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Novela post-romántica
El giro hacia lo local costumbrista y hacia lo presente en las
novelas postrománticas no es muy afortunado. Si bien, se
escriben muchas novelas (muchas de ellas dedicadas a narrar lo que
podría enunciarse como los misterios de Santafé: sus
secretos y terrores), sólo algunas alcanzan cierta notoriedad.
De entre lo destacable se encuentra la producción de doña
Soledad Acosta de Samper, la mejor novelista colombiana del siglo
XIX, quien cultivó el género histórico en novelas
como una Holandesa en América (1869), donde ese narra
el alzamiento del general Melo y se describen las costumbres campesinas
de Holanda, así como Aventuras de un español entre
los indios de las Antillas (1905), donde narra la conquista
y colonización de Cuba , Puerto Rico y Santo Domingo.
Correspondiente
a este periodo, pero de otro corte, se publica en Colombia (1867)
María, de Jorge Isaacs, la obra más leída
de América en su momento; novela que incorpora a las letras
nacionales las resonancias líricas de un paisaje autóctono
y el romanticismo sentimental europeo. María recoge
de algún modo cierta simpatía hacia la melancólica
sentimentalidad, así como un romanticismo erótico,
poco cultivado en el país.
Todas las categorías del romanticismo sentimental se encuentran
allí ejecutadas con serenidad y elegancia: las lágrimas,
el tema sepulcral, el triunfo de la muerte, la idealización
romántica de la figura femenina, pero también el paisaje
y la naturaleza confundidos con el estado de ánimo. Junto
a ese aire romántico universal, la novela también
enseñó a los lectores hispanoamericanos, muchas características
nacionales; un localismo que se encuentra estéticamente muy
bien logrado, en la medida en que el costumbrismo que se refleja
es involuntario y artístico a la vez.
Es posible achacar a María su falta de hondura en
la discriminación sicológica, la insistencia en la
pasión para mover al llanto, su melosería y hasta
su fragilidad en la trama, pero en realidad la novela se sostiene
no sólo por su masiva recepción, sino por su conciencia
de género, pues son estos precisamente los rasgos de la novela
idílica o de adolescencia. Además de éxito
editorial indiscutible, María constituye también
una fuente de influencia muy poderosa en la novelística hispanoamericana
que la hace ocupar un lugar muy destacado en las letras del continente.
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