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¿Existe
alguna diferencia entre el personaje que protagoniza la violencia
de los años cincuenta y la más cercana? ¿El
personaje depende de ese tipo de violencia? ¿Qué representa
en cada caso el personaje, cuáles son sus roles, cuáles
sus evoluciones? Estas preguntas enmarcaron la observación
que se hizo de los personajes de las tres obras seleccionadas, teniendo
en cuenta que su papel no es sólo estético o estructural,
sino representativo y simbólico. Partimos del hecho de que
de las distintas estrategias de identificación con que cuenta
la narrativa, el personaje -en este caso, cargado de acciones, roles
y símbolos- es el elemento de la estructura del texto que
mayor posibilidad de mediación provee al momento de explorar
la mentalidad colectiva que nos interesa.
¿Qué tipo
de "héroe" es el protagonista de nuestros relatos?
¿Acaso un héroe moderno? ¿Se puede hablar ya
en la novela de sicarios de un héroe posmoderno? ¿En
qué sentido? ¿No son los protagonistas en realidad,
todos, héroes abyectos?
Alvaro Pineda Botero, en
su artículo: La trayectoria del héroe: de la megalopsíquia
a la abyección (o la dilución dl sujeto) , nos advierte
dos cosas que sirvieron de referencia a la hora de analizar las
obras seleccionadas: una es que la novela (colombiana) de la violencia
de los 60 y 70 ya está llena de héroes abyectos, con
frecuencia disfrazados con el velo de la lucha política.
La otra es que, pese a que en Colombia no podemos hablar de una
burguesía liberal democrática generalizada (que es
una condición para la aparición en el escena real
del héroe abyecto), en cambio otras realidades como el debilitamiento
de las jerarquías, la caída de los valores morales
tradicionales, y el resentimiento general, hacen propicio un ejercicio
de la hybris es sus más altos grados: masacres, terrorismo,
asesinatos indiscriminados y un hecho alarmante: la guerrilla ya
no posee banderas políticas que legitimen sus acción
y parecen motivadas únicamente por lo económico.
Así define Pineda
Botero al héroe abyecto:
... descendiente del esclavo
, el mendigo, el tonto y el loco: los encarna y representa a todos,
pero viene armado de una carga centenaria de resentimiento y de
una fuerza vengativa y destructiva... En él es máximo
el ejercicio de la hybris. En el pasado, su risa era simple expresión
de alegría y olvido. El, abyecto ríe también,
pero el tono de su risa es el terror. La alegría se
ha convertido en locura. Y su nihilismo es creciente. [Como en el
Uebermensch nitzcheano] actúa sin el aval de los dioses,
sin justificación racional o externa; no encarna ideales
colectivos; su interior es un caos, un laberinto o mejor un abismo.
Su creatividad y su ingenio están orientados hacia la destrucción
y la hybris. Pero no supera el caos ni la multiplicidad de su alma
y termina en lo sanguinario. La locura, que parecía fingida
en la representación saturnal, ahora es real. Y si antes
podía burlarse de sí mismo, ahora está dispuesto
a hacerse daño, a llegar incluso al suicidio (Pineda, 224).
Con el ánimo de
vincular las obras seleccionadas, ensayamos la hipótesis
de que el héroe violento en la novela colombiana es en realidad
un héroe abyecto arropado con máscaras que van desde
la vinculación ideológica a un partido, hasta la ausencia
misma de la máscara en los sicarios, pasando por la careta
del ideal revolucionario.
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