Obras seleccionadas dentro del contexto literario
y nacional
Antes de presentar nuestras consideraciones sobre
las obras seleccionadas, pensamos ubicarlas dentro del marco de
la literatura y la sociedad colombiana y su historia. Pondremos
igualmente atención a ciertos aspectos terminológicos
y teórico-literarios.
Para escribir La marquesa de Yolombó, el
maestro antioqueño se preparó y reunió datos
durante cerca de sesenta anos, cosa que podemos constatar con base
en una carta dirigida por el autor a Ricardo Moreno Uribe, del día
7 de mayo de 1939. Como lo indica el manuscrito, la novela fue concluida
en enero 19 de 1926. Por primera vez apareció como folletines
del diario Colombia, de Medellin, desde el 7 de junio de
1926 (número 1264) hasta el 9 de febrero de 1927 (número
1463). En forma de libro fue publicada por la Tipografía
Industrial, de la misma ciudad, el 30 de abril de 1928.
Las opiniones de los
críticos discrepan en cuanto a la corriente o escuela literaria
donde se debe colocar al autor de La marquesa de Yolombó.
Algunos, como por ejemplo Carlos Garcia Prada1,
demuestran influencias del realismo y especialmente el de las novelas
de H. Balzac, G. Flaubert, G. de Maupassant, C.
Dickens, W. M. Thackeray, L. Tolstoi y F. M. Dostoievski. Apuntemos
que incluso el nombre de Flaubert aparece en la novela que vamos
a estudiar2. En otro escrito,
Homilía N9 2, Tomás Carrasquilla expresa su
admiración por V. Blasco Ibáiíez, C. Dickens
y, sobre todo, por R. M. del Valle-Inclán 3.
En la Historia de la literatura española de Valbuena
Prat y Del Saz, la prosa de T. Carrasquilla está concebida
como realista y naturalista hispanoamericana4.
También Carlos Hamilton5 Emiliano
Diez-Echarri y José Mario Roca Franquesa 6
' Enrique Anderson Imbert y Eugenio Florit7
indican el realismo como la corriente representativa del autor antioqueno.
Hay voces que consideran la creación
de Carrasquilla como ejemplo del "naturalismo hispanoamericano,
naturalismo de tono menor"8.
Por supuesto, no faltan opiniones
que prueban influencias de la literatura española del siglo
XIX, especialmente en el enfoque costumbrista. El mismo Baldomero
Sanín Cano compara a Tomás Carrasquilla,
por la tendencia literaria -como escribió-, con José
M. Pereda, e indicando influencias de otros autores de la época,
cree que la forma de su estilo se parece a la de Emilia de Pardo
Bazán9. Carlos E. Mesa hasta
lo llama Pereda colombiano10. Anadamos
todavía los nombres de escritores que se repiten en las críticas
y comparaciones: Benito Pérez Galdós y Vicente Blasco
Ibánez.
Otros
críticos lo quieren relacionar con el modernismo. Por su
parte, Federico de Onis lo considera como "un genial precursor,
no superado, de la literatura americana posterior al modernismo"11.
Rafael Maya12 señala los rasgos
modernistas en la obra de don Tomás. Héctor Orjuela
13 lo pone al lado de J. A. Silva
y lo sitúa en la misma generación, aseverando que
representa una de las actitudes típicas modernistas.
El propio T. Carrasquilla se consideraba
como un antimodernista. Las palabras más significativas con
referencia al tema comentado, las incluyó en las famosas
homilías que aparecieron en la revista Alpha, de Medellín.
El autor escribió: "El tan decantado modernismo es un verdadero
retroceso, un retorno a los tiempos del preciosismo, de pastorismo,
y a las mil puerilidades de una época de frivolidad y afeminación.
¡ Qué anacronismo más extraño!"14.
En las homilías se prounció también contra
el decadentismo y contra el arte por el arte.
Según nuestro parecer, cualquier intento de
encasillar a T. Carrasquilla no logra convencer. No hay creación
literaria sin resonancia de la época o autores preferidos.
Mas las obras de los grandes maestros siempre aportan novedades,
tanto técnicas como ideológicas, que se integran de
una manera peculiar. Tal es también el caso del gran antioqueño..
Es verdad que se puueden distinguir en sus obras ecos
del modernismo, naturalismo y, sobre todo, del realismo; pero, y
esto es lo más importante, no encontraremos ningún
molde imitado o trasunto. Su actividad literaria es original y auténtica,
efecto de sus propias observaciones y experiencias. Recordemos que
empezó a escribir relativamente tarde y, como él mismo
lo dice en su autobiografía, era un lector infatigable. Su
primer cuento, Simón el Mago, fue publicado en 1890,
y su primera novela, Frutos de mi tierra, en 1896, cuando
tenla treinta y ocho años de edad.
Sus creaciones abundan en raciocinios
pero no intentan adoctrinar. Sus minuciosas descripciones de cosas
y pequeños sucesos de la vida cotidiana no tienen nada de
naturalismo vulgar, pero tampoco de sentimentalismo. Las palabras
de T. Carrasquilla son la prueba más convincente: "No tengo
escuelas ni autores predilectos. Como a cualquier hijo de vecino,
me gusta lo bueno en cualquier ramo"15.
El hecho de haber manifestado su admiración por uno u otro
autor universalmente conocido, no nos autoriza a deducir que don
Tomás aplicaba en su propia creación planteamientos
literarios de otros escritores.
En la obra de Carrasquilla
se confirma la ley de que toda acción provoca una reacción.
El autor creaba durante una época en la que estaban vigentes
varias corrientes. Naturalmente cada una de ellas dejó huellas
en su obra, pero él buscaba su propia solución. Sostenía
que el autor debe ser libre e independiente y en su obra dar pruebas
de su propia experiencia y conceptos. Opinó: "La higiene
del artista está, seguramente, en no dejarse contaminar de
ningún otro" 16. Su ideal de
creación era obra nacional: soñaba con un acto literario
colombiano del 20 de julio 17.
La marquesa de Yolombó,
como toda la creación del maestro antioqueño,
es una novela de tendencia costumbrista. Esta aseveración
se repite en varias críticas. Así opinan Rafael Maya
18, Uriel Ospina 19,
Abel Garcia Valencia 20, Alberto Moreno
Gómez21 y Olga Inés
Vallejo Ángel 22. Para Galo
René Pérez, Carrasquilla fue la figura más
representativa del costumbrismo colombiano 23
. Antonio Curcio Altamar la trata de realista, pero agrega que es
fuste de la novela moderna 24. Federico
de Onis 25 demuestra que Carrasquilla
da comienzos a la novela americana moderna. Kurt L. Levy testimonia
que es precursor del regionalismo literario hispanoamericano 26.
En las concepciones modernas, como
lo prueba José F. Montesinos 27,
el costumbrismo se enfrenta con la contemporaneidad, estudia las
circunstancias nacionales pero no olvida lo artístico y.lo
moral. A menudo se refiere a las ciencias sociales. Así,
según parece, lo entendían los costumbristas americanos.
Cuando Colombia se determinó como país
independiente en el ámbito político internacional,
pero su situación económica y social seguía
siendo muy complicada, las tendencias ideológicas de autoafirmación
deberían tener éxito y lo tuvieron. Se habló
cada vez más sobre los temas concernientes al pueblo, región,
país. Comenzó a cristalizarse el sentido nacional
y, como es obvio, los intelectuales participaron activamente en
su evolución. Y así la literatura colombiana respondió
con el costumbrismo que simultáneamente refleja las modas
artísticas vigentes en la época.
En el costumbrismo colombiano podemos distinguir dos
etapas. La primera surgió de las tertulias santafereñas
y se agrupó alrededor del periódico El Mosaico,
que apareció en dos épocas: en los años
1858-1861, bajo la dirección de José María
Vergara y Vergara, Ricardo Carrasquilla y José Manuel Marroquín;
en los años 1864-1872, redactado por José Joaquín
Borda. Entre los colaboradores se destacaban Eugenio Díaz
(famoso por su novela Manuela, donde narra la vida campesina
de Cundinamarca), Ricardo Silva, José Manuel Groot, y el
cantor de Antioquia, Gregorio Gutiérrez González.
Todos ellos provenían de familias acomodadas, pero sus intereses
literarios se enfocaron sobre la vida campesina. Tal vez
su origen y la falta de conocer realmente esas condiciones, fueron
causantes de que no lograran evitar el estilo y la forma cultos,
y por ello su creación discrepaba del tema.
La segunda etapa, mucho más importante desde
el punto de vista de la trascendencia cultural nacional, tuvo lugar
en Antioquia. Quizás el hecho de que todos los costumbristas
paisas vivieron en pequeños pueblos (T. Carrasquilla
y F. Rendón vinieron de Santo Domingo; Efe Gómez,
de Fredonia; Samuel Velásquez, de El jardín; Romualdo
Gallego, de Yarumal; etc.) puede explicar por qué sus obras
son mejor logradas. Conocieron a fondo el modo de vivir en la provincia,
y sus descripciones no parecen artificiales. Contrariamente, los
cachacos de Santa Fe de Bogotá tenían que ayudarse
con la imaginación para presentar cuadros de los campos de
Cundinamarca o Boyacá. En cuanto a la descripción
de su ciudad, los bogotanos nunca llegaron a lograr el arte de escribir
de Mesonero en sus famosas representaciones de Madrid en Panorama
matritense.
Entre los costumbristas
antioqueños, el verdaderamente notable es Tomás Carrasquilla.
Su vastísima obra tiene admiradores no solamente en Colombia.
Sus novelas y sus cuentos (el académico Adel López
Gómez señaló la dificultad de establecer dónde
empieza en su obra el cuento y dónde la novela28)
son un manantial de información sobre la vida de entonces
en Antioquia. La creación literaria le mereció al
maestro antioqueño la Cruz de Boyacá, que le fue otorgada
el 7 de agosto de 193529.
La marquesa de
Yolombó es una novela histórica. Sus aspectos
históricos han sido destacados por críticos como Federico
de Onís30, Kurt L. Levy31
y otros. Hace reflexionar el hecho de que Donald Mac Grady, en su
estudio La novela histórica en Colombia (1844-1959), ni
siquiera menciona el famoso titulo de Carrasquilla. Parece que entre
las veintinueve novelas que comenta el estudio, le faltó
la más importante.
T. Carrasquilla tiende a construir no sólo
el ambiente verosímil sino el auténtico, y por esta
razón, como lo demostraremos después, sirviéndose
a menudo de los datos de diferente tipo se guía por la fidelidad
histórica. En este sentido afirma la tradición, llamémosla
histórico-ortodoxa, de Manzoni y Flaubert. Toda la acción
es inventada. Los personajes históricos importantes no actúan,
hay únicamente referencias a ellos para aprovechar su prestigio
y subrayar la autenticidad. Tanto la heroína como la mayoría
de los personajes secundarios son auténticos, históricos;
aunque a veces hay algunas modificaciones, no tienen importancia
en cuanto a la fidelidad por la historia. Los hechos históricos
universalmente conocidos están transmitidos a través
del narrador omnisciente, y el ambiente de la época está
construido gracias a los múltiples datos culturales. El autor
recurría con frecuencia a sus conocimientos etnológicos
y etnográficos.
De esta manera Tomás Carrasquilla
evitó el extremismo que demostró Georg Lukács
en las creaciones históricas, a saber, la exagerada objetividad
y la extrema subjetividad de las colisiones sociales y politicas32.
Y como la novela trata de los tiempos del cambio de régimen,
este asunto representa un problema agudo. Vale señalar aquí
que T. Carrasquilla no tomó ninguna posición determinada
políticamente. No hay manifestaciones sino sugerencias concluyentes
de índole más bien ética que ideológica.
Como en todas las grandes novelas
históricas: Ivanhoe, de Scott, Guerra y paz, de
Tolstoi,_Ouo vadis?, de Sienkiewicz 33,
etc., lo histórico en La marquesa de Yolombó se
transformó en lo estético. La historia no es solamente
la base de la creación, sino que, junto con la ficción,
forma a un tiempo los motivos emocionales.
La novela costumbrista criolla y la novela de tema
indigena provienen de la misma estirpe. La realidad regional tiene
que pintar sus huellas. A pesar de que las novelas Toá.
Narraciones de cauchería y 4 años a bordo de
mi mismo fueron escritas pocos años después de
La marquesa de Yolombó, dan prueba de la evolución
de la conciencia social colombiana. Su tema se basa en la cuestión
de la raza, o más precisamente, en la posición de
los aborígenes.
Las modificaciones en el plan de las ideologías
tienen sus testimonios en la literatura. Y así, en varios
países de América, que ya desde su descubrimiento
tenla problemas raciales, se notó una gran vitalidad de los
intelectuales en la defensa de las capas y grupos sociales oprimidos.
En Colombia, como en todos los países latinoamericanos, los
indígenas se encontraban al margen de la sociedad. Privados
prácticamente de derechos, rechazados y despojados de sus
bienes, exterminados, existían fuera de la civilización
moderna; y si tenían contactos con ella era únicamente
para ser explotados. El conjunto de la actitud, la actuación
y la política en favor de los aborígenes del Nuevo
Continente, como movimiento social o intelectual que surgió
con este siglo, se suele llamar el indigenismo.
Al principio el movimiento era un
indigenismo "sentimental"34, pero
luego sus actividades evolucionaron por diversos caminos. Como indigenista
se nombraba toda actuación que pretendía conocer o
mejorar la vida de los indígenas americanos en cualquier
aspecto. El indigenismo abarcaba las investigaciones científicas
(etnológicas, sociológicas, etc.) y las realizaciones
prácticas de todo tipo: educativas higiénicas, etc.
Frecuentemente el indigenismo se
transformaba en una doctrina oficinas, como podemos observar en
la siguiente definición: "El indigenismo es el aspecto especializado
de la aplicación de las ciencias de la conducta: Antropología
Social, Sociología Rural, Psicología Social y Ecologia
en los procesos de reintegración social de las comunidades
indígenas, que comprende la transformación de los
sistemas de valores y costumbres, mediante una planificación
de naturaleza antropológica"35.
Desde el punto de vista socio-histórico, Nina
S. de Friedemann distingue en Colombia diversas clases de indigenismo:
- indigenismo paternalista,
que se propone el proceso "civilizador";
- indigenismo eclesiástico católico, que tiene
fines similares pero pone más énfasis en la introducción
y la aplicación de la religión;
- indigenismo evangélico extranjero, sobre todo estadounidense,
con objetivos parecidos al caso precedente pero que, al mismo
tiempo, organiza investigaciones de todo tipo: lingüisticas
(el Instituto Lingüistico de Verano), económicas,
geográficas, etc.;
- indigenismo conductor de poder;
- indigenismo autóctono, que establece en su programa
la defensa de la indianidad 36.
Como hemos visto, el indigenismo era y es una ideología
que acompaña un comportamiento práctico, y cuyo objeto
es el de estudiar la vida indígena individual y colectiva
en todos los aspectos y en un tiempo históricamente preciso,
que se propone como fin el de integrar a los indígenas a
la actualidad económica, cultural y social de los países
respectivos. Escasamente ha tratado de asegurar las condiciones
necesarias para la conservación de las formas de vida y culturas
antiguas de grupos aborígenes.
En los años setenta, aunque
ya antes se hablan oído varias voces, surgieron numerosas
polémicas sobre el incumplimiento de las doctrinas y sobre
la incapacidad del movimiento indigenista 37.
Por otra parte, el movimiento se basa en conceptos de la raza que
actualmente en las ciencias sociales están desprestigiados.
La defensa de los derechos de los indígenas se dirige por
las vías de la lucha socio-económica.
En la literatura el indigenismo tiene su trayectoria
paralela a otras actividades y, como ellas, es un acto de protesta,
acto humanitario contra las injusticias que aguantan los indígenas.
La critica brasileña María José
de Queiroz, comentando las búsquedas de expresión
propia de este movimiento, concibe que el indigenismo: "Exige-se
a realidad. Reclama-se a verdade. (... ) Valoriza-se entao
o sentimiento de solidaridade. (.. .) o sofrimento amadurecen o
artista e agora éle e capaz de passar do cu exclusitivista
ao tu, ao ele e ao nós" 38.
Los motivos indígenas aparecieron
en las letras casi inmediatamente después del descubrimiento
de América. Mas, según la tradicional aceptación
histórico-literaria, el antecedente directo de la tendencia
indigenista en las letras lo constituye el indianismo que empezó
a formarse como corriente junto con las obras de los precursores
del romanticismo, especialmente la de Juan Jacobo Rousseau y la
de Francisco Renato de Chauteaubriand. Los frutos del indianismo
son numerosos 39.
En sus consideraciones sobre la novela indianista,
la critica puertorriqueña Concha Meléndez asevera:
"Casi todos los factores que hablan de constituir en su momento
a la novela indianista están ya en la literatura de los conquistadores
y en lo colonial: idealización romántica del indio
y queja social a su favor, en Las Casas y Garcilaso el Inca; el
indio guerrero y la heroína apasionada, en Ercilla; el misionero
y el conquistador, en las obras de los cronistas; lo pintoresco
de las costumbres, mitos y supersticiones, en esas mismas crónicas"40.
El indigenismo literario es consecuencia, o más
propiamente dicho, el siguiente peldaño de la evolución
de la cuestión india. Como corriente se afirmó en
los primeros años del siglo XX, aunque naturalmente, como
es el caso de todo el fenómeno social o cultural, se pueden
distinguir algunos aspectos en las fases antecedentes, por ejemplo,
las protestas contra la explotación económica o las
injusticias morales y físicas que sufrían los indígenas.
Esa corriente más consciente,
resultado de las nuevas ideologías, produjo en la literatura
hispanoamericana numerosas obras muy apreciadas. Conforme con la
importancia y el porcentaje de la población indígena
en determinado país, se suele observar que el indigenismo
literario se desarrollaba en un grado más o menos alto. De
este modo, precisamente en los países donde el número
de indígenas era efectivamente notorio, habla una fecundidad
más considerable de libros sobre esos aspectos sociales41.
Nosotros no introducimos en el presente estudio las
concepciones literarias del indianismo o indigenismo por su arbitrariedad.
Frecuentemente los enfoques indianistas e indigenistas se entrelazan,
se mezclan, y su deslinde no tiene real importancia. Los dos movimientos
se basan en la interpretación moral y sentimental del lector.
En las letras colombianas el tema indgena apareció,
como en otras regiones americanas, durante la época de la
conquista. La mayor expresión es la creación de Juan
de Castellanos, quien redactó las Elegias de varones
ilustres de Indias completadas con Historia del Nuevo Reino
de Granada. Ambos poemas épicos reflejan el modo de pensar
que durante el Renacimiento tenla propensión a la imaginación
¡limite, suscitada por el descubrimiento de nuevas tierras. Nos
enteramos de misteriosas y extraordinarias aventuras, tesoros fabulosos,
personajes legendarios o mitológicos como sirenas y andróginos,
etc. Mas no faltan observaciones concienzudas referentes a la vida
y la cultura de los aborígenes. La obra de Castellanos suministra
muchos datos valiosos sobre las tribus autóctonas y sus costumbres.
Con erudición similar y la fantasía
asociativo, Juan Rodríguez Freile escribió su libro de muchos
rasgos novelescos El Carnero (circa 1638). Ahí también,
al lado de los elementos culturales reales, como el baño
del rey muisca en la laguna de Guatavita que dio base al mito de
El Dorado, aparecen escenas de mera imaginación.
El tema indio está presente en la creación
del primer novelista colombiano, Juan José Nieto: Ingermina
(1844) relata las históricas sublevaciones de los indios
calamares (de la región cartagenera) durante los primeros
años de la conquista. La trama principal se funda sobre el
amor caballeresco de Alonso, hermano de Pedro de Heredia, con la
princesa india Ingermina. Más técnicas representativas
para la novela histórica empleó en sus escritos Felipe
Pérez. Las acciones de sus novelas Huayna Cápac
(1856), Atahualpa (1856), Los Pizarros (1857) y jilina
(1858) no están ubicadas espacialmente en el territorio colombiano,
sino en el Perú. Todas ellas se complementan cronológicamente
desde el reinado del hijo de Manco Cápac hasta las luchas
personales de los conquistadores españoles. El mismo autor
apreció igualmente la cultura precolombina de su región
natal, lo que testimonió en la novela Los gigantes (1875),
cuyos protagonistas y personajes principales son los indios muiscas.
Sin respetar el fondo histórico trató de demostrar
desproporcionadamente la participación de los indígenas
en la lucha por la independencia de la República.
En el reino chibcha de la Sabana se desarrollan las
acciones de Anacoana (1865), de Temistocles Avella Martinez,
y de El último rey de los muiscas (1864), de
Jesús Silvestre Rozo. En la primera de dichas obras aparecen
de nuevo tramas de amor entre los conquistadores y las indígenas.
La novela está centrada enteramente sobre la tradición
muisca, y los españoles ocupan un segundo plano; figuran
como fruto de los malos augurios y castigo de los dioses indígenas.
Al
ciclo novelesco 42 sobre la cultura
muisca podemos añadir La novia del Zipa (1882),
de Emilio Antonio Escobar 43 . También
al final del siglo pasado José Joaquín Borda compuso
Koralia (1871), en torno a las costumbres de los indígenas
en los Llanos del Orinoco 44.
En 1924 se revivió, junto con la famosa novela
La vorágine, de José Eustasio Rivera, el interés
temático por las culturas indígenas, aunque los aborígenes
son allí personajes solamente secundarios. La novela tuvo
buena acogida mundial y ejerció muy notable influencia en
las letras latinoamericanas. Luego, siguen cronológicamente
obras muy valiosas pero poco divulgadas: Toá. Narraciones
de caucherías (1933), de César Uribe Piedrahita,
4 años a bordo de mi mismo (1934), de Eduardo Zalamea
Borda.
El tema indígena se desarrolla con una nueva
fuerza en José Tombé (1942), de Diego
Castrillón Arboleda. Su expresión se vuelve más
significativa si consideramos que trata de la insurrección
histórica de Quintin Lame que tuvo lugar en el Cauca a principios
del siglo. Son sumamente notorios sus objetivos sociológicos.
De los mismos indígenas paeces, pero en la época anterior
a la conquista, habla Alfredo Martínez Orozco en su Yaiángala
(1950).
últimamente, según parece, no se han
publicado novelas que tengan como tema principal el problema de
los indígenas. Si hay algunas referencias son las que constituyen
más bien el marco social, por ejemplo, las novelas de Eduardo
Caballero Calderón Siervo sin tierra (1954) y Manuel
Pacho (1962), donde el indígena se entiende como un campesino
boyacense. En Llantíra, soledad y viento (1959), de
Manuel González Martínez, la trama se funda en el
juego de sentimientos de los protagonistas, impuestos por la naturaleza
y el paisaje. La novela de Fernando Soto Aparicio Camino que
anda (1979), en uno de sus dos planos narrativas desarrolla
la acción en un pueblo precolombino muisca, y así
se vuelve a subrayar la importancia de la más apreciada cultura
antigua del actual territorio de Colombia.
En menos de veinte años después de la
publicación de las seleccionadas por nosotros como novelas
de tema indígena: Toá... y 4 años...
empezó a formarse un nuevo género dentro de la literatura
colombiana: la novela de la violencia. En el nuevo género,
el compromiso no concernía directamente a una sola raza sino
a toda la sociedad.
La novela de la violencia en Colombia pertenece a
la literatura comprometida y es su manifestación más
elocuente en este país. En el presente trabajo la consideramos
como prosa fabulada que se refiere a los crueles acontecimientos
de los años 1948~1957 y a sus causas y consecuencias inmediatas.
Las muestras de este tipo de literatura varían; pueden ser
testimonios directos, escritos hasta por los propios participantes
en las luchas, o solamente aludir, con secuelas importantes para
la acción novelesca, a las situaciones, personajes o hechos
de la época. Su homogeneidad se basa en la temática,
no en la forma o los recursos literarios. El conjunto de la literatura
de la violencia lo debemos examinar como un testimonio de los sangrientos
años que se reafirma en la memoria colectiva y se vuelve
luego una fuente de divulgación de las ideas políticas
para los lectores de las generaciones posteriores. El lector se
entera de los delitos cometidos sobre individuos, colectividades
y toda la Nación, es decir, que se reflejan todos los niveles
de la violencia.
La literatura de la violencia ayudó en la formación
de la conciencia social v política. Si después del
año 1957 los colombianos empezaron a pensar en categorías
ideológicas, socio-económicas y no en la pertenencia
tradicional de la familia a uno de los dos partidos políticos,
la literatura reforzó este proceso. Algunas muestras tropiezan
desde el punto de vista artístico, pero se defienden por
su carácter documental. La literatura no se restringe
a su literariedad. La forma concurre al éxito del libro,
pero su temática influye en él por lo menos de igual
manera.
Gabriel García Márquez,
por ejemplo, confesó en 1960 que, según su parecer,
todas las novelas de la violencia eran malas y añadió
que, no obstante, hablan prestado un valioso servicio a la sociedad
45. Nosotros no estamos de acuerdo
con la opinión de que todas las novelas escritas hasta 1960
son 'malas'. Hay varias que cumplen todas las exigencias literarias.
Recordemos sólo un hecho que podemos observar: El gran
Burundún-Burundá ha muerto, de Jorge Zalamea Borda,
ejer ció nítidas influencias sobre Los funerales
de la Mamá Grande, del más popular escritor colombiano.
La literatura comprometida, a veces
llamada tendenciosa o de protesta, y frecuentemente, a la francesa,
engagée, aunque no es propaganda, en el sentido estricto,
tiene objetivos políticos precisos. Puede reflejar tanto
las ideas progresistas como las tradicionalistas, pero más
a menudo refleja las primeras46. Con
frecuencia se lee en la literatura comprometida sobre el derrumbe
de las instituciones tradicionales, las deficiencias de las relaciones
existentes para reemplazarlas por unas nuevas y que parecen ser
más justas. A veces sólo relata ignominias, crímenes
cometidos, cuya imagen es transmitida a los contemporáneos
o a la posteridad, como ejemplos infames y crueles, señales
de advertencia. En general juzga, rechaza y propone soluciones,
refiriéndose a la totalidad de los conocimientos de los lectores.
Se admite que la literatura comprometida corre el
riesgo de no ser lograda artísticamente, puesto que ante
todo se propone trasladar de manera directa las situaciones de la
realidad al escrito. Pero el autor procura referirse al tema por
medio de recursos literarios, y de este modo enriquecer la lectura
que realiza el público. El compromiso en la literatura permite
al lector del siglo XX seguir, a un mismo tiempo, consideraciones
políticas y literarias. Corresponde a los intereses de la
actualidad. No cabe duda de que existen ejemplos donde la narrativa
no pierde nada de sus valores literarios y gana en la trama que
cautiva la atención de la sociedad.
Antes de comenzar el análisis de las novelas
de la violencia y hacer su comparación, debemos esbozar como
punto de partida el fondo histórico de los tiempos narrados.
El conjunto de los hechos que acontecieron durante los años
1948-1957 constituye la mayor parte de la narración. A la
vez, no podemos comentar dicha época sin sus antecedentes,
por lo menos inmediatos.
En los años veinte de este
siglo hubo una serie de conflictos sociales que culminaron en la
huelga de los obreros de la United Fruit Co., en 1928 47.
Durante cuatro meses protestaron treinta y dos mil trabajadores
en la zona bananera de la Costa atlántica colombiana. El
enfrentamiento se convirtió en el asesinato de mil quinientos
operarios, lo cual se considera como una de las primeras manifestaciones
de la violencia en Colombia en este siglo.
Como herencia del siglo pasado (desde 1848), Colombia
tiene- un sistema político bipartidista tradicionalmente
comparado por el Partido Conservador y el Partido Liberal. Desde
la guerra civil de los Mil Días (17 de octubre
de 1899-llde junio de 1903) hasta 1930, la administración
del país la manejaron los conservadores. En los años
veinte se notaron grandes inversiones que alcanzaron los 200 millones
de dólares, de los cuales, 25 millones fueron pagados por
Estados Unidos como recompensa por el reconocimiento de la independencia
de Panamá, y los demás, como préstamos48.
La rápida industrialización y, en consecuencia los
cambios sociales y administrativos, facilitaron a los liberales
la conquista del poder.
En 1930, Enrique Olaya Herrera asumió la presidencia
de la República. Durante los dos años siguientes los
liberales trataron de intimidar a los miembros del partido derrotado,
quienes, por su lado, organizaron una fuerte resistencia. Se desató
así la primera ola de violencia que, sin embargo, no llegó
a situaciones críticas. La hegemonía de los liberales
se mantuvo durante varias elecciones. En 1934 fue
elegido, para el siguiente cuatrenio, Alfonso López Pumarejo,
quien introdujo una serie de reformas en 1936. Sus iniciativas se
basaron sobre el apoyo oficial para la reforma de sindicatos, reforma
de la educación, una ley para estabilizar los derechos de
los colonos y una reversión al Estado de latifundios explotados
(la famosa Ley de tierras, núm. 20o de 1936) 49.
Naturalmente que estos cambios fueron muy controvertidos y muy criticados,
sobre todo por los conservadores. Luego, al gobierno llegó
el también liberal Eduardo Santosi y en 1942 volvió
otra vez como jefe del Estado, Alfonso López, quien en 1945
tuvo que renunciar a su cargo en favor de Alberto Lleras Camargo.
En las elecciones del año
1946 recuperaron la supremacía los conservadores. La victoria
fue posible merced a la división del partido liberal, que
aunque numéricamente ganó en votos, sus candidatos
obtuvieron porcentajes menores que el conservador Mariano Ospina
Pérez. El total de votos conservadores por Ospina Pérez
fue de 565.9395 y el de los. liberales, 800.156: 441.199 por Gabriel
Turbay y 358.957 por Jorge Eliécer Gaitán 50.
El ascenso de Ospina al poder marcó la época de
intensa represión, dirigida sobre todo contra los partidarios
de Gaiitán, sectores más radicales, que se consideraron
como herederos de las luchas liberales promovidas a nombre del
comunismo y del socialismo. Sirviéndose del esquema tradicional,
Gaitán promulgaba en sus discursos la oposición
del pueblo contra los oligarcas, liberales y conservadores. Ya
en 1947 aparecía como el candidato invencible para las
elecciones de 1950. La represión se convirtió para
los conservadores en el único medio de mantener el gobierno.
Uno de los momentos que marcó
la pauta de la violencia fue el asesinato de J. E. Gaitán,
el 9 de abril de 1948. El famoso Bogotazo causó
tempestuosas protestas. En la capital de Colombia perecieron
ese día por lo menos 2.585 personas 51.
Desde entonces, cualquier manifestación de masas contra el
gobierno fue prohibida. La lucha se iba formando en la clandestinidad.
El terrorismo creció todavía mas con
el ascenso de Laureano Gómez en 1950, cuando sólo
se presentaron a las elecciones los conservadores. Gómez,
a causa de enfermedad, cedió aparentemente su cargo a Roberto
Urdaneta Arbeláez un año después de haber ejercido
la presidencia. En la política internacional se destacó
el hecho de que Colombia fue el único país latinoamericano
que mandó sus tropas a Corea, en 1952, de acuerdo con las
negociaciones con los Estados Unidos. En el año 1953, Laureano
Gómez declaraba públicamente sus intenciones de introducir
una nueva reforma constitucional que le garantizaría para
más tiempo su dominio legitimo. El conservatismo se dividió
y la fracción ospinista apoyó a los liberales en los
planes de la intervención militar.
Con el golpe de Estado que dio el comandante de las
Fuerzas Armadas, general Rojas Pinilla, la situación en Colombia
pareció cambiar. Rojas ofreció la amnistía
a los guerrilleros, siguiendo su declaración enunciada poco
después de haber asumido el poder: "¡No más sangre¡;
¡No más depredaciones!. Paz, justicia y libertad para todos".
Las directivas de ambos partidos se adhirieron al programa del caudillo.
Introduciendo ciertos cambios económicos en su primera fase,
ganó bastante popularidad entre los trabajadores. Luego,
viendo que el poder se le escapaba, introdujo una severa censura
y comenzó una nueva fase represiva, llamada la segunda ola
de violencia. Contra el ejército se enfrentaron las fuerzas
de la guerrilla.
Los dos partidos tradicionales decidieron
promover la violencia Y, al mismo tiempo, dirigirla contra Rojas.
Sus jefes, Laureano Góméz y Alberto Lleras, de acuerdo
con los pactos que hablan concluido en Benidorm, España,
el 20 de julio de 1956, y Sitges, España, el 20 de julio
de 1957, constituyeron un Frente Nacional, Rojas Pinilla se vio
obligado a renunciar de su cargo el 10 de mayo de 1957, y lo entregó
a una Junta Militar que se comprometió a devolver en un año
el poder al Frente Nacional. El convenio entre los dos partidos52
estableció que durante 16 años el poder se alternarla
en periodos de cuatro altos. En cumplimiento del pacto, comenzó
gobernando el liberalismo, junto con su jefe Alberto Lleras Camargo
(1958-1962)53. La violencia oficial
terminó. La narrativa testimonia toda esa época y
sus consecuencias en los años posteriores. Se reflejan la
política y los principios ideológicos. Según
los convencimientos partidistas del autor, están enfocados
los personajes políticos sobresalientes, los sucesos históricos,
pero también las condiciones de vida de las masas obreras
y campesinas. Están recogidos en esos textos, diferentes
aspectos de la vida nacional, regional, pueblerino o individual.
Sus autores transmitieron la visión total del trágico
periodo. Percibimos la violencia vertical y social, la violencia
horizontal e individual, la violencia inespacial e interior, la
violencia narrativa o del lenguaje54.
La literatura de la violencia es, para los colombianos,
un vergonzoso testimonio histórico. No cuenta hechos heroicos
sino sufrimientos. Si, por ejemplo, las novelas de la Revolución
mejicana elogian las justas luchas, las colombianas de la Violencia
hablan del martirio que aguantaban los nacionales de este país.
Denuncian como para purificar las emociones morales y realizar la
catarsis social.
El tema de la violencia lo encontramos en otras literaturas
nacionales, aunque ya no en el sentido de la guerra civil. Hallamos
la violencia en la selva, en el campo, en la ciudad. La violencia
en la lucha por los derechos propios (Raza de bronce, de
Arguedas), en la venganza (Montevideanos, de Benedetti),
en la explotación (La muerte de Artemio Cruz, de
Fuentes), en la autodestrucción (novelas de Donoso), en la
descomposición social (La ciudad y los perros, de
Vargas Llosa), la dictadura de los caudillos (El señor
Presidente, de Asturias), etc. Estos aspectos los observamos
igualmente en la literatura colombiana; no obstante, el género
de la violencia partidista es representativo únicamente para
Colombia.
La novela colombiana de la violencia se basa en la
ficción literaria que tiene su concreta fuente en la realidad
histórica. Por esto nos llaman la atención a lo menos
dos factores sociales referentes al funcionamiento de este género.
Primero, el mecanismo de crear en favor de las aspiraciones del
autor que corresponden, a su vez, a las esperanzas de algún
grupo social o toda la sociedad. Segundo, cuando los textos ya funcionan,
la realización efectiva de los postulados incluidos en ellos.
Si en el factor primero disponemos de la posibilidad de documentar
la relación entre la realidad histórica y la realidad
creada, el factor segundo nos permite únicamente señalar
ciertas observaciones generales. (El estudio sobre la receptividad
de esta literatura exige otras investigaciones, que se salen de
nuestros propósitos.) Estamos conscientes de que su lectura
y su imagen varían según los individuos, grupos, pero
también según el tiempo y las circunstancias: por
ejemplo, en la época de las elecciones presidenciales donde
rivalizan otra vez los partidos, durante el empalme presidencial
o en la participación en los cargos ministeriales. La novela
de la violencia constituye la muestra más elocuente del género
literario nacional colombiano.
1. CARLOS GARCÍA PRADA, "Tomás Carrasquilla,
clásico antioqueno", en Revista Iberoamericana, vol. XXIV, núm.
47, pág. 25.
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2. TOMÁS CARRASQUILLA, La marquesa
de Yolombó, pág. 213; más adelante, las páginas de las citas o de
las referencias suelen ser indicadas entre paréntesis directamente
en el texto.
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3. CARRASQUILLA, "Homilía No. 2",
en Obras completas, t. II, pág. 686.
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4. A. VALBUENA PRAT y DEL SAz, Historia
de la literatura española, pág. 241.
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5. CARLOS HAMILTON, Historia de
la literatura hispanoamericana, págs. 164-165
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6. EMILIANO DíEZ-ECHARRI y JOSE
MARio ROCA FRANQUESA, Historia de la literatura española e hispanoamericana,
pág. 1139.
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7. ENRIQUE ANDERSON IMBERT y EUGENio
FLORIT, Historia de la literatura hispanoamericana, págs. 383-384.
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8. GONZÁLEZ PORTO-BOMPIANI, Diccionario
de autores, t. 1, pág. 482
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9. BALDOMERO SANÍN CANO, "Tomás
Carrasquilla", en el Suplemento literario de El Tiempo, 19 de junio
de 1952.
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10. CARLOS E. MESA, Cuatro escritores
antioqueños, pág. 82.
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11. FEDERICO DE ONÍS, "Tomás Carrasquilla,
precursor de la novela americana moderna", en el Suplemento literario
de El Tiempo, 3 de julio de 1955.
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12. RAFAEL MAYA, Los orígenes del
modernismo en Colombia, págs. 111-149.
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13. HECTOR H. ORJUELA, Literatura
hispanoamericana, págs. 57 y 69.
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14. TomÁs CARRASQUILLA, "Homilía
N9 1", en Obras completas.. t. II, pág. 668.
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15. CARRASQUILLA, "Autobiografía",
en Obras completas, t. 1, pág. 27.
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16. CARRASQUILLA, "Homilía N<> 2",
en Obras completas, t. 11, pág. 679
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17. Ibid., pág. 688.
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18. RAFAEL MAYA, Los tres mundos
de don Quijote y otros ensayos, págs. 44 y 59
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19. URIEL OSPINA, Sesenta minutos
de novela en Colombia, págs. 67 y 73.
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20. ABEL GARCÍA VALENCIA, "Tomás
Carrasquilla y la literatura antioqueña", en El Colombiano literario,
enero 19 de 1958.
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21. ALBERTO MORENO GÓMEZ, "La novela
de Carrasquilla", en Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 12 (núm.
12), 1969.
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22. OLGA INES VALTEJO ÁNGEL, El
costumbrismo, págs. 60 y 62.
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23. GALO RENE PEREZ, Historia crítica
de la novela hispanoamericana, pág. 110
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24. ANTONIO CURCIO ALTAMAR, Evolución
de la -novela en Colombia, pág. 138
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25. FEDERICO DE ONÍS, "Tomás Carrasquilla,
precursor.. .", en el Suplemento literario de El Tiempo, julio 3
de 1955.
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26. KURT L. LEVY, The Spokesman
of a Region, págs. 98 y 102
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27. JOSE F. MONTESINOS, Costumbrismo
y novela, págs. 47 y 48
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28. ADEL LOPEz GóMEz, El costumbrismo,
pág. 19.
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29. Con base en el decreto núm.
1.392 del 19 de marzo de 1936
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30. FEDERICO DE ONÍS, "Prólogo
de la primera edición", en Obras completas de Tomás Carrasquilla,
t. II, pág. XVII
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31. KURT L. LEVY, Vida y obras...,
págs. 74, 75 y 125.
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32. GEORG LuKÁcs, La novela histórica,
pág. 136
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33. Tomás Carrasquilla rindió homenaje
a Henry Sienkiewicz dando el nombre de la heroína de Quo vadis?
A la protagonista de Ligia Cruz. El título de la novela del Premio
Nobel de Literatura de 1905, aparece en las págs. 117, 118 y 140
de esta novela
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34. M. BALLESTERos GAIBROIS Y J.
ULLOA SuÁREz, Indigenismo americano, pág. 214.
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35. JORGE OSORIO SILVA Y MERCEDES
PÁEZ DE OSORio, El indio y su causa, pág. 59; llamamos la atención
sobre los aspectos paternalistas y oficialistas de esta definición.
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36. NINA S. DE FRIEDEMANN, "Niveles
de indigenismo", en Indigenismo y aniquilamiento de indígenas en
Colombia, págs. 18-35.
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37. Por ejemplo, el libro de ALEJANDRO
MARROQUÍN Balance del indigenismo o la compilación de GONZALO AGUIRRE
BELTRÁN ¿Ha fracasado el indigenismo?
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38. MARÍA JOSE DE QUEIRoz, Do indianismo
ao indigenismo nas letras hispanoamericanas, pág. 167.
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39. Parece que en la historia de
la literatura fue Fray Bartolomé de Las Casas (1474-1566) quien
inició el tema del aborigen americano, aunque naturalmente se conocen
los relatos de los primeros descubridores que informan sobre los
iniciales contactos con los indígenas. Si se considera al autor
de Historia general de Indias como iniciador es porque su obra trata,
en efecto, de y sobre los indios. También el Inca Garcilaso de la
Vega (1540-1616) defendía con parecidos argumentos los derechos
de los indios y expresaba su admiración por las antiguas culturas
americanas. De entre otros hombres de letras del siglo XVI cuya
obra tiene valiosos aspectos indígenas, debemos enumerar a Alonso
de Ercilla y Zúñiga con su famosísimo poema épico La Araucana, a
Pedro Cieza de León, el autor de la Crónica del Perú, y a Juan de
Castellanos. En el siglo XVII, el tema indígena se intensificó y
disponemos de obras escritas en verso y en prosa. En las realizaciones
poéticas se destacó Bernardo de Valbuena con su Grandeza mejicana
(1604). En la narrativa se hicieron conocer Fernando Alva Ixtlixochitl,
autor de Historia chichimeca, Francisco Núñez de Pineda: Cautiverio
feliz, Lucas Fernández Piedrahita: Historia general del Nuevo Reino
de Granada, y Frav Juan de Barrenechea y Albis con su Restauración
de la Imperial y conversión de almas infieles. Las fuertes influencias
culturales europeas del siglo XVIII alejaron a los autores hispanoamericanos
del tema indio. En esa ¿poca descuella la obra dramática de Manuel
José de Lavardén intitulada Siripo (1789). Mucha trascendencia tuvieron
en esos tiempos el drama Ollantay, de Antonio Valdés, escrito en
versos quechuas, y el poema en latín Rusticatio mexicana, del guatemalteco
Rafael Landívar; ambas creaciones fueron vertidas más tarde al español.
Por el contrario, en la Europa del siglo XVIII se notó un vivo interés
por las culturas primitivas, y naturalmente por las antiguas americanas;
sobre todo en Francia. Las obras de Voltaire y Saint-Pierre, y especialmente
las de Rousseau con su bon sauvage, fueron imitadas en América un
siglo después. Como ya lo hemos señalado, los principios románticos,
con su moralidad más de corazón que de razón, solidificaron la llamada
actitud indianista de los pensadores y artistas; los testimonios
literarios se multiplicaron. En la primera mitad del siglo XIX se
hicieron famosos los poetas que incluyen el tema indio: los argentinos
Esteban Echeverría y Juan María Gutiérrez, el uruguayo Adolfo Berro,
el cubano Gabriel de la Concepción Valdés (seudónimo: Plácido).
La pieza dramática que se destaca en estos tiempos por sus valores
estéticos es El Charrúa, del uruguayo Pedro P. Bermúdez. Las primeras
"novelas indias" se escribieron hacia 1840. La cubana Gertrudis
Gómez de Avellaneda fue autora de Guatimozín y El cacique de Turmequé.
En Méjico, el país donde más se produjo la literatura sobre el tema
indio, tenemos: Los aztecas, de José Joaquín Pesado; Leyendas mejicanas,
de José María Roa Bárcena; Los mártires de Anáhuac, de Eligio Ancona;
Azcaxóchitl o la flecha de oro, de J. R. Hernández; La hija de Tutul-Xio,
de Eulogio Palma y Palma; y las novelas de Ireneo Paz. En la Argentina
aparecieron dos novelas con el mismo tema y la misma protagonista:
Ltícía de Miranda (1858), de Rosa Guerra,y Lucía Miranda (1860),
de Eduarda Mansilla. Una de las más valiosas novelas con la presencia
de los autóctonos, es la de Manuel de jesús Galván intitulada Enriquillo.
Otra novela que alcanzó fama universal es Cuma-ndá, del ecuatoriano
Juan León Mora. En Venezuela, la expresión máxima en esa época fue
lograda por José Ramón Yepes con sus novelas A-naida e Iguaraya.
La creación de los tres últimos escritores que hemos mencionado
decidió poderosamente sobre la constitución de la nueva forma de
la novela de tema indígena, más cercana al indigenismo. Se observan
ya ciertos factores representativos para la nueva corriente.
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40. CONCHA MELENDEZ, La novela
indianista..., pág. 19.
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41. Unas de las primeras expresiones
indigenistas realmente logradas son las del boliviano Alcides Arguedas:
Wuatawuara (1904) y Raza de bronce (1918). También de Bolivia proviene
otro apreciado novelista, Adolfo Costa de Rela, el autor de El embrujo
de oro. En Méjico encabeza esa corriente la novela Tomochic (1905),
de Heriberto Frías; siguen Los de abajo (1916), de Mariano Azuela,
El indio (1935), de Gregorio López Fuentes, Nayar (1941), de Miguel
Ángel Menéndez, Mamita Yunai (1949), de Carlos I. Fallas, Pedro
Páramo (1955), de Juan Rulfo, etc. En Guatemala se destaca Hombres
de maíz (1949), de Miguel Ángel Asturias. De entre los textos peruanos,
cabe mencionar los relatos La venganza del cóndor (1927) y Cuentos
peruanos (1952), de Ventura García Calderón; Tungsteno (1931), de
César Vallejo; La serpiente de oro (1935), Cholos (1935) y también
Plata de bronce (1927), de Fernando Chávez. Agreguemos aún la creación
del uruguayo Horacio Quiroga y sus Cuentos de la selva (1918), Anaconda
(1921), etc. En la literatura venezolana contemporánea de este tipo,
la obra maestra la escribió Rómulo Gallegos: Canaima (1935).
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42. Al señalar los escritos literarios
sobre la cultura muisca conviene agregar el cuento María Ticinee,
o Los pescadores de Funza (1860), de Eugenio Díaz Castro.
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43. Dato tomado de A. CURCIO ALTAMAR,
Evolucíón de la novela.. ., pág. 85.
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45. GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, "Dos
o tres cosas sobre la « novela de la violencia »", en Revista Eco,
núm. 205 (1960), págs. 104-108. Dice allí, por ejemplo: "Quienes
han leído todas las novelas de violencia que se escribieron en Colombia,
parecen de acuerdo en que todas son malas" (pág. 105). "Con todo,
un valioso servicio nos han prestado los testigos de la violencia,
al imprimir sus testimonios en bruto" (pág. 108).
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46. J. LECHNER, El comproimiso
en la poesía española del siglo XX, vol. I, págs. 9 y 10: "el compromiso
puede muy bien ser producto de una actitud conservadora, tradicionalista,
de extrema derecha, reaccionaria en los fines que persigue".
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47. Véanse JUDITH WHITE, Historia
de una ignoininia. la United Fruit Co. en Colombia; ALBERTO CASTRILLÓN,
120 días bajo el poder militar; anónimo, Bananeras 1928-1978; JORGE
ELlíCER GAITÁN, La masacre en las bananeras.
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48. ANTONIO ZAPATA, Etapas y coyunturas
de la lucha guerrillera en Colombia
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49. PAUL OQUIST, Violencia, conflicto
y política en Colombia, pág- 14.
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50. DANE, Colombia. Política 1935-19701
pág. 154
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51. PAUL OQUIST, violencia, conflicto...,
pág. 234.
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52. Los principios del Frente Nacional
fueron establecidos en Sitges
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53. Alberto Lleras Camargo fue
sucedido por el conservador Guillermo León Valencia (1962-1966).
Luego fue elegido el liberal Carlos Lleras Restrepo, y en 1970 ganó
las elecciones el conservador Misael Pastrana Borrero, quien terminó
su gobierno en 1974.
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54. Estos aspectos ya fueron señalados
por ARIEL DORFMAN, Imaginación y violencia en América, sobre todo,
págs. 9-42.
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