| Piotrowsky
en su libro: La realidad nacional en su narrativa contemporánea
(aspectos antropológico-culturales e históricos) (Bogotá: Instituto
Caro y Cuervo, 1988), propone básicamente una manera de estructurar
las relaciones entre realidad y mundo de la obra literaria, y de
percibir así su valor literario. El autor parte de la afirmación
de que ya no es válido el uso del término: literatura hispanoamericana
y prefiere por eso hablar de literaturas nacionales hispanoamericanas,
en la medida en que cada país tiene un proceso propio de constitución
de su literatura, pese a una matriz común; proceso que conduce a
que cada literatura contenga su matiz individual. Según Piotrowsky,
hay literatura nacional cuando se encuentran correlaciones entre
la realidad histórica y la realidad novelesca. La tarea de la historia
literaria es la de desentrañar las relaciones entre la ficción y
la realidad, esto es, las relaciones entre realidad representada
y realidad histórica o, lo que es lo mismo, la relación entre el
objeto literario y la realidad representada, mediante un acercamiento
a la composición del mundo creado, al sistema de motivaciones del
autor y otras a funciones de reciprocidad que resulten pertinentes. La obra es, pues, una expresión de la situación histórico-cultural,
producto de una conciencia social y performación de una visión ideológica.
Esa expresión tiene manifestaciones en el tratamiento del tiempo
y del espacio, así como en el lenguaje propio de la obra, asuntos
a los que el crítico debe atender si quiere dar cuenta de las correspondencias
entre literatura y realidad. En el plano de la evolución de esas manifestaciones, Piotrowsky
propone estar atento a la manera como la literatura va dando cuenta
de la modificación del plan de las ideologías que también podríamos
llamar nacionales. En el caso de Colombia, esto se manifiesta en
la medida en que su literatura se desprende de las categorías comunes
al movimiento literario universal en general e hispanoamericano
en particular y más allá de la secuencia: costumbrismo - modernismo
- criollismo, crea su propia estructura genérica. Algo que evidentemente,
según el autor, se empieza a dar en Colombia a partir de los años
20, cuando se da entrada a la modernidad, esto es, a la industrialización
y al urbanismo, lo que trae como consecuencia una preocupación social
de los autores. Esta preocupación social va evolucionando y configurando
una estructura de los géneros literarios bien particular. Así en Colombia se podrían destacar tres momentos que permiten
visualizar el proceso de formación de una literatura nacional: el
momento de la novela costumbrista - criollista, en el que se aún
se presta atención a lo regional, pero se indaga por la raíces sincréticas
culturales del país. La obra representativa de este momento es la
Marquesa de Yolombó (1926) de Tomás Carrasquilla, novela que, bajo
el influjo ideológico de la república conservadora, relata las últimas
décadas de la Colonia. La obra de Carrasquilla propende por la necesidad
de mantener la tradición española y aunque resulte conservadora
ideológicamente es también una expresión de conciencia social muy
clara. Un segundo momento se da con la novela de tema indígena, del cual
son representativas Toá (1933) de César Uribe Piedrahita y 4 años
a bordo de mí mismo (1934) de Eduardo Zalamea Borda. Ambas novelas,
según Piotrowsky, constituyen una toma de posición teórico-política,
en tanto hacen conciencia de una situación social de marginalidad
y a la vez indagan por "pudo ser" histórico (la cuestión india).
Así, en Toá, se denuncia la explotación cauchera en el contexto
de la Guerra entre Colombia y Perú, durante los años treinta. En
4 años, se ofrece el contraste de dos mundos: el urbano y el indígena. El tercer momento parece definitivo: la novela sobre la violencia.
Piotrowsky se centra en la descripción y análisis de este género,
el cual evoluciona desde una fuerza temática muy grande hasta un
innegable valor artístico. Habría tres momentos de evolución: el
corresponde a la novelística realizada durante el periodo más álgido
de la violencia política (1951-1954), caracterizado por una literatura
de bajo valor artístico más cercana al testimonio o al reportaje
que a la calidad literaria. Hay en estas novelas denuncia, emotividad
pero poca elaboración. Luego, una periodo intermedio entre 1954
y 1958, y finalmente un periodo que iría desde 1958 hasta 1984,
en el que la novelística se hace mucho más elaborada, en el que
la simbología se vuelve compleja, el imaginario se ensancha y el
asunto de la identidad nacional deviene centro ideológico. El énfasis
temático da paso al valor artístico.
Para una mejor comprensión del modelo de Piotrowsky, se han digitado
partes esenciales de su texto: el preámbulo, en
el cual el autor ofrece su marco teórico; el primer capítulo, en el cual se expone el proceso de selección de las
obras; y las conclusiones, que permiten apreciar
el cierre del ensayo.
Así mismo, Piotrowsky hace una valiosa introducción a eso que él
llama "algo de tradición", en la que resume los orígenes de la literatura
colombiana, desde las cartas de Gonzalo Jiménez de Quesada, pasando
por la literatura colonial, algunos autores del siglo XIX y los
movimientos literarios del siglo XX. Se trata de un trabajo muy
completo y valioso que, si bien, al intentar establecer (y tal vez
forzar) el puente entre literatura y realidad, descarta otras posibilidades
de análisis, supera de lejos la mera filología de un Curcio Altamar. |