Conclusiones  

Ha llegado la hora de mirar atrás. Una cosa me sorprende: el largo y, por momentos, tortuoso camino que hemos construido. Y pensar que he tenido que extenderme tanto y por tantos vericuetos simplemente para ofrecer una respuesta a esa inquietud original, suscitada por la conferencia de Samperio (me gustaría saber ahora qué diría el propio Samperio de este trabajo; aunque confieso cierto pudor de sólo imaginarme frente a él, presentándoselo).

El trabajo ha servido en lo personal para varias cosas. Una primera para hilvanar algunas ideas y algunos trabajos en torno a la posmodernidad que había emprendido antes, en forma más bien dispersa. Otra, para reconocer, una vez más, la imposibilidad de cerrar el circuito de lectura que exige cualquier labor de investigación: siempre quedan cosas por incluir, siempre quedan referencias por fuera; los amigos (no lo hacen guiados por la maldad o la perversión, lo sé), me hablan de publicaciones recientes que tratan el mismo tema o de nuevas referencias que pudieran ser útiles. Siempre hay alguien que sabe un poco más del tema o del aparte que ha leído. Una más: el trabajo me ha servido para afirmar, pero también para negar, algunas de las intuiciones que, en relación con mi propia escritura creativa, había poseído hasta hace unos pocos meses. Espero que, finalmente, el trabajo me otorgue el impulso necesario y el sentido para seguir escribiendo. Pero para confirmar la validez de esta última consecuencia habrá que esperar todavía algún tiempo.

Una primera impresión que me queda es la de haberme enfrentado con una amplia convergencia del pensamiento contemporáneo que, si bien puede apreciarse como el esfuerzo por dar cuenta de los fenómenos culturales de hoy, dista mucho de ser un conjunto homogéneo y de producir campos unificados de comprensión. Esa divergencia en la convergencia responde, supongo yo, a la situación fluctuante e inestable del momento actual que vivimos, tensionado por la transición. Así es como, por ejemplo, se puede observar lo que sucede en la institución literaria, donde fluyen hoy tantas posiciones y tantos conflictos: de un lado, los literatos romántico-modernistas, de corte tradicionalista y ludista; de otro, los que podíamos llamar críticos radicales, quienes su vez se reparten en varios espacios: el de la teoría crítica neomarxista, los posestructuralistas, los posmodernos y los que adhieren a un retorno del barroco (sólo para mencionar parte de la fauna). Cada uno con su historia a cuestas, cada uno con su credo, cada uno con su interés y su lucha. Difícil así, posicionarse; difícil, también, ofrecer lo que pide Iris Zavala: una responsividad (y quizás, entonces, la indecisión y la ambigüedad puedan convertirse en otra posición válida; pero justificar algo así, merecería trabajo para otra investigación). Lo cierto es que en esa compleja labor de construcción de un sentido y de una realidad concomitante que hoy emprenden los intelectuales, se evidencia la magnitud de los cambios a que nos estamos viendo abocados. Siento que el periodo que habitamos está tensionado, y que no es fácil ubicarse, que las cosas podrían tirar tanto para un lado como para el otro, y que, en medio de todo ese mare magnum, optar es una tarea intrincada, aunque, no por eso, eximible.

Cualquier cosa podría servir de pretexto para examinar esa situación de tensión y conflicto en la literatura de hoy. Kernan lo ha hecho: míresele por donde se le mire, la literatura, en su versión romántico-modernista, está en vías de extinción. Ahora, haber seleccionado al hipertexto como objeto de observación ha resultado muy útil y enriquecedor. La discusión sobre el hipertexto se presta magníficamente como observatorio de actitudes, gestos, resistencias y discursos; pero también como vehículo de persistencias, sueños, batallas, mentiras, falsificaciones, proyectos. Constituye un verdadero acontecimiento y por lo tanto una referencia insoslayable para la observación de esa lucha por el signo que caracteriza las discusiones literarias contemporáneas. El debate sobre la pertinencia del hipertexto en literatura posee todas las condiciones para convertirse en ese observatorio privilegiado de la arena ideológica: su presencia constituye un hecho prácticamente inesperado, irrumpe con la fuerza del acontecimiento y despliega una variedad de reacciones bien interesantes. Pero además obliga a miradas de larga duración y a la conexión con fenómenos contemporáneos. 

Es decir, constituye una magnífica excusa para aportar a lo que Chartier y otros historiadores de las mentalidades llaman la historia intelectual.

Pudimos por eso hacer un extenso inventario de posiciones frente al hipertexto: desde las más atrevidas hasta las más moderadas, desde las conservadoras y resistentes, hasta las optimistas y empujadoras, pasando por las posiciones pedagógicas y las que intentan suavizar el fenómeno. Toda esa gama de la discusión mostró, sobre todo, que respuestas irrebatibles frente al futuro del hipertexto no hay; que es muy posible que su presencia sea efímera o larga, dependiendo de la “corriente” que logre imponerse; que las respuestas son difíciles, sometidas a la tensión de los tiempos, que por más que se quisiera no es posible afirmar el hipertexto como la forma deseable del signo en formación.

Pero lo que sí permitió ese recuento fue la comprobación de que existe un interés innegable por el objeto; lo que de por sí configura ya una situación nueva en la institución literaria: una especie de disposición al debate sobre la relación tecnología/literatura que sólo puede ser explicada por una disposición más general a valorar y reflexionar la cuestión del cambio tecnológico. Esta nueva disposición incluye tareas tales como la investigación de cambios anteriores en la tecnología de la escritura, la develación del carácter ideológico, y por lo tanto transitorio, de ciertas nociones de literatura; las posibles necesidades de reacomodo y adaptación de la práctica institucional literaria. Es decir, un consenso acerca de  la necesidad de reflexión que tiene, gracias al reconocimiento de las “lecciones de la historia”, la mejor oportunidad para salir de lo que Kernan anuncia como el retraso cultural de la institución literaria, y que ya no puede seguir promoviéndose. Pareciera ser necesario pensar en una literatura acorde con los tiempos; pero para hacer alguna propuesta válida acerca de la forma que debe adquirir esa supuesta nueva literatura se hace necesario reconocer primero nuestros tiempos, y estos no pueden ser descritos sino en función de miradas de larga duración como las que se intentaron aquí: en primer lugar la historia de la escritura y de la lectura; en segundo lugar la de los soportes de esas prácticas culturales. Pero también resultó muy útil la historia de los debates mismos: el de modernidad/posmodernidad, el de barroco/clásico, el de "Anarco versus Hierarco", y, más recientemente, el debate entre conocimiento derivado de la palabra y conocimiento derivado de la imagen.

Al utilizar discursos adyacentes al del hipertexto, como el posmoderno y el neobarroco, pudimos apreciar una cosa interesante: que como intentos por ofrecer sistemas de explicación de la problemática de la modernidad, ambos nos ayudan a comprender tanto al hipertexto como objeto cultural, como las discusiones en torno a su pertinencia.

Así, por ejemplo, la discusión sobre el hipertexto puede inscribirse en la dinámica de las distintas escrituras de la posmodernidad: la escritura de la resistencia, la escritura de la esperanza, la escritura del saber o de la crisis. Algunas posiciones pueden ser situadas dentro de la resistencia a la modernidad, algunas otras cuadran mejor dentro de un marco de la crisis y otras reflejan extraordinariamente sus planteamientos si se las ubica en el marco de le esperanza por un mundo mejor. Pero el hipertexto puede ser apreciado también como objeto posmoderno: en relación con las reconfiguraciones propuestas por Landow para describir las propiedades y potencias del hipertexto, éste termina ofreciendo varias de las características del arte posmoderno: promoción de la participación del lector (doble productividad), dispersión de la autoría y de la performatividad del texto, descentración, totalidad no decidida, despreocupación por la forma. Así es como resulta posible afirmar que al abrir el texto a la participación efectiva del lector, al confinar la performatividad a sus límites y al extender las posibilidades narrativas, el hipertexto de ficción puede llegar a ser considerado como un objeto de arte posmoderno. Un objeto que, potenciado, podría garantizar la extensión de las dimensiones políticas e ideológicas de una estética posmoderna.

El discurso neobarroco, por su lado, me ofreció perspectivas bien importantes. En primer lugar, la posibilidad de incluir el hipertexto dentro de los objetos de comunicación que Calabrese estudia en su trabajo, ya sea porque participa de las figuras y morfologías neobarrocas, ya porque es posible revalorarlo según una lógica de los tiempos que  admite como ambiente propicio un sistema social desequilibrado y embestido, desde varios frentes, por fuerzas endógenas.

En segundo lugar me permitió comprender mejor cómo se pueden tensionar las posiciones frente a la pertinencia del hipertexto en dos campos bien delimitados: el clásico y el barroco. Así, las posiciones resistentes corresponden al sistema de homologaciones del sistema clásico (cerrado y centrado), mientras que las posiciones “promocionales” se ubican mejor del lado del “sistema” barroco (a-centrado o incluso abierto).  Ese discurso promocional estaría, desde esta perspectiva, asumiendo valores barrocos, esto es, aceptando como positiva la distorsión del sistema clásico y pervirtiendo sus morfologías; demandando un fin de las prescripciones clásicas y la apertura al juego, la disipación  y la imprecisión. Invitando, pues a la fiesta neobarroca.

Como estéticas contrapuestas a las estéticas modernas de la totalidad y la originalidad, las estéticas barrocas, se acomodan muy bien a una valoración/descripción del hipertexto. De un lado, el hipertexto diluye la noción de originalidad y promueve a cambio la fruición y la repetición. De otro, afecta y es afectado tanto en la fuente creativa como en la recepción, al reconfigurar la tarea de creación en diseño de estructuras y al proponer más que una lectura un juego como condición de su recepción. El desorden, como en muchos objetos barrocos, deviene valioso y aunque no se niega la ambigüedad como valor, sí se establece una lógica de reciclajes y permutaciones propio de las morfologías barrocas. Al promover  una lectura activa, el hipertexto está permitiendo, así mismo, la disipación de las estructuras clásicas, y al participar de la distorsión del sistema social, ofrece perspectivas creativas inéditas.

Ahora, el hipertexto puede ser también considerado como una manifestación de la matriz cultural de la rebeldía, como una invitación a la fiesta de la escritura. En todo caso, una apreciación de su constitución festiva resulta compleja. Hay que acudir a su relación con el carnaval o a su relación con el imaginario colectivo de la esperanza. En este último caso, resulta difícil ubicarlo en alguna de sus concreciones específicas: ¿mesianismo, posesión o utopía? Pareciera que la mejor manera de describirlo sería como un híbrido de esta partición ternaria. Primero, porque el hipertexto se exhibe como posibilidad de libertad e igualdad. 

Recordemos que, a lo largo del trabajo se insiste mucho en que el hipertexto le otorga libertad al lector y “equipara” su potencia creativa con la del escritor. Esta posibilidad de ser, por fin, todos creadores, puede apreciarse como nostalgia de un deseo nunca cumplido, y, a la vez, como instauración del ya propio de la posesión. De otro lado, el discurso promocional del hipertexto acude al mito de la técnica, por el cual, como nunca antes, se adquiere una vía segura para el alcance de esa libertad deseada. También, en la promoción del hipertexto, se da cuenta de profetas. Finalmente, aquéllas actitudes que fomentan la exploración de la nueva herramienta y acciones para su institucionalización (búsqueda de lenguajes, estrategias de circulación específicas, etc.), estarían jugando, según esta lógica, a la construcción de la “ciudad ideal” del hipertexto.

Como manifestación carnavalesca, el hipertexto participa sobre todo de la actitud de deconstrucción de las jerarquías, propia del carnaval. De otro Lado, es posible, también, comprender el propósito de la novela hipertextual de superar esa "incapacidad" estructural que le impidió a la novela tradicional liberarse de su dependencia del sujeto del discurso, como una recuperación de orígenes carnavalescos: en  la práctica hipertextual no sólo resulta posible, sino necesario invertir el orden jerárquico de la expresión, vencer la separación entre escritor y lector y remplazar esa distancia artificiosa por un contacto libre, espontáneo, por un nuevo modo de relación, y también abrirse a lo que normalmente está prohibido o impedido por la expresión tradicional, basada en la forma libro. El hipertexto, en ese sentido, aproxima, reúne, democratiza; destrona la dimensión monológica y se abre a una dialogía ya no tanto representada, como real, extendida y viable. Además, el hipertexto, en la medida en que su lugar de desarrollo y dinámica es la red electrónica, garantiza también ese lugar publico y abierto propio del carnaval, con lo que aproxima su propia práctica a lo popular y familiar.

Pero el hipertexto también puede ser apreciado como una reconexión con ciertas tradiciones de rebeldía, como la Tradición Underground, que reivindica el derecho a la marginalidad frente a los sistemas autoritarios y logocéntricos y que promueve acciones como la comuna y la ruptura.  Por su rechazo a lo institucional, a la idea de sistema, por el clima de libertad absoluta que patrocina, por el pentecostés permanente que promueve, el hipertexto bien puede ser valorado como un objeto de arte anarquista. Las facilidades del hipertexto podrían ser apreciadas como una especie de lógica extendida del happening: de un lado, su natural apertura favorece los actos de libertad consciente, de otro, su forma “red” permite el establecimiento de relaciones inagotables y, finalmente, la elaboración de una forma no está forzada por ninguna prescripción. Pero, además, sus propiedades reivindican la generación del pensamiento no lineal (asociado a la creatividad), y la suspensión de un pensamiento jerárquico, lineal y logocéntrico, en favor de un proceder no lineal y nómada. Todo esto hace que el hipertexto pueda proclamar un poder democratizador de la escritura.

Pero en realidad todas estas situaciones no son, por ahora, más que esperanzas y sueños a los que les esperan muchos obstáculos para vencer. Uno fundamental es poder demostrar que en realidad se promueve y fomenta un modo de conocer, no sólo más eficaz y más “natural”, sino más humano, y que puede llegar a garantizar una autonomía frente a las estrategias de manipulación y publicidad a las que han estado ligadas otras concreciones del poder de las nuevas tecnologías de la imagen, como la televisión y la información generalizada.

En ese sentido, se comprende que una de las tareas urgentes de los intelectuales que han decidido prestar atención al fenómeno hipertextual consista en denunciar cualquier intento de oportunismo y en demandar la participación en las dinámicas de construcción de las nuevas reglas de juego.

No porque su práctica sea defectuosa ahora, y evidencie contradicciones y hasta genere profundas segregaciones, podemos dejar en manos del interés privado el futuro de una herramienta que, si bien no se encuentra a punto todavía, ha demostrado el poder de convocación y de uso que otros artefactos no habían mostrado en años. Su aplicación y también la lógica de su “sistema de pensamiento” pueden ser aprovechados para acercar los viejos sueños a nuevas realidades; pero también podrían degenerar en aparatos de manipulación y degradación de la conciencia y el ser humanos, tal como ha sucedido (y creo que se ha demostrado ya con suficiente fuerza) en ámbitos como la televisión.

No podemos cometer los mismos errores de antes. Hoy más que nunca hay que estar atentos a los nuevos desarrollos de esta poderosa herramienta de escritura. Será necesario perder ese miedo a la tecnología que el retraso cultural en que ha vivido la institución literaria ha ocasionado. Será necesario desarrollar una observación capaz de realizar una labor participante que permita ofrecer conclusiones arraigadas menos en una resistencia ciega que en una crítica realmente comprometida.

© Jaime Alejandro Rodríguez
Hipertexto y literatura - Foro abierto