Introducción
El presente estudio analiza novelas colombianas publicadas
entre 1844 y 1987. Representa el desarrollo de ciertas teorías
y experiencias de lectura a través de varios años
y está basado en tres premisas básicas. La primera
es que el territorio que ahora llamamos 'Colombia' ha estado compuesto,
a través de su historia, por regiones semiautónomas.
En el capítulo primero discutiré brevemente
la forma como el país se desarrolló en cuatro regiones
más o menos independientes, durante poco más de cien
años (de 1830 a 1950). La segunda premisa es que muchas novelas,
quizás la mayoría, han sido vehículos de diálogo
ideológico. Este punto se analizará en el capítulo
segundo y estará subyacente en todo el libro. La escritura
ha ocupado siempre un lugar preponderante en Colombia, y siempre
se ha relacionado con la actividad política. A menudo, la
publicación de libros se relaciona con actos políticos,
frecuentemente de carácter subversivo. La tercera premisa
es que la cultura colombiana en general y las culturas regionales
del pasado en particular, han sido afectadas, en distinta forma,
por lo que Walter Ong, en su estudio Oralidad y escritura, tecnologías
de la palabra, (1987), ha denominado 'la noética de la
cultura oral y la cultura escrita"1
En otras palabras, analizaré cómo la
poética de la cultura oral ha estado presente en la novelística
colombiana, y cómo la ha influido en los últimos 150
años. En los capítulos 3 a 6 discutiré específicamente
varias novelas usando como base teórica principal el estudio
de Ong y otros de sus trabajos pertinentes, a pesar de que Oralidad
y escritura no contiene en sí una teoría de la novela,
y ni siquiera es una 'teoría'. En términos generales,
enfatizaré lo que Ong denomina 'tecnología de la cultura
escrita'. En vista de que el objeto de la obra de Ong es el estudio
de las diferencias entre oralidad y escritura, en mi ensayo exploraré
la manera en que estas distintas formas de expresión han
afectado la literatura. A pesar de que encuentro que las teorías
de Ong son -útiles para discutir las tradiciones regionales,
mi preferencia por aquéllas no debería ser interpretada
como de total aceptación de todo lo expuesto en Oralidad
y escritura.
Este libro tiene otras bases teóricas
en adición a las expuestas. Por estudiar más de cien
novelas, se utilizan como puntos de partida algunos principios y
conceptos de narratología, desarrollados por Gérard
Genette y Shlomith Rimmon-Kenan2. Cualesquiera
que sean sus relaciones con el contexto ideológico y con
la cultura oral, estas novelas tienen en común el ser narraciones.
En consecuencia, ciertos asuntos narratológicos son esenciales
para su estudio. En todas ellas, y especialmente
en las estudiadas en los capítulos 3 a 6, plantearé
las siguientes preguntas narratológicas fundamentales: ¿cómo
funcionan estos textos desde el punto de vista de la narrativa?
¿Cómo producen experiencias en el lector? Además,
aquellos familiarizados con la obra de Terry Eagleton podrán
notar su influencia directa o indirecta en mis análisis3
. Otra idea subyacente en mi libro es que la novelística
colombiana, de alguna manera, siempre está relacionada con
la cultura oral o con la escrita. En el segundo caso, se trata de
las relaciones de un texto con otros, lo que constituye, obviamente,
su intertextualidad. (La intertextualidad se presenta, en sus aspectos
teóricos, en el capítulo 6).
Este ensayo pretende ofrecer una visión panorámica
de la novelística colombiana de 1844 a 1987, y también
el análisis detallado de algunos textos. La primera parte,
'Colombia en su novela', consta de dos capítulos que sirven
de introducción histórica e ideológica sobre
el país y su novelística. El capítulo
primero presenta una sinopsis de Colombia y de sus regiones. He
dividido la historia política de la nación de los
siglos XIX y XX en seis períodos, lo que permite, en el capítulo
segundo, analizar la novelística de acuerdo a tales períodos.
Enfatizaré no tanto los textos 'clásicos' de la tradición
literaria sino un amplio número de novelas que pueden considerarse
producto de contingencias históricas. Tal como sugiere Jane
Tompkins, me parece que el texto 'clásico' no es el producto
inefable del genio sino que conlleva un conjunto de intereses regionales,
nacionales, sociales, económicos, institucionales
y profesionales4.
En la parte segunda, 'La novela en su yegión',
considero las novelas de las cuatro regiones en cuatro capítulos
consecutivos5: En el tercer capítulo,
la tradición del Altiplano cundiboyacense, (amenudo aludidaeneltexto
oomo'tradiciónandina'o'tradición del Altiplano), cuyo
centro es la ciudad de Bogotá y que incluye además
los departamentos de Tolima, Huila y Santander. Luego de una breve
introducción, en el capítulo tercero analizo las novelas
Manuela (1858) de Eugenio Díaz; Diana caza&m (1915) de
Clírnaoo Soto Borda; La vorágine (1924) de
José Eustasio Rivera; y El buen salvaje (1966) de
Eduardo Caballero Calderón. El capítulo 4 se refiere
a la tradición novelística de La Costa; en él
analizo Ingermina (1844) de Juan José Nieto; Cosme (1927)
de José Félix Fuenmayor, La casa grande (1962)
de Álvaro Cepeda Samudio; Respirando el verano (1962)
de Héctor Rojas Herazo y Cien años de soledad
(1967) de Gabiiel García Márquez. En el capítulo
5 se defíne la tradición antioqueifia y estudia Frutos
de mi tierra (1896) de Tomás Carrasquilla; Toá
(1933) de César Uribe Píedrahita; Risaralda (1935)
de Bernardo Arias Trujillo, y El día señalado
(1964) de Manuel Mejía Vallejo. En el capítulo
6, sobre la tradición novelística del Gran Cauca,
se estudian María(1867)de Jorge Isaacs, El alférez
real (1886) de Eustaquio Palacios; Las estrellas son negras (1949)
de Arnoldo Pálacios y El bazar de los idiotas (1974)
de Gustavo Álvarez Gardeazábal.
Puedo ofrecer dos respuestas a la
pregunta inevitable sobre los criterios de selección de las
anteriores 17 novelas: de un lado, me parece, el consenso general
de críticos y lectores de la novela colombiana clasifica
casi todas como 'las mejores'6. De
otro, en aquellas regiones o períodos carentes de suficiente
crítica, he escogido obras que considero 'representativas'.
Tal ha sido el caso de Las estrellas son negras del escritor
negro Arnoldo Palacios. En esta forma, la visión panorámica
de la novela colombiana que ofrezco en este ensayo,
apoya la idea de Jane Tompkins (con respecto a la novela norteamericana),
de que los novelistas más 'importantes' no surgen espontáneamente
como consecuencia de su genialidad literaria, sino que emergen de
unas circunstancias ideológicas conexas que impulsan en cierta
dirección la publicación, la crítica, y sobre
todo la institucionalización de la novela (colombiana en
este caso7.)
La tercera parte, 'Después del regionalismo',
consta de un capítulo, en el que se discute la novela colombiana
contemporánea y se ofrecen algunas conclusiones. Una de nuestras
premisas ha sido que Colombia ha estado compuesta por cuatro regiones
semiautónomas por más de un siglo. De igual forma,
es importante enfatizar ahora que la modernización radical
y los avances de los medios de comunicación, en la práctica
han unificado la nación en las últimas tres décadas.
En consecuencia, el capítulo 7 está dedicado a la
"novela posregionalista' publicada desde mediados de la década
de 1960 hasta mediados de la del 80. (Al leer los primeros seis
capítulos, la razón de estas fechas será clara
para el lector. El período exacto va de 1965 a 1987. He escogido
arbitrariamente l987 para delimitar mi trabajo). Con la modernización
han desaparecido las culturas orales primarias. En consecuencia,
en este capítulo intento definir las tendencias generales
de la novela colombiana en las últimas dos décadas
bajo las categorías de novela "moderna" y "posmoderna".
En casi todos los casos he evitado ofrecer resúmenes
del argumento de las novelas discutidas o mencionadas. Con frecuencia
he seguido la sugerencia de Gérard Genette de usar un "verbo
nuclear" o una "frase esencial" que sintetiza la acción.
Por ejemplo, Genette se refiere a La Odisea con la frase
"Ulises retorna a Itaca", y a En busca del tiempo perdido
con "Marcel se hace escritor". Tales frases dan una idea de la trama.
Aquellos lectores que deseen una descripción más detallada
de la acción podrán consultar los siguientes textos:
Evolución de la novela en Colombia de Antonio Curcio
Altamar; La novela histórica en Colombia de Donald
McGrady y New History of Spanish American Fiction de Kessel
Schwartz.
He procurado liberarme de vocabulario demasiado especializado.
Sin embargo, quizás sea útil ofrecer una breve introducción
a los conceptos y a la terminología de Ong y de Genette.
Ong distingue entre cultura oral primaria y cultura escrita -en
aquélla los individuos carecen del conocimiento de la escritura-
y demuestra cómo la noética de las personas de estas
dos culturas son totalmente diferentes. Anota que nosotros (lectores)
estamos tan inmersos en el mundo de la escritura que se nos dificulta
imaginar un universo en el que la escritura no esté en la
base de los procesos de pensamiento o comunicación. Ong demuestra
que la escritura no es solamente un complemento de la comunicación
oral, sino que implica una transformación total del acto
verbal. En el capítulo 3 de su obra Oralidad y escritura
titulado "Sicodinámica de la oralidad", Ong especifica las
características de las culturas orales primarias. Además
de las fórmulas nemotécnicas que caracterizan la expresión
en las culturas orales primarias, Ong las define a partir de los
siguientes nueve elementos esenciales: acumulativas antes que subordinadas;
acumulativas antes que analíticas; redundantes y copiosas;
conservadoras o tradicionalistas; cercanas a la vida diaria. de
matices agonísticos; enfáticas y participatorias antes
que objetivamente apartadas; homeostáticas; situacionales
antes que abstractas. Utilizo, como Ong, los términos 'cultura
oral primaria' o 'cultura oral' como sinónimos. Colombia
tiene sólo una región en el siglo XX, la costa, en
la que coinciden una cultura oral definida y una novela que la ha
asimilado perfectamente, Cien años de soledad. Así,
en este estudio, enfatizaré ciertas distinciones por ejemplo
entre "efectos orales" (o sea aquellos elementos del estilo
literario que reflejan las formas del habla popular o que utilizan
lenguaje coloquial en los diálogos o en la narración)
y residuos de oralidad" (es decir, hábitos de pensamiento
o expresión pertenecientes a épocas típicas
de preliteraIidad, o prácticas propias de cuando la oralidad
era el medio dominante en una cultura particular). Tal como espero
demostrar, ciertos elementos de la oralidad son significativos aún
en la novelística de la región andina, o sea la cultura
escrita más definida de las cuatro, y la menos afectada por
la oralidad.
Usaré además cierta terminología
de Gérard Genette, en particular para identificar con precisión
la naturaleza de los narradores. Por ejemplo, al describir un narrador
como '"extradiegético - heterodiegético" se logra
una mayor exactitud que si nos limitáramos a términos
ambiguos como "tercera persona omnisciente".
Por "ideología" entiendo aquellas formas
en que se liga lo que decirnos y creemos con las relaciones de poder
y las estructuras sociales en las que vivimos. Terry Eagleton a
explicado tal concepto de ideología en su libro Theory
of Literature. Mi argumentación, en el capítulo
segundo, estará orientada a demostrar, siguiendo las propuestas
de Eagleton sobre literatura e ideología en general, que
en Colombia, literatura es ideología, especialmente en la
época crucial de paso del siglo XIX al XX, cuando las prácticas
literarias y la política es tuvieron tan íntimamente
relacionadas.
Vale la pena, además, explicar ciertos
nombres geográficos: La República de Colombia ha sufrido
diversos cambios de nombre a través de su historia. Durante
la colonia se denominó Nuevo Reino de Granada. En la época
republicana se denominó Colombia (entre 1819 y 1830 e incluía
a Venezuela y Ecuador); Nueva Granada (1832 - 1857); Confederación
Granadina (1857 1863); Estados Unidos de Colombia (1863 - 1886)
y República de Colombia (1886 al presente). Para simplificar,
usaré Nuevo Reino de Granada para la colonia y Colombia después
de 1810. La división del país en departamentos también
ha cambiado. Me ha parecido conveniente identificar las regiones
en forma parecida (pero no exactamente correspondiente) a las divisiones
regionales del siglo XIX (véase el capítulo primero).
El contexto regional es de importancia para analizar
las 17 novelas en los capítulos tercero a sexto. Sin embargo,
vale la pena indicar desde ahora que tres novelas son propiamente
"nacionales" en el sentido de que han llegado a todos los lectores
del país, más allá de las fronteras de su región:
María, La vorágine, y Cien años de
soledad. En consecuencia, una novela como La vorágine,
de hecho el primer "best seller" colombiano, motivó la publicación
de otras similares en regiones diferentes a la andina. Por tal razón,
estas tres novelas nacionales han sido incluidas en las cronologías
de cada región, que anexo al final de cada capítulo.
Entre los estudios críticos existentes
sobre la novela colombiana, Evolución de la novela en
Colombia (1957) de Antonio Curcio Altamar y La novela colombiana:
planetas y satélites (1978) de Seymour Menton, son
los antecedentes más importantes de este proyecto. Curcio
Altamar ofrece comentarios breves, o impresiones personales, sobre
la novelística de los siglos XIX y XX, mencionando más
de 500 obras. Menton analiza en detalle diez novelas, desde Manuela
(1858) de Eugenio Díaz, a El titiritero (1977) de
Gustavo Álvarez Gardeazábal. Otro libro básico
es Bibliografía de la novela en Colombia (1976) de
Ernesto Porras Collantes. Con frecuencia me refiero a estos libros
valiosos, ya que sin ellos, el presente estudio no se habría
podido llevar a cabo. Otros libros recientes, no tan completos como
los anteriores son los de Fernando Ayala Poveda Novelistas colombianos
contemporáneos (1983); Marvin Lewis, Treading the
Ebony Path: Ideolqgy and Violence in Contemporary Afro-Colombian
Prose Fiction (1987); Román López Tamés,
La narrativa actual de Colombia y su contexto social (1975);
y Bogdan Piotrowski, La realidad nacional colombiana y su narrativa
contemporánea (1988). Ninguno de los investigadores mencionados,
de Curcio Altamar a Piotrowski, han estudiado la ideología
ni la oralidad en Colombia en su contexto regional y moderno.
Algunos de los capítulos que componen el
presente libro han aparecido en formas o con énfasis diferentes:
"The Problem of Unity in Fiction: Narrator and Selfin María",
MLN, Vol 101, No. 2 March 1986, pp. 342 - 353; "La figura
del autor y del escritor en La vorágine", Discurso literario,
Vol. 4, No. 2, 1987, pp. 535 -551; "Structure and Transformation
of Reality in Álvarez Gardeazábal: El bazar de
los idiotas", Kentucky Romance Quarterly, Vol. XXVII,
No. 2, 1980, pp. 245 - 261.
Este proyecto ha sido auspiciado con becas de la Comisión
Fulbright de Colombia, The Joint Center for Latin - American Studies
de las universidades de Chicago e Illinois (Urbana), The Graduate
School de la Universidad de Washington en San Luis y por la Vicerrectoría
de la Universidad de Colorado en Boulder. En Colombia, la Biblioteca
Luis Ángel Arango, Instituto Caro y Cuervo, Banco de la República,
Biblioteca Piloto de Medellín, Centro de Historia de Buga,
Biblioteca del Atlántico, FAES en Medellín y Biblioteca
Nacional, y sus respectivos directores, me prestaron su apoyo cálido
y decidido. Numerosas personas en Colombia también me ofrecieron
su respaldo. Particularmente, quisiera agradecer a Belisario Betancur,
Ignacio Chaves, Darío Jaramillo Agudelo, Alfonso "pez Michelsen,
Otto Morales Benítez, Álvaro Pineda-Botero y Germán
Vargas. En los últimos quince años he tenido el privilegio
de entrevistar a la mayoría de los novelistas colombianos
vivos, desde el joven Héctor Sánchez quien orientó
mis primeras investigaciones para mi disertación doctoral
y con quien sostuve una nutrida correspondencia cuando él
vivía en Barcelona a mediados de la década de 1970,
hasta el presente, con el mundialmente famoso Gabriel García
Márquez, quien amablemente ha contestado mis preguntas en
más de una ocasión en los últimos años.
Mil gracias a todos ellos.
Presento también mi gratitud a numerosos colegas
y estudiantes -ellos saben quienes son- quienes han contribuido
a mi mejor conocimiento de la novela colombiana y a la preparación
de este libro. Particularmente agradezco a mis estudiantes de los
seminarios que sobre el tema he dirigido en los períodos
de otoño en 1983 y 1986 en la Universidad de Washington en
San Luis, y a los 18 estudiantes graduados en un seminario similar
en el otoño de 1988, en la Universidad de Colorado en Boulder.
1. Walter Ong, Oralidad y escritura,
tecnologías de la palabra, México, Fondo de Cultura Económica, La
noética se refiere aquí al proceso de conocimiento o a la aprehensión
intelectual. Este libro de Ong es una síntesis clara y sucinta de
las investigaciones que sobre oralidad y escritura han derrollado
el mismo Ong y otros investigadores, como Jack Goody y Marshall
McLuhan. Mis interpretaciones en este trabajo son en cierta forma
comparables a los estudios pioneros de Milman Parry, Allbert Lord
y Eric A. Havelok, aunque mi interés en ideología y narratología
marcan diferencias fundanentales en mis conclusiones. Pueden encontrarse
algunos trabajos de hispanistas sobre las baladas hispánicas en
el número especial de Oral Tradition, vol.2 Nos. 2-3 May - October
1987. Se encuentran múltiples referencias a la oralidad en la ficción
hispanoamericana; sin embargo, me parece que este es el primer trabajo
que estudia, en forma sistemática, la presencia de la oralidad en
un corpus significativo de la narrativa hispanoamericana. Vease,
Jack Goody (ed.), Literacy in Traditional Societies, Cambridge,
England, Cambridge University Press 1968; Marshall MeLuhan, The
Gutenberg Gakuy.- TheMakingof ypogra PhicMan, Toronto, University
oftoronto Press, 1962; Milman Perry, LEP pIhete traditionelle ~
Homére, lvris, Sociéte Editrice les Belles Lettres, 1928; Albert
Lord,'I'he Singer of Tales', Harvard Studies in Comparative Literatum
24, Cambridge, Mass., Harvard University Press-, 1960; Havelock,
Preface to Plato, Cambridge, Mass, Belknap Press of Hlarvard Press,
1963. Eric A. Havelock ofrece también un resumen sobre las tendencias
recientes de la Oralidad en la literatura en The Muse Learns to
Write: Reflections on Orality and Literacy from Antiquity to the
Present, New Haven and London, Yale University Press, 1986.
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2. Gérard Genette, Figures III,
París, Editions du Seuil, 1972; Shlomith Rimmon - Kenan, Narrative
fitcion, New York, Methuen, 1983. El libro de Genette, Figures III
apareció en inglés con el título de Narrative Discourse: An Essay
in Method, lthaca and New York, Cornell University Press, 1980.
Véase también Mieke Bal, Narratology. Introduction to the Theory
of Narrative, Toronto, University of Toronto Press, 1985 y Gerald
Prince, Narratology: The Form and functioning of Narrative, Berlin,
Mouton, 1982.
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3. Véase Terry Eagleton, Marxism
and Liter-ary Criticism, Berkeley and Los Angeles, University of
California Press, 1976 y Theory of Literature: An Introduction,
Minneapolis, University of Minnesota Press, 1983.
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4 Jane Tompkins, Sensational Designs:
The Cultura l Work of American Fiction, New York and Oxford, University
Press, 1985.
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5. Identificar como regionalista
'una novela, ha sido frecuentemente un gesto despectivo en la crítica
contemporánea, tanto en Colombia como en Estados Unidos. Por ejemplo,
Wendell Berry califica el término 'regional' como una forma de menosprecio
en The Regional Motive en A Continuous Harmony. Essays in Cultural
and Agricultura, San Diego, Harcourt, Brace, Jovanovich, 1970, pp.
63 - 70. Uso los términcs 'regional ' y regionalista' en este estudio
sin las connotaciones derogatorias que a menudo acompañan estas
palabras
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6. Entre las novelas publicadas
antes de 1957, año en que se imprimió el libro de Curcio Altamar,
casi todas las 17 seleccionadas para ser estudiadas en detalle en
este trabajo, fueron reconocidos por Curcio Altamar. Seis de las
diez novelas identificadas como Pianetas' por Seymour Meiiton ensu
libro La novela colombiana: planetas y satélites se resaltan en
este estudio. En su prólogo él se lamenta de no haber podido incluir
tres novelas, que son analizadas en este estudio: El alférez real,
Toá, y La casa grande.
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7. Uso el concepto de 'institucionalización'
de un valor literario en el sentido definido por Tompkins en el
capítulo VII,'But is it Any Good? 'en Sensational Designs: The Cultural
Work of american Fiction 1790-1860, New York and Oxford University
Press, 1985. La tipología del narrador propuesta por Genette y Rimmon
- Kenan conlleva el uso de cuatro conceptos básicos: "extradiegético-hetercodiegético",
"extradiegético-homodiegético", "intradiegético-heterodiegético"
y "intradiegético -homodiegético". Cada uno se refiere a un nivel
específico desde el cual el narrador narra y a su participación
en la historia. Un narrador que está "por encima " o en un nivel
superior a los hechos narrados, es "extradiegético", Genette Figures...
op. cit., pp. 255 -256, Rimmon - Kenan Narrative .. op. cit., p.
94. A esta categoría pertenecería el narrador de Tom Jones de Fielding
(1749), de Pere Goriot (1834) de Balzac, y de Cien años de soledad
de García Márquez (1967). Si el narrador participa también como
personaje en la primera narración contada por un narrador extradiegético,
entonces estará en segundo nivel, es decir, será un narrador intradiegético
(Genette Figures., op. cit., pp. 255 - 256; Rimmon - Kenan Narrative...
op. cit., p. 94). Tal es el caso de Marlow en Corazón de las tinieblas
de Conrad y del perdonador en The- Canterbury Tales. Rimmon - Kenan
explica que tanto los extradiegéticos como los intradiegéticos pueden
estar ausentes o presentes en la historia narrada. Un narrador que
no participa en la historia narrada se llamaría heterodiegético
(Genette Figures... op. cit., pp. 255 -256; Rimmon - Kenan Narrative...
op. cit., p. 95), en tanto que aquel que toma parte en ella, o que
por lo menos presenta alguna manifestación de su ser, es homodiegético.
Terry Eagleton, Theory of Literature, Minneapolis, University of
Minnesota Press, 1983.
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