| El libro de Williams: Novela y Poder en Colombia, (Bogotá:
Tercer Mundo, 1991) presenta una visión panorámica de la novela
colombiana, asumiendo como ejes conceptuales la ideología y la historia,
en un periodo que va desde 1844 hasta 1987. El autor basa su modelo
a partir de tres premisas. La primera: el territorio de Colombia
ha estado compuesto a lo largo de la historia por regiones geográficas
semiautónomas, destacándose cuatro: el altiplano cundiboyacense,
la costa atlántica, Antioquia y Cauca. La segunda: la mayoría de
las novelas ha sido vehículo de diálogo ideológico; esto significa,
siguiendo a Eagleton, que existe un vínculo virtualmente detectable
entre lo que dice la novela y las relaciones de poder del contexto
en que ha sido escrita. Tercera: la cultura colombiana en general
y las culturas regionales del pasado han sido afectadas por lo que
Walter Ong ha llamado "las noéticas de la cultura oral y la cultura
escrita". Así mismo, Williams utiliza, para los análisis en profundidad
de las 17 novelas de su corpus principal, tres bases teóricas: La
tipología del narrador de Genette, la teoría de la novela de Kenan
y el análisis discursivo de Jane Tompkins, según el cual es importante
ir más allá de los criterios de lo clásico o lo genial para valorar
una obra, y abordar, más bien, ciertas conexiones ideológicas entre
estrategias y posibilidades de publicación, efectos de la crítica
e institucionalización de la literatura. (ver la introducción
del libro de Williams). El libro se divide en tres partes: 1. Colombia en su novela: capítulos:
a) Colombia, su historia y sus regiones b) La ideología y la novela
en los siglos XIX y XX en Colombia (enlace a la versión digital
de la introducción de la primera parte). 2) La novela en su región.
Capítulos: a) la tradición del altiplano cundiboyancese b) La tradición
costeña c) La tradición de Antioquia la grande d) La tradición del
Gran Cauca. 3. Después
del regionalismo: La novela moderna y posmoderna (1965 -1987): García
Márquez y Moreno Durán. Williams inicia con un recuento de la fuerte presencia de lo ideológico
en la literatura colombiana, desde la colonia hasta el siglo XX,
en tanto quienes escribían eran militantes y políticos partidistas,
y sus textos estaban ligados a sus luchas ideológicas. El panorama
histórico que presenta comprende el periodo que va de los años 1500
a 1987, y lo organiza en las siguientes etapas: 1. La conquista
y la colonia: (1500-1810). Literatura elitista. Hay contradiscurso
con la llegada del sabio Mutis. 2. La Arcadia Heleno-Católica (1810-1862):
obra representativa: Manuela de Eugenio Díaz (1858). 3. La utopía
liberal (1863-1885): Escritores liberales: Felipe Pérez, Camacho
Roldán y José María Samper. 4. La Atenas Suramericana (1886-1909):
La regeneración: dominio conservador del altiplano cundiboyacense.
Marroquín, Caro y Cuervo. Contradiscurso de la gruta simbólica.
5. La República conservadora (1910-1929). Marco Fidel Suárez, Contradiscurso
político y literario de María Cano, los nuevos. La masacre de las
bananeras. 6. La república liberal: un estado progresista y moderno
(1930-1946). Literatura liberal: Diego Castrillón, José Antonio
Osorio, Uribe Piedrahita, novelas de protesta social. 7. La Colombia
moderna y posregionalista (1947-1987). Violencia y frente nacional:
rechazo al humanismo conservador. La guerrilla. La tradición del altiplano boyacense:
De Manuela a El buen salvaje. La cultura para pocos y políticos.
No se interesan por la escritura de otras regiones. Interés temático
por la escritura. Novelas: Manuela (1858) de Eugenio Díaz. Novela
de conflictos ideológicos. Diana cazadora (1915) de Clímaco Soto
Borda: refleja una crisis personal paralela a la crisis nacional.
La vorágine (1924): El sujeto predominante no es el mundo rural
colombiano, sino un yo de presencia abrumadora dedicado a la escritura.
El buen salvaje (1966) de Eduardo Caballero Calderón: Culminación
del proceso de novela autoconsciente en el altiplano. La tradición costeña: de Yngermina a Cien
años de soledad.
Representa una cultura oral y popular, más abierta a la influencia
externa. Elementos de tres etnias. Novelas: Ingermina (1844) de
Juan José Nieto. Deja de lado la oralidad; es una reelaboración
del tema de la independencia. Cosme (1927) de Félix Fuenmayor: Es
un diálogo epistemológico que se relaciona con las culturas oral
y escrita. La casa grande (1962) y Respirando el verano de Héctor
Rojas Herazo (1962): son dos novelas en las que la oralidad tipifica
la novela como archivo. Técnicas modernas de escritura. Cien años
de soledad (1967) de Gabriel García Márquez: síntesis del ciclo
de Macondo; culminación de la narrativa costeña enraizada en la
cultura popular y oral, y en la corriente de la novela como archivo. La tradición de Antioquia la grande. De
Frutos de mi tierra a El día señalado.
Literatura basada en lo popular, con presencia de sentimiento de
nostalgia, cultura oral y reacción contra la modernidad del siglo
XX. Novelas: Frutos de mi tierra (1896) de Tomás Carrasquilla: Usa
la fórmula burguesa de la novela realista. Tiene raíces en lo coloquial
y en el lenguaje oral. Toá (1933) de César Uribe Piedrahita: La
búsqueda de una identidad auténtica en la selva. Integra el indegenismo
con la cultura oral. Risaralda (1935) de Bernardo Arias Trujillo:
asume el tema de la identidad nacional, apelando a valores regionales.
El día señalado (1964) De Manuel Mejía Vallejo : Se considera como
el ingreso de la novela moderna en Antioquia. Se distancia del tradicional
regionalismo y crea una ficción más universal. La tradición del gran Cauca. De María
a El bazar de los idiotas.
Reflejo de la cultura triétnica del gran Cauca. Modelo cultural
más complejo que el del altiplano. Novelas: María (1867) de Jorge
Isaac. Representa en su totalidad el producto de la cultura escrita.
Es un texto emanado de la élite conservadora y destinado a una aristocracia
europeizante. El alférez real (1886) de Eustaquio Palacios, es un
producto de la cultura escrita de la élite caucana . La oralidad
y la cultura triétnica pasan a un segundo plano. Las estrellas son
negras (1949) de Arnoldo Palacios, es una novela chocoana que presenta
una visión auténtica de la raza negra y de algunos elementos residuales
de su oralidad. Crea la experiencia de un regionalismo trascendente.
El bazar de los idiotas (1974) de Gustavo Alvarez Gardeazábal. Aunque
da la sensación de oralidad, lo que unifica las anécdotas es el
elemento estructural relacionado con la cultura escrita. El discurso
del narrador se aproxima al metalenguaje. Escribe contra los códigos
predominantes en el Gran Cauca desde la aparición de María. La novela moderna y postmoderna, (1965-1987) García Márquez y
Moreno Durán García Márquez publica en el 67 una de las obras más admiradas
y que supuestamente agota todas las posibilidades de la tradición
occidental. A partir del 75 se cuestiona la sombra del macondismo
y surgen escritores como R.H. Moreno Durán, Alvarez Gardeazábal,
Fany Buitrago y Marco Tulio Agilera, quienes encuentran nuevas vías
literarias. La tradición moderna de la novela empieza en el 55 con
La hojarasca, La casa grande (62), y Respirando el verano (62) que
expresan y vehiculan de froma consciente una ideología y promueven
un proyecto social. En contraste, la novela postmoderna es experimental
e innovadora y está representada, en el caso colombiano, por M.Durán,
Alba Lucía Angel, Tulio Aguilera y otros. García Márquez con El Otoño del patriarca, Crónica de una muerte
anunciada y El amor en los tiempos del cólera, rompe con Macondo
. En el otoño sigue un proceso de aperturas progresivas, lo cual
le da dinamismo a la lectura, consolidando una técnica típica de
la ficción moderna. Las otras dos novelas continúan el proyecto
modernizante, pero se abren un poco a lo postmoderno, en tanto se
detienen en el acto de la escritura. Moreno Durán es una figura de la novela postmoderna colombiana.
Su escritura tiene raíces en Borges. No busca un universo organizado
sino que más bien lo subvierte. Emplea el lenguaje como tema fundamental.
La escritura postmoderna se remonta a los experimentos de Cortázar,
y se caracteriza por no emplear un narrador único, ni un discurso
autoritario y por promover la idea de que no existen verdades absolutas.
Tal escritura se alejaa de la cultura oral. Las novelas modernas y postmodernas contienen elementos ideológicos,
pero expuestos de diferente manera. Los modernos, tienden a ser
más abiertos políticamente, no se despegan totalmente de la realidad
empírica, critican y denuncian; los postmodernos, en cambio, escriben
novelas más mediatizadas por la teoría o por otros textos, y se
orientan hacia el lenguaje como tema. No creen en las tradiciones,
vengan de donde vengan. Williams ofrece una ampliación de lo que podría configurar la narrativa
posmoderna colombiana, en el capítulo: "Posmodernidades
colombianas" de su libro: Posmodernidades latinoamericanas (Bogotá:
Ediciones Fundación Universidad Central, 1998) |