| Aunque ya incluye novelas del siglo XX, el libro de Antonio Curcio
Altamar: Evolución de la novela en Colombia (Bogotá: Instituto colombiano
de cultura, 1955), propone básicamente una revisión de la novelística
colombiana en dos momentos, reflejados en las correspondientes partes
del trabajo: la época colonial (primera parte) y el siglo XIX (segunda
parte). El autor maneja implícitamente tres premisas que permiten
apreciar la base ideológica del estudio: lo mejor de la literatura
colombiana se da en su época colonial, la novela es un género menor
y la novela contemporánea no existe como categoría. En la primera parte, Curcio Altamar plantea la pregunta sobre la
cuestión de la ausencia de novela en el Nuevo Reino de Granada,
ofrece en seguida un análisis de los elementos novelescos en el
Poema de Juan de Castellanos y glosa finalmente algunos ejemplos
de lo que él llama "literatura de entretenimiento" (para una mayor
apreciación de la llamada época colonial, puede
consultarse la parte correspondiente del Manual de Novela colombiana
). En la segunda parte, asumiendo categorías europeas tradicionales,
ofrece un panorama de la novelística colombiana del siglo XIX: la
novela historico-romántica, dentro de la cual destaca la novela
del indio; la novela post-romántica, de la cual deriva una categoría
para incluir de manera relevante María: la novela poemática; la
novela costumbrista, la novela realista y la novela modernista (ampliación
de estas categorías y revisión de su corpus pueden ser consultados
en la parte correspondiente del Manual
de Novela colombiana). Las dos últimas categorías del libro corresponden a novelas del
siglo XX: la novela terrígena, establecida por Curcio Altamar para
incluir de manera destacada La vorágine, y la novela contemporánea,
en la que reseña novelas posteriores a La Vorágine, hasta el año
1953.
En la noticia "bio-bibliográfica" del libro, se ofrece una síntesis
del estudio que guía al lector. Se ofrece, como facilidad, una versión
digital de los apartes más significativos. Podría afirmarse, siguiendo a Eagleton, que el modelo de Curcio
Altamar basa su legitimidad en una supuesta "objetividad" filológica
y estilística y se convierte por eso, a la luz de los años, en una
muestra de lo que el mismo Eagleton ha llamado "guardián del discurso",
es decir, una muestra de estrategias ideológicas que impiden o excluyen
visiones más o menos alternativas de la producción literaria y que
veremos desarrolladas en otros modelos histotiográficos. |