentes, dos modos de pensar: una mas sistemática y otra
voluntariamente empírica..." (Vovelle, 13).
Habría dos caminos
para decidir sobre una autonomía del concepto de mentalidad:
de un lado, el examen de su inscripción en el de ideología.
De otro, forzar su posible comportamiento independiente. En el primer
caso, habría varias interpretaciones de dicha inscripción:
la primera vería la mentalidad como la traducción
de un nivel inferior de ideología, como las huellas de una
ideología hecha trizas y la segunda apuntaría a ver
la mentalidad mas bien como resistencia, como identidad preservada
y auténtica más allá de la contingencia ideológica.
Quienes optan por una consideración de la autonomía
del concepto de mentalidad, acuden por lo general a los términos
"inconsciente colectivo" o "imaginario colectivo",
nociones que remiten a la autonomía de una aventura mental
colectiva que obedece a ritmos y causalidades propias, aparentemente
independiente de todo determinismo socioeconómico y sin referencia
a las ideologías constituidas (Vovelle, 16).
A nuestro entender, el
uso de la noción de mentalidad en literatura debe ir ligado
al de "ideología" (definida desde la perspectiva
sociocrítica), ya sea que se entienda aquí mentalidad
como "traza" o como "resistencia" ideológica.
Sólo así, creemos, es como podríamos entender
la calificación de "testimonio insoslayable" que
finalmente hace Vovelle cuando se refiere a la literatura.
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