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Los textos escogidos para
esta parte fueron los que conforman el volumen de relatos: Las muertes
de Tirofijo de Arturo Alape. El libro está compuesto por
trece relatos, distribuidos en cinco "capítulos":
MUJERES, que incluye los relatos: La candela, Yo le llamo valor
y El coreguaje amaneció verraco; CURAS, construido por el
único relato: La Virgen de Fátima; BANDOLEROS, conformado
por el relato: Culebrín; CHULOS, que incluye los relatos:
Cuerpos sin sombra; Agonía y muerte del diablo sargento y
La cabeza y GUERRILLEROS, con sus relatos: Ricuarte ojos de gato,
La verdad, Domingo del difunto, El mono Jorge y Las muertes de Tirofijo.
De alguna manera, esta
estructura ya está reflejando la complejización del
conflicto que corresponde a lo que hemos llamado, en el marco sobre
la violencia, la tercera guerra, caracterizada, como se dijo, porque
la dirección militar también es asumida por el pueblo:
MUJERES, está dedicada a lo que podríamos llamar el
punto de vista del campesino forzado a la guerra, que colabora con
la guerrilla, pero que mantiene su esperanza en la vida "normal".
El cuento del capítulo: CURAS, ilustra la sutil participación
de la institución religiosa en el conflicto y su toma de
posición a favor del estado y del gobierno. El relato acerca
del bandolero Culebrín, muestra ya lo que será una
anticipación de la cuarta guerra, pues ilustra el fenómeno
paramilitar y la aparición de otra "punta" del
conflicto que ahora enfrentará facciones rebeldes (en este
caso: la "chusma" liberal contra los "comuneros").
El capítulo CHULOS, está dedicada a relatos que protagonizan
los miembros del ejército (llamados chulos), así como
el de GUERRILLEROS muestra la situación vivida por los miembros
de las cuadrillas militares de la guerrilla.
Los cuentos de Alape poseen
dos características que van a dinamizar el fenómeno
de registro de las "mentalidades": de un lado, la recuperación
del habla oral que hace que los cuentos cobren relativa autonomía
en relación con la intervención de la "mano"
del autor, quien, desde esta perspectiva, seguramente asume una
reducción consciente de su papel al de etnógrafo o
reportero, dando paso a una versión más limpia y directa
de los hechos, sin que esto le reste poesía, pero también
sin caer en el folclorismo o el costumbrismo artificiosos.
Lo popular aparece entonces
expresado por la lengua regional y por una metaforización
particular, así como, en este caso, por una lengua transformada
en medio del mismo conflicto, de modo que el efecto final es la
apreciación de seres más vivos y más verosímiles
que nos recuperan, a quienes estamos del otros lado (del de la oficialidad,
quizá; del de la escritura seguro), lo inédito, la
visión del Otro.
De otro lado, cada relato
de Alape está "ensamblado", bajo una perspectiva
de exposición dialéctica de los conflictos. Es decir,
que al material directo e histórico, se le añade la
visión de mundo del autor que los rescata de la "simple"
realidad, al poner los materiales en juego; un juego que sólo
puede ser expresado y dinamizado (tras su reconocimiento) intelectualmente
por el autor.
Obtener una dimensión
de las mentalidades en juego, implica atender esta doble dimensión
de los relatos: la expresión más o menos directa del
lenguaje popular y la visión del autor que les recupera un
sentido.
En función de los
seis factores de análisis pudimos concluir, respecto de Las
Muertes de Tirofijo, lo siguiente:
El
procedimiento narrativo
El volumen de relatos de Alape formalmente consiste en la reelaboración
de materiales históricos directos (testimonios, historias
de los campesinos, etc.), disminuyendo así, lo que podríamos
llamar la intervención de la mano del autor, al menos en
los niveles de lenguaje registrado, y otorgando la posibilidad de
una escucha del otro, con lo que la recuperación de mentalidades
y de una consciencia colectiva se hace más transparente.
La estrategia de reelaboración deja ver, sin embargo, la
ideología del autor, en la medida en que el estatus significativo
de los relatos se ofrece a partir de una estructura dialéctica
de exposición de conflictos en cada relato. Esta exposición
dialéctica, tiene la ventaja de otorgar al lector la posibilidad
aposteriori de elaborar una resolución particular que puede
o no coincidir con la propuesta en el cuento.
Un
nosotros
La recuperación de una conciencia colectiva (o de un inconsciente
colectivo) es posible en el texto gracias al planteamiento de un
"ellos" que constantemente se pone en juego, ya sea para
expresarse en relación con el ejercito (ellos: los chulos)
-cuando son los campesinos guerrilleros los que toman la palabra-,
o en relación con la guerrilla, como en el cuento Culebrín,
en el que la visión se da desde un enemigo, desde el otro
que se refiere a un ellos: lo comuneros. En el cuento El Mono Jorge,
también se da una relativización de estas perspectivas
cuando el protagonista es observado por los dos bandos y él
tiene que decidir por uno de ellos. Este juego permite recuperar
algunas constantes de identidad, muy claras para el grupo que podríamos
denominar "protagonista" de los relatos (el campesinado
guerrillero): la lucha como modus vivendi; una convicción
de su destino; la necesidad de contar con elementos de cohesión
frente al peligro constante de disolución; el lenguaje que
el conflicto les ha obligado a construir, etc.
El
personaje
Podemos afirmar que el personaje de los cuentos de Alape es el colectivo
que representa a los campesinos inmersos en la lucha guerrillera
y que han hecho de ella un modus vivendi. En este sentido,
la abyección no estaría presente de forma directa
o trasparente, en la medida en que hay una visible convicción
e integración. La cohesión ideológica colectiva
facilita esta integración y esta posición de identidad
cultural. Hay sin embargo un cuento en que aparece un personaje
abyecto: Culebrín, un mercenario que juega no a una idea,
no a un destino, sino a calmar su sed de venganza y descubre en
el camino la posibilidad de hacer de la violencia un modo de vida,
su posibilidad no tanto de sobrevivir, como de bienvivir a costa
de la desgracia de otros. El asunto de la venganza también
aparece en otro cuento: Cuerpos sin sombra. Ahí, como también
en el cuento del Mono Jorge, es posible vislumbrar un planteamiento
de factores potencialmente desintegradores. Si lo que se construye
es una imagen del "ellos" y no una realidad del ellos,
es posible que más monos Jorge se desaten; si lo que enmascara
la integración colectiva es en realidad una sed de venganza,
entonces habría allí un punto de fuga, una posibilidad
de desintegración; incluso un potencial de abyección
que surgiría precisamente cuando a cada quien le de por actuar
solo.
Actitudes
ante la muerte
El cuento que mejor relata las actitudes ante la muerte es el de
Culebrín, en el que la queja se traduce en un "nos cambiaron
la muerte natural por la muerte afusilada". En este caso, el
mercenario actuará como el "pájaro" en las
crónicas de la violencia de los años cincuenta. En
el cuento La cabeza, se expone también una actitud de sevicia,
cuando los Chulos le muestran la cabeza de su marido a la protagonista.
Pero la muerte puede ser a también un simple dato, una estadística
que necesita ser oficializada, como en le cuento Domingo de Difuntos,
o una consecuencia del mal vivir como en La agonía del diablo
sargento, o un deseo nunca satisfecho, como en el caso de Las muertes
de Tirofijo, donde la muerte de Don Manuel es también siempre
un renacimiento.
Relación
autor-personaje
Afirmábamos que el procedimiento narrativo empleado por Alape
transparentaba mejor la mentalidad que la estrategia de Alvarez
en Cóndores, precisamente porque la traslación del
lenguaje oral expresa en forma directa esta mentalidad. Pero la
otra estrategia, la estructuración dialéctica de los
cuentos, deja ver la ideología con la que Alape integra la
realidad, es decir le da sentido. En este caso, los personajes y
su lenguaje y su mentalidad son significativos solo en la medida
en que el autor los inserta en su estructura ideológica.
Sólo así, recuperada su dialéctica, los hechos
y los personajes que actúan entra en el circuito de sentido
del autor. Es decir, que no basta con la recuperación directa
de los hechos y del lenguaje, sino que se hace necesaria la intervención
del autor, de su visión de mundo para que se alcance una
significación.
El
lenguaje
Hemos insistido en la recuperación del lenguaje directo.
La estrategia de Alape es valiosa en la medida en que el lenguaje
utilizado es el de los protagonistas, de modo que la expresión
de su mentalidad -una mentalidad inmersa en el conflicto- surge
desde la misma expresión de ese conflicto. El conflicto se
nombra con un lenguaje especial: los chulos, los comuneros, los
collarejos, las camisa azul, los camisa rojo, ellos; lenguaje que
sobrevive y envuelve toda la realidad de esa lucha. Es por la lucha
que se nombra el mundo; el sociolecto de los campesinos les permite
integrar una identidad cultural que se hereda, pero que, a su vez,
genera visones estrechas del mundo, como es evidente en el cuento
del mono Jorge, en el cual lo que se le cuenta al mono es lo único
que conoce el muchacho, pero cuando enfrenta la realidad lo primero
que hace es cambiarse el nombre y (de ahí en adelante) cambiarle
el nombre a lo demás. Así el lenguaje muestra su relatividad:
de un lado genera identidad cultural, deviene sociolecto; de otro,
estrecha la realidad misma a confines que pueden resultar
peligrosos para la supervivencia misma del grupo. Pero en ambos
casos, está presente en forma directa, fresca, dispuesto
para que el lector saque sus propias conclusiones, extraiga de allí
la mentalidad de sus protagonistas; como antes en la estrategia
de la dialéctica que también le da esa libertad al
lector de hallar en la contradicción una realidad no definida
de antemano.
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