Luz Mary Giraldo
Editado por: Convenio Andrés Bello. Bogotá. 2001 Págs.288
Este
nuevo ensayo investigativo de Luz Mary Giraldo no sólo amplía
sus preocupaciones académico - críticas alrededor
de la narrativa colombiana de la segunda mitad del siglo XX1, sino
que se constituye en otra manera de pensar la historia literaria
del país en relación con los imaginarios generados
en nuestras ciudades. En efecto, el capítulo V (119-142)
de su trabajo anterior, Narrativa Colombiana: Búsqueda
de un nuevo canon 1975 - 1995, describe una tipología
general para interpretar dos polaridades entre las cuales se despliega
buena parte de la narrativa colombiana contemporánea: "La
ciudad arcadia", modélica y letrada y la "ciudad en crisis"
de nuestros días con sus problemáticas sociales, sus
trayectos laberínticos y sus representaciones multiplicadas
en espejos paródicos. No es casual que el proyecto generador
de Ciudades Escritas haya obtenido Beca de investigación
en los Premios Nacionales de Cultura del respectivo Ministerio en
1998; también es significativo que este trabajo haya obtenido
mención de honor en el Concurso de Pensamiento Latinoamericano,
auspiciado por el Convenio Andrés Bello en el año
2000. Para establecer una tipología de la representación
de ciudades en la narrativa colombiana del siglo XX, Luz Mary Giraldo
referencia cien años de historia (de De sobremesa de
José Asunción Silva, 1896, hasta Romanza para Murciélagos,
1999, de Germán Espinosa), para lo cual referencia alrededor
de veinte libros de relatos y cuarenta novelas, centrándose
de manera analítica en determinados textos cuando la argumentación
lo requiere. Su estrategia crítica se basa en una hermenéutica
textual atenta a diferentes niveles de configuración literaria,
los cuales se potencian luego a partir de un cruce de categorías
interpretativas provenientes de distintas fuentes disciplinarias
e interdisciplinarias: sociología urbana (José Luis
Romero, Alan Gilbert), historia de las mentalidades (Giuseppe Zarone),
estudios urbanísticos (Alberto Saldarriaga, Juan Carlos Pérgolis,
Rogelio Salmona), poéticas del espacio (Gastón Bachelard,
Fernand Cruz Kronfly), configuraciones socio - históricas
de ciudades (Angel Rama, Fabio Botero, Edgar Vásquez), antropología
social (Marc Augé, Joseph Isaac) e imaginarios urbanos (Armando
Silva). Situada en este cruce de miradas sobre la ciudad, Luz Mary
Giraldo opera sobre los textos objeto de estudio a través
de un ejercicio meticuloso de comparativismo literario en diversos
grados: analogías entre autores, textos, episodios, personajes
o visiones de mundo, todo lo cual permite reubicar producciones
narrativas en el tejido de la cultura, establecer diálogo
entre ellas, percibir razones comunes y profundizar diferencias.
De esta manera, demuestra que la narrativa problematiza los accesos
que en Colombia se han tenido a distintas versiones de la Modernidad
y de la modernización socioeconómica, en relación
con la construcción misma de espacios de mentalidad urbana
y de vivencia citadina. En este sentido, las ciudades narrativizadas
representan el desarrollo fracturado de una ideología y de
una manera de ser, y a la vez son representaciones de búsquedas
individuales y sociales, de espacialidades conflictivas y de procesos
históricos irresueltos. Incluso, muchas figuraciones literarias
de los espacios urbanos estudiados por la autora se ubican entre
lo que es y lo que hubiera podido ser, entre un pasado cancelado
y la incertidumbre de un presente, entre éste y las oscuras
posibilidades del futuro; en fin, entre el homenaje y la parodia,
la sacralidad y la degradación, la utopía y el vacío. La estructura tripartita del libro con su tejido de
épocas, textos y categorías analíticas conforma
un nuevo fresco de la narrativa colombiana del siglo XX, en el cual
se representan ideologías, conflictos, mentalidades, procesos
de urbanización, dinámicas históricas, en fin,
construcciones espaciales que evidencian aristas no conocidas de
la realidad y de la cultura. En efecto, la primera parte, "La ciudad
arcadia", evidencia los significados de un modelo funcional "letrado"
o "hidalgo", cuya ideología pretende prolongar en América
la estructura monolítica de la metrópoli española;
este prototipo origina distintas versiones literarias, desde la
arcadia usurpada ("Cien años de soledad" de García
Márquez) hasta la ciudad perdida del mundo prehispánico
en medio de la dominación ("El Gran Jaguar" de Bernardo Valderrama
Andrade). A su vez, la arcadia "es también el idilio con
culturas ajenas, aprendidas, impuestas o deseadas" (20), representación
que obedece a diversos móviles en los inicios de la modernidad
colombiana, tal es el caso de la "Sala" como emblema del mundo cosmopolita
y de la urbe culta más allá del provincialismo bogotano
("De sobremesa" de José Asunción Silva). Desde esta
perspectiva es posible vincular narradores y novelas de fines del
siglo XX ("Prytaneum" y "Una lección de abismo" de Ricardo
Cano Gaviria, "El Bulevar de los héroes" y "El Viaje Triunfal"
de Eduardo García Aguilar). El modelo de ciudad arcadia también es motivo
de denuncia crítica de deformaciones, simulacros o desórdenes
sociales que su persistencia ha generado ("Los Elegidos" de Alfonso
López Michelsen, "Travesías de un diletante" de Francisco
Sánchez Jiménez). Así mismo, se da el caso
de la arcadia degradada, cuyos símbolos destruidos significan
la corrupción y la caída de la "Atenas Suramericana"
("El Caballero de la invida" de R.H. Moreno Durán"). Incluso,
desde la segunda década del siglo XX la narrativa de José
A. Osorio Lizarazo ya representaba una arcadia conflictiva, donde
se hace trizas el ideal del progreso y la utopía de ciudad
feliz se trueca en "lugar para los infelices" (51). Y en la década
de los noventa, una novela como "La otra selva" de Boris Salazar
sustituye la visión aterradora de ésta por otra "selva"
construida por el hombre, más impredecible y de crecimiento
desmesurado frente al empequeñecimiento continuo de sus habitantes.
Precisamente, cuando la ciudad se escinde social y espacialmente,
los héroes se transforman en tipos sociales que enfrentan
con dificultad un nuevo código de valores (algunos cuentos
y las novelas "Los parientes de Ester" y "Compañeros de viaje"
de Luis Fayad). En otros casos, la arcadia se desdobla o se multiplica
como ausencia, mediación de desarraigo o vivencia íntima
("Transplante en Nueva York" y "Cárcel por amor" de Alvaro
Pineda Botero, "Metropolitanas" de R.H. Moreno Durán y "La
ciudad interior" de Fredy Tellez). En la segunda parte "Ciudades históricas -
De regreso al pasado", Luz Mary Giraldo, además de valorar
la incursión que Bernardo Valderrama Andrade hace de ciudades
congeladas en tiempos míticos amenazados por acontecimientos
próximos a irrumpir ("Tairanoca" y " La ciudad perdida".
Buriticá 200"), se aproxima a un corpus narrativo que recrea
épocas determinadas de la historia en relación con
el desarrollo de nuestras ciudades coloniales y decimonónicas.
La ciudad colonial, ubicada entre la hidalguía y el nacimiento
de la criollidad, está representada en dos textos narrativos
analizados en detalle a través de la imagen del cuerpo -
ciudad violados: "Los pecados de Inés de Hinojosa" de Próspero
Morales Pradilla y "La Tejedora de Coronas" de Germán Espinosa.
Luego, el trabajo accede al tipo de "ciudad patricia", entre fines
del siglo XVIII y mediados del XIX, la cual contribuye problemáticamente
a la formación de la nacionalidad con la consecuente emergencia
de ideologías burguesas de corte liberal ("Los ojos del basilisco"
de Germán Espinosa). La tercera parte, "Ciudades contemporáneas.
El presente, el pasado, el futuro", es quizá el tejido crítico
más complejo del libro, y a la vez el más lúcido,
tanto por la confluencia cruzada de categorías analíticas,
como por el amplio corpus de textos referenciados o estudiados.
En esta ocasión, la autora se ubica en una perspectiva cercana
a una ontología y a una fenomenología de la ciudad
para percibir su emergencia catastrófica en los tiempos contemporáneos.
Para ello se vale de dos figuras fundamentales en la representación
de los nuevos espacios urbanos: el "sonámbulo" y "el extranjero"
moviéndose en un escenario problematizado, "el tráfico",
todo lo cual evidencia que en la narrativa colombiana del siglo
XX se representan de manera superpuesta ciudades fragmentarias o
dispersas, confluyen diversidad de memorias culturales y se confrontan
experiencias de todo tipo. Surgen así sociedades anómalas,
en muchos casos masificadas, escindidas o inestables. Se explica
entonces que los imaginarios narrativos recreen o funden ciudades
correspondientes a tiempos reales o ficticios, con referencia a
pasados inmediatos o mediatos, a presentes que a su vez se transforman
en pretérito y a futuros generados desde las incertidumbres
del hoy. Las representaciones narrativas se multiplican y desplazan: Papel de los inmigrantes en la conformación
de la ciudad colombiana; unos pretenden ascender socialmente enfrentando
toda clase de obstáculos ("El Rumor del astracán"
de Azriel Bibliowicz) o se aislan en territorialidades con pretensiones
de exclusividad ("La otra raya del tigre" de Pedro Gómez
Valderrama, "El jardín de las Weisman" de Jorge Eliécer
Pardo). A su vez los motivos del exilio, la exclusión, la
incertidumbre o la crisis de identidad del inmigrante, desencadenan
nuevas significaciones en la configuración de las ciudades
colombianas (los cuentos de "Gentes en la Noria" de Salomón
Brainski, las novelas "Los Elegidos" de Alfonso López Michelsen
y "Deborah Kruel" de Ramón Illán Bacca). El transeúnte urbano es otra
manera de reconocer la piel cambiante de la ciudad en sus versiones
de viajero, visitante, descubridor o habitante conflictivo (referencias
e ilustraciones en textos de Luis Fayad, Plinio Apuleyo Mendoza,
Nicolás Suescún, Fanny Buitrago, Helena Arango, Consuelo
Triviño, Laura Restrepo, Antonio Caballero, Roberto Burgos
Cantor). A su vez, con gestos de escepticismo crítico, sobresalen
creaciones narrativas recientes de Pedro Badrán o Manuel
Hernández y articuladas con el modelo de novela negra, son
ilustrativas de nuevos imaginarios urbanos, las novelas de Mario
Mendoza, Santiago Gamboa y "La Tragedia de Belinde Elsner" de Germán
Espinosa. En relación con las múltiples violencias
que vive el país, son emblemáticas las experiencias
urbanas representadas en "La Virgen de los sicarios" de Fernando
Vallejo y en "Rosario Tijeras" de Jorge Franco. La experiencia de la música
y la vivencia de la noche son dispositivos privilegiados
en la representación de la ciudad contemporánea en
relación con marginalidades, resistencias o transgresiones
en medio de la aguda crisis axiológica y de sentido ("Que
viva la música" de Andrés Caicedo, "Conciertos del
desconcierto" de Manuel Giraldo Magil, "Opio en las Nubes" de Rafael
Chaparro Madiedo, "Nada importa" de Alvaro Robledo). Entre visiones
apocalípticas y salidas esperanzadoras, se despliegan representaciones
urbanas mediadas por la música popular - boleros, tangos,
etc.- (cuentos de Fernando Kronfly, cuentos y novelas de Darío
Ruíz Gómez y de Oscar Collazos o novelas de Manuel
Mejía Vallejo y Juan José Hoyos), o por la música
culta ("Metratón" de Philip Potdevín y "Romanza para
murciélagos" de Germán Espinosa). Incluso la conformación
y vivencia de la calle en las ciudades de hoy se transforman en
motivo literario generador de visiones de marginalidad urbana ("La
calle ajena" de Flor Romero, "Para que se prolonguen tus días"
de Selnich Vivas y "Prohibido salir a la calle" de Consuelo Triviño). El libro se cierra estableciendo una tipología
de la ciudad colombiana narrativizada a través de estructuras
paródicas o de risa, que en todos los casos logran
desnudar las verdades del poder, cuestionar la solemnidad de la
cultura o resquebrajar una herencia simbólica inadecuada
y anacrónica. Bajo esta mirada que refleja la ciudad en "el
espejo ridículo" (198), el libro se detiene en autores y
obras recientes: Fanny Buitrago ridiculiza a Bogotá y a Barranquilla
con el objeto de desenmascarar falsas posturas sociales y culturales
("Líbranos de todo mal", "Los amores de Afrodita" y "Señora
de la Miel"); Marvel Moreno denuncia irónicamente los vicios
del patriarcalismo prolongados en la sociedad barranquillera, donde
constata la caída del mito de los comienzos y la fuerza arrasadora
de un presente cada vez más fugaz ("Algo tan feo en la vida
de una señora bien", "En diciembre llegaban las brisas").
Rodrigo Parra Sandoval parodia el proceso mismo de la escritura
para presentar el revés de la cultura urbana y desolemniza
las estructuras simbólicas, educativas y sociales de Cali
y del país ("El Álbum secreto del Sagrado Corazón",
"Tarzán y el filósofo desnudo"); R.H. Moreno Durán
vuelve objeto de risa la cultura de salón en tanto metáfora
deformante del cuerpo femenino y de la sociedad bogotana, para denunciar
la impostura, las componendas y las farsas del poder que se generan
al interior de la sociedad capitalina excluyente e hipócrita
(La trilogía de novelas "Femina Suite"). Las denominadas "conclusiones provisionales" dejan
ver que la ciudad colombiana del pasado, del presente y del futuro,
más allá de consideraciones geográficas o demográficas,
es un escenario de lenguajes, de evocaciones, de pesadillas, y al
mismo tiempo un estado de ánimo, una vivencia interior, un
tejido de experiencias conflictivas que se construye de manera incesante;
la literatura, particularmente las formas narrativas, son mediaciones
privilegiadas de las mentalidades urbanas al representar imaginarios
que en algunos casos inscriben ideologías, congelan espacios
ideales o alegorizan conflictos no resueltos; en otros, desacralizan
instituciones, denuncian dolorosos procesos históricos, revisitan
el pasado o prefiguran el porvenir. Cristo Rafael Figueroa Sanchez
Director Maestría en Literatura
Facultad de Ciencias Sociales.
Pontificia Universidad Javeriana
Se ha digitado el tercer capítulo del libro |