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Algunos elementos novelescos
Elementos novelescos en las literaturas indígenas: La
leyenda de Yurupary
Frente a narraciones indígenas tales como mitos, leyendas
y relatos de cosmogonía es necesario tener en cuenta que,
si bien deben ser considerados como antecedentes de literatura de
ficción en Hispanoamérica, también es cierto
que su influencia en la narrativa de la colonia es casi nula, pues
su rescate ha sido más bien tardío. Es lo que sucede
precisamente con La Leyenda Yurupary, epopeya indígena
-al modo del Popol vuh- de los indios tarianas de la región
colombo brasilera del Vaupés. La leyenda recoge mitos de
origen prehispánico y solo recientemente ha sido vertida
al español, por lo que su influencia en la literatura hispanoamericana
no ha sido importante. Sin embargo, su contenido poético
y narrativo y la riqueza de los elementos de ficción que
contiene, le aseguran un puesto importante en las letras amerindias.

Elementos novelescos en la Épica: El poema de Juan
de Castellanos
Pese a que la épica y la crónica (los géneros
aceptados durante la colonia, es decir, los cauces oficialistas)
tienen como requisito formal el historicismo y el verismo (esto
es, la necesidad de describir objetivamente la realidad americana),
muchas de las más importantes obras de estos géneros
están impregnadas y matizadas por la fantasía, el
subjetivismo, la utopía y hasta la inverosimilitud (es decir,
se alejan de la objetividad histórica y se emparentan así
a la ficción), con lo cual se acercan a la que podrían
considerarse formas primarias de novela.
En cuanto a la épica neogranadina, resulta interesante destacar
el poema del conquistador Juan de Castellanos, Elegías
de varones ilustres de Indias, en la medida en que representa
para la Nueva Granada, lo que en otros lugares de Hispanoamérica
fue la poesía épica colonial: un antecedente importante
de la ficción. Si bien la forma poemática, así
como la estructura misma y la visión de mundo de los textos
épicos alejan al género de lo que es propiamente la
novela, al menos dos elementos pueden observarse en el poema de
Castellanos que permiten confirmar esa aproximación. De un
lado está el trasvestimiento de la novela de caballería
en el poema; es decir, la promoción de una suerte de interpretación
de los hechos basada en la ficción caballeresca. Esta transposición
se hace evidente en el tono idílico y sentimental del poema,
en la intención idealizadora de las hazañas de los
protagonistas y en la visión apoteósica del conquistador;
pero sobre todo en una fuerte inserción de la estilización
mitológica que da paso a esa lectura de la realidad que necesita
de la descripción de figuras y situaciones fantásticas
para exponer lo inhaprensible.
Así,
por ejemplo, la caracterización del indio que hace Castellanos
está tan marcada por esa reminiscencia de las lecturas de
ficción, que su figura constantemente traspasa los limites
de lo humano, y es así que se lo presenta en forma de gigante
y de endriago. No faltan tampoco en este poema el hermafrodita,
los pigmeos, los hombres de dos narices, las momias; todas figuras
reflejas de esa literatura caballeresca que permitían así
engrandecer las hazañas de esos caballeros que en
cierto modo eran los conquistadores. También en la presentación
de los personajes y de su vocabulario hay una correspondencia con
la novela caballeresca que confirma la existencia de una lógica
novelesca trasvasada en el poema.
El otro factor de aproximación entre épica y novela
lo constituye la manera en que Castellanos "cierra" el poema: llevando
a su protagonista hasta el Valle de Upar, donde muere naturalmente,
como cualquier humano. Un final tan profano sólo es posible
y apreciable bajo la visión de mundo que gobierna la escritura
de una novela.
Elementos novelescos en la Crónica: El Carnero
En cuanto a la crónica costumbrista, un caso interesante
de este tipo de interpolaciones de ficción y realidad lo
constituye El carnero (1638) del escritor criollo Juan Rodríguez
Freyle, obra dedicada a presentar un panorama histórico sobre
los indígenas y el primer siglo de la vida colonial en Santafé
de Bogotá. De entre los muchos aspectos destacables de esta
crónica colonial, uno que se ha reconocido como de gran importancia
para las letras hispanoamericanas es la inclusión del tratamiento
cuentístico en la obra.
En efecto, pese a la intención historiadora que el mismo
cronista aclara, Rodríguez Freyle logra crear todo un mundo
ficticio a través del procedimiento altamente estético
de sus breves relatos; que si bien son realistas (donde abundan
personajes históricos que, sin embargo, se mueven libremente),
están armados de modo que la acción, el ritmo, el
lenguaje y el manejo de suspenso y de la intriga, individualiza
y le da autonomía a cada una de las historias, generando
con esto una especie de zaga que definitivamente potencia poética
y literariamente los hechos reales.
Elementos novelescos en la literatura de entretenimiento
Es posible dedicar un capítulo a otros géneros que,
si bien no tenían la altura de los oficiales, si pueden considerase
como los ejercicios de iniciación de nuestra novelesca. Se
trata de los diarios y las descripciones de viajes de algunos escritores
noegranadinos. Así, por ejemplo, la relación de viajes
de Juan de Orozco, titulada El Peregrino, así como
el Epítome breve de la vida y muerte del ilustrísimo
doctor don Bernardino de Almanza, de don Pedro de Solís
y Valenzuela que narra el viaje de su hermano don Fernando a España,
y la relación El coloquio de los ociosos de Pedro
Nuñez de Águila, son ejemplos de este tipo de literaturas.
También
es posible hablar, en el ámbito de estas literaturas de entretenimiento,
de dos obras singulares extraviadas: una novela barroca del clérigo
santafereño Francisco José Cardozo, cuya particularidad
es que no se usa en ella la letra a, y la obra cuentísitca
de una mujer, doña Francisca de Tolosa, quien realiza un
trasplante del universo novelístico de Bocaccio.
Finalmente resulta útil relacionar dos obras del siglo XVIII.
Una, Paseo al Salto de Tequendama del santafereño
Francisco Antonio Vélez Ladrón, cuya mérito
es la descripción de costumbres de la época. Y Diario
de Francisco Javier Caro, primer ensayo en prosa del costumbrismo
colombiano, en el que es posible detectar la influencia de la lectura
del Buscón de Quevedo.
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