Como se ha visto en las páginas que hemos dedicado a los
antecedentes de la novela hispanoamericana, a pesar de la abundancia
de obras de ficción no hay en realidad, hasta donde dejamos
nuestro estudio, un texto colonial que pueda llenar el vacío
que en el género novelístico presentan las letras
del Nuevo Mundo. Este vacío lo llena sin embargo, en mi concepto,
una obra virtualmente desconocida del escritor santafereño
Pedro de Solís y Valenzuela, ya que en el momento de redactar
estas páginas todavía se halla en proceso de publicación
en la Imprenta Patriótica del Instituto Caro y Cuervo: El
desierto prodigioso y prodigio del desierto, cuya composición,
a mediados del siglo XVII, la ubica cronológicamente
como la primera novela escrita por un criollo en la Nueva Granada
y como la primera novela hispanoamericana. Por su riqueza de elementos
y su complejidad narrativa ampliamente supera a todas las obras
de ficción anteriores a Pablo de Olavide y Fernández
de Lizardi, en quienes el género se define con mayor amplitud.
En la edición y estudio inicial de El desierto prodigioso
y prodigio del desierto ha trabajado un brillante grupo de
colaboradores, que inicialmente asesoró el Presidente Honorario
del Instituto Caro y Cuervo, doctor José Manuel Rivas Sacconi.
La edición del texto, en tres tomos, ha estado a cargo del
licenciado Rubén Páez Patiño cuya acuciosa
labor ha hecho posible la edición del primer tomo - el único
hasta ahora publicado y la preparación de los restantes,
en los cuales colaboraron Jorge Páramo Pomareda y Manuel
Briceño Jáuregui. En un volumen complementario -Estudio
históricocrítico de "El desierto prodigioso y prodigio
del desierto", de don Pedro de Solis y Valenzuela (1983)
, Manuel Briceño Jáuregui hace una presentación
muy completa y erudita del libro, particularmente en el aspecto
histórico, que me ha sido de mucha utilidad, pero no se propone
examinar a fondo la narrativa del santafereño, por lo cual
nuestro estudio constituye el primer ensayo que se escribe sobre
la novela de Pedro de Solís y Valenzuela, con la intención
específica de estudiarla en su dimensión literaria
y de demostrar que la obra es, en realidad, la primera novela hispanoamericana.
El lector encontrará información detallada sobre
la obra, su autor, la historia de los manuscritos, los personajes
que en ella aparecen, la familia de los Solís y Valenzuela,
el clima intelectual de la época, etc., en la Introducción
del primer tomo, preparada por Jorge Páramo Pomareda,
y especialmente en el libro citado de Manuel Briceño Jáuregui.
A estos trabajos remitimos a quienes quieran complementar lo que
aquí se diga relativo a la vida y obra de Pedro de Solis
y Valenzuela, ya que por razones de espacio, y para no desviarnos
del tema, limitaremos nuestras consideraciones a lo estrictamente
necesario.
El primero en informar sobre la existencia de El desierto
prodigioso y prodigio del desierto, obra conservada en la
Fundación Lázaro Galdiano, de Madrid, fue el presbítero
Baltasar Cuartero y Huerta en un artículo aparecido en Yermo
(1963), en el que la atribuye a Fernando (Bruno) de Solís
y Valenzuela. En un principio el Instituto logró la colaboración
de Cuartero y Huerta para la edición del texto, pero a la
muerte de este religioso el trabajo quedó en manos de una
comisión encabezada por Rubén Páez Patiño,
quien pudo determinar que el verdadero autor del libro era Pedro
de Solís y Valenzuela, hermano del anterior. El manuscrito
de Madrid, que inicialmente era el único que se conocía,
consta de XXII Mansiones. Más tarde se descubrió otro
manuscrito en Medellin, de elaboración posterior, gracias
a la diligencia de Olga Cock Hincapié, que sólo consta
de III Mansiones, las cuales presentan importantes variantes. Este
manuscrito reposa ahora en Yerbabuena. En la edición critica
del Instituto Caro y Cuervo el tomo I comprende las Mansiones I-XI,
del manuscrito de Madrid, y las restantes integran el tomo II. En
el tercero se incluyen las tres Mansiones del manuscrito de Yerbabuena,
algunas secciones de material suplementario y los índices.
Por su riqueza y contenido El desierto prodigioso constituye
uno de los textos fundamentales de la literatura colonial de Colombia
y dará tema para muchos estudios posteriores. Básicamente
es una obra narrativa, pero también incluye abundante poesía,
prosa ascética, biografía, teatro y varias leyendas
o cuentos, entre los que por lo menos uno tiene el carácter
de novela breve. De hecho, sin embargo, su importancia capital reside
en que la obra se perfila como el verdadero comienzo del género
novelístico en Hispanoamérica.
Pedro de Solís y Valenzuela (1624-1711) nació en
Santafé de Bogotá en el hogar del cirujano Pedro Fernández
de Valenzuela, oriundo de España, y de Juana Vásquez
de Solís, hija de españoles avecindados en la ciudad.
Entre los siete hijos de la familia hubo cuatro mujeres, con excepción
de una todas religiosas, y tres hombres, uno de los cuales muere
joven. Los otros fueron Fernando (Bruno) y Pedro que nació
cuando el padre estaba en edad muy avanzada. Como su hermano Fernando,
Pedro estudia en el colegio-seminario de San Bartolomé. Siendo
aún muy joven visita en compañía de su hermano,
un primo y varios amigos, el convento de frailes agustinos descalzos
que se conoce como El Desierto de la Candelaria, situado cerca de
Ráquira, en Boyacá. Parece que años después
(1638) nuevamente Pedro visitó el convento a raíz
del traslado, desde Villa de Leiva a España, del cadáver
incorrupto del Arzobispo Bernardino de Almansa, misión que
le habla sido encomendada a su hermano Fernando. Estos hechos, narrados
con relativa fidelidad, aparecerán en la novela.
No se sabe cuándo don Pedro se ordenó de sacerdote,
pero sí hay noticias de que tuvo a su cargo varias capellanías,
propias y ajenas (Usaquén, Tocaima, Soacha, Bosa, etc.),
cuyo cuidado le ocasionó numerosos litigios, y que entre
sus variadas ocupaciones estaba un negocio, con su amigo Fernando
Leonel, en unas minas de plata y esmeraldas en Somondoco. Mandó
construir, en unión de otros amigos religiosos, la Ermita
de Nuestra Señora de la Cruz de Monserrate. Desempeñó
altos cargos, como el de Capellán de don Gaspar Mena Loyola,
Capitán y Alférez real de la ciudad de Mariquita,
y fue además Notario del Santo Oficio de la Inquisición.
Al morir su padre (1660), recibió una herencia nada despreciable,
pues todos sus hermanos vivos se hablan retirado del mundo a una
vida religiosa. Sin duda poseyó una gran cultura, por lo
que puede apreciarse en las páginas de su novela. Se sabe
que donó 300 libros de tema religioso a la biblioteca de
la Ermita de Monserrate, y en un inventario de sus bienes figuran
libros más, 22 de tamaño pequeño. Casi todos
los títulos de su biblioteca son, sin embargo, de carácter
piadoso y se echan de menos muchos de los que se mencionan en El
desierto prodigioso y que debió haber conocido. A su
muerte dejó como heredera universal a la Virgen de Monserrate,
situada en la Ermita. Pidió ser enterrado en Monserrate,
si moría allí, o en el templo de las Nieves, donde
estaba la sepultura de sus padres y abuelos.
Pedro de Solís y Valenzuela escribió numerosas obras,
pero algunas de ellas, que eran más bien proyectos, se conocen
sólo por el titulo: una Retórica cristiana, El
despertador de la vida, Asombros de la muerte, etc.,
y la vida de una religiosa, Madre Sor Ana de San Antonio, que menciona
Briceño. Entre las publicadas, que ya se han localizado,
figuran, además de El desierto prodigioso, el sermón
Panegýrlco sagrado, en alabanza del serafín de
las soledades, San Bruno (Lima, 1646, 21 ed., Madrid, 1647),
hecho a instancias de su hermano, obra de juventud sobre la cual
dice Manuel Briceño: "Es un modelo de insoportable estilo
oratorio, alambicado, metafórico, eruditísimo, cargado
de citas escriturísticas, y clásicas en latín,
analítico, rellenado de sabiduría enfarragosa, de
que algunos predicadores sagrados hacian gala [... 1"; el Epítome
breve de la vida y muerte del Ilustrísimo doctor don
Bernardino de Almansa (Lima, 1646; 21 ed., Madrid, 1647),
ensayo biográfico "sacado de los escritos del Padre Don Bruno
de Valenzuela, Monje Cartuxo, su cronista"; la Fénix cartuxana:
Vida del gloriosíssimo Patriarca San Bruno (Madrid,
1647), dirigida como otras al caballero don Gaspar de Mena, obra
en octavas reales de la que por consejo de su hermano sólo
se imprimieron los dos primeros cantos, a pesar de que el bachiller
tenla escritos ya cerca de doscientos pliegos; y un Víctor
y festivo parabién y aplauso gratvlatorio a la Emperatriz
de los Cielos, Reyna de los Ángeles María Santissima
Señora Nuestra, en la Victoria de su puríssima
Concepción, que también se atribuye a Bruno.
De las circunstancias que acompañaron la publicación
de estas obras se colige que el hermano mayor fue critico y consejero
de Pedro y que a veces es difícil de precisar en ellas el
grado de colaboración de cada uno de los hermanos. Esto explica
el por qué de la atribución de El desierto prodigioso
a Bruno, de quien sospecho que pudo ser, junto con el padre
de los Solis, quien inspirara la novela. Tampoco seria muy aventurado
suponer un posible aporte de Bruno en la corrección o elaboración
de algunas partes de la obra.
El titulo de la novela de Pedro de Solis y Valenzuela, El desierto
prodigioso y prodigio del desierto, revela la filiación
barroca del texto, pues claramente establece un juego conceptista,
enmarcado en la palabra desierto, con referencia al convento
de los agustinos recoletos de Nuestra Señora de la Candelaria
y sus alrededores, que vinieron a conocerse como Desierto de la
Candelaria, por la soledad y retiro de anacoretas en que vivían
los frailes de la orden. En cuanto a los prodigios de ese desierto,
son muchos, particularmente los que ocurren en la cueva del ermitaño
Arsenio donde, desde el principio de la novela, suceden cosas extrañas.
Los perros del joven Andrés, que penetran con su amo en la
cueva persiguiendo a un ciervo, al rato ya no se dan cuenta de la
presencia del animal. Andrés llama al lugar "desierto prodigioso"
y cree que puede producir una renovación espiritual en las
gentes:
[... ) se levantó y miró que el perseguido ciervo,
causa de tanto bien, servía de hermoso tapete al altar, pues
yacía al pie dél con notable quietud y sosiego. Y
admiró otro prodigio: que habiendo entrado con él
sus perros, o no le vían, o estaban como en el arca de Noé,
pues con la misma quietud y sosiego descansaban. Todo cuanto veía
en más admiración le arrebataba. ¡Oh desierto prodigioso!
(clamó a voces). ¡Oh misteriosa cueva! ¡Oh sepulcro venturoso
que a los muertos das vida, y a los vivos trasladas a la gloria!
Sin embargo el sintagma "desierto prodigioso" no adquiere verdadero
carácter de título hasta la Mansión XXI, cuando
los jóvenes protagonistas ya han regresado de su aventura
y cuentan a sus padres los prodigios que han visto en el Desierto
de la Candelaria. El padre en un principio no los quiere oír,
pero luego los admite en su presencia y bautiza el convento con
el nombre de "Desierto Prodigioso":
Con la madre, que era santa señora, empezaron Don Fernando
y Pon Pedro a razonar sobre las cosas que habían visto en
aquel desierto que, pareciéndole cosas de prodigio, avisó
a su Padre de las pláticas que traían sus dos hijos
y del empleo que había hecho su primo Don Andrés;
conque, por oírlos con más fundamento, les franqueó
su gracia y solía llamarlos diciendo: vengan los mancebos
a contarnos maravillas del Desierto Prodigioso, título que
justamente tiene esta historia por habérsele puesto quien
tan bien la supo admirar 65
En cuanto a la segunda parte del titulo, "prodigio del desierto",
Jorge Páramo Pomareda opina que se refiere al monje San Bruno,
fundador de la Cartuja, lo cual es probable, pero me inclino a pensar
que hay varios prodigios y no uno solo. Los principales serían
los que experimentan las vidas de Andrés y Fernando, quienes
adquieren la vocación religiosa a raíz de sus experiencias
en el Desierto de la Candelaria, hecho en el cual tienen papel muy
importante otros "prodigios" de la cueva: el ermitaño Arsenio
y sus cartapacios.
El desierto prodigioso por su contenido y desmesura es obra
del barroco. Más aún, una novela manierista~barroca
cuyas características se ajustan a los modelos narrativas
de la época en los que se mezclan la prosa y el verso y se
introduce, como complemento, un abigarrado material compuesto por
relatos breves, cartas, biografías, anécdotas, meditaciones,
etc., todo ello con el propósito de presentar una visión
completa, y compleja, del mundo novelado. Esto desde luego constituye
un aspecto negativo para el lector moderno, por lo cual estos textos
de ordinarios deben someterse a una poda del material superfluo,
o no pertinente al desenvolvimiento de la acción narrativa,
aunque los cortes -de suyo arbitrarios- despojen a la obra de algunos
de sus elementos constitutivos. Para El desierto prodigioso se
hace necesaria, pues, como para otros textos coloniales, una edición
expurgada en la cual se omita lo que no pertenece propiamente a
la trama de la novela. De esta manera podrá apreciarse mejor
su unidad narrativa y su valor como obra de ficción.
En su esquema externo (y sin olvidar que el manuscrito de Yerbabuena
introduce variantes y cambios en las primeras tres Mansiones), la
obra presenta en sus páginas preliminares una Dedicatoria
en verso dirigida a don Melchor Liñán y Cisneros,
Presidente de la Real Audiencia, que está incompleta (ms.
de Yerbabuena), varias composiciones laudatorias en verso, de acuerdo
con el uso de la época, de las cuales en nuestra edición
sólo se incluye un soneto de D. Gaspar Agustin de Lara, En
loor del libro intitulado Desierto prodigioso, y un laberinto,
probablemente obra de Bruno, dedicado a su hermano Pedro, cuya solución
es:
Don Pedro de Valenzuela sois Apolo sin segundo, nuevo Parnaso fecundo'
Que con veloz fama vuela.
Este laberinto ofrece algún interés, pues además
de constituír un elemento adicional barroco, muestra el carácter
de acertijo, o de realidad disfrazada o encubierta, que puede tener
la obra.
No todo lo que contienen los manuscritos es de la pluma de don
Pedro. Entre las numerosas composiciones en verso que aparecen en
el texto, algunas pertenecen a los personajes históricos
de la novela y otras a poetas españoles. Casi en su totalidad
la poesía es de índole religiosa o moral, e incluso
hay algunas piezas latinas. Tampoco son del autor las meditaciones,
las cuales, según El desierto prodigioso, fueron copiadas
por Arsenio de un libro titulado De Sacramentis. Respecto
a la biografía de San Bruno, la historia de la Cartuja, las
narraciones breves, las piezas de teatro, etc., lo más probable
es que hayan sido tomadas de fuentes diversas o adaptadas por el
autor. Caso especial entre las narraciones breves es la historia
de Pedro Porter, que posiblemente sea una leyenda medieval, la cual
Solis incluyó con algunos cambios, a pesar de que en la novela
Arsenio afirma que la leyenda ("atestiguada" por fray Alonso Cano
y por el abad de Burgos, Francisco Lerma, personajes reales) habla
sido transcrita de una copia auténtica que reposaba en la
Cartuja del Paular. En la historia de Pedro Porter no se percibe,
por otra parte, un cambio estilístico que contraste marcadamente
con el texto en general, y el relato revela un conocimiento profundo
de los manejos legales a que era tan dado el bachiller Solis.
En realidad en este libro algunas atribuciones de autoría
deben tomarse con mucha cautela, pues a veces están equivocadas
como parte de un juego en el que lo ficticio se torna real y la
realidad se trastrueca en fantasía. Hay una lamentable laguna
de 65 páginas en la Mansión X: una comedia, El
hostal, que se perdió antes de la actual encuadernación
del manuscrito de Madrid, que consta de un total de 1.122 páginas.
La novela de Solis aparece dividida en XXII Mansiones de irregular
extensión, las cuales corresponden a capítulos, o,
más exactamente, en el sentido en que el término se
usa en la obra, a "ratos de esparcimiento religioso y literario,
descansos o permanencias, que hoy llamaríamos sesiones".
En general las Mansiones se inician al alba o en las horas de
la mañana, y terminan al anochecer con la advertencia al
lector -recurso posiblemente derivado de la poesía épica-
de descansar para que de esta manera esté preparado para
la próxima. La última Mansión (XXII) termina
abruptamente, sin que se sepa si el autor escribió una continuación
del libro.
La trama argumental, resumida en forma sintética para llenar
el vacío de algunas de las partes de la obra que se han omitido,
y presentar así un desarrollo coherente de la novela, permitirá
una aproximación inicial al mundo de ficción de El
desierto prodigioso.
Cuatro jóvenes de alto nivel social: los hermanos Fernando
y Pedro, su primo Andrés y un amigo, Antonio, salen de cacería
por la región del Desierto de la Candelaria, cerca de Ráquira,
durante las vacaciones de diciembre. Uno de ellos, Andrés
persecusión de un ciervo, penetra con sus . que va en perros
en una cueva donde encuentra inscripciones en verso, objetos de
devoción, un esqueleto, cilicios, una calavera, etc., y un
cartapacio con versos y meditaciones sobre la muerte. El joven se
conmueve profundamente y hace el propósito de cambiar de
vida e imitar al morador de la cueva. Escribe varias poesías
que deja en el recinto, y como su dueño no regresa, sale
llevándose el cartapacio. Lo reciben alegremente sus compañeros
y por la noche relata a Fernando lo sucedido. Al día siguiente
Andrés pone en conocimiento de los otros la existencia de
la cueva y se dedican, en un lugar ameno, a leer los papeles del
cartapacio y a escribir versos que incluyen en el mismo cuaderno.
Mientras tanto el morador de la cueva ha regresado y encuentra unas
armas ' que Andrés dejó olvidadas, y los versos que
escribió. Decide quedarse en el recinto esperando a que regrese
el propietario de estas cosas.
Los jóvenes, guiados por Andrés, llegan a la cueva
y conocen a Arsenio, el anciano ermitaño, quien se emociona
al escuchar un poema de Andrés a Cristo Crucificado y al
notar en él vocación religiosa. A petición
de los jóvenes, comienza a contar su vida de pecador mundano
e intercala la historia de su amigo Leoncio, quien es ejecutado
por haber dado muerte a su esposa. Al día siguiente Arsenlo
y Andrés visitan el vecino convento de la Candelaria. Andrés
logra, por intercesión del ermitaño, ser aceptado
como fraile en el convento. Recibirá el hábito próximamente.
A su regreso, todos se dedican a escribir versos. El joven Fernando,
que ha sentido deseos de hacerse cartujo, se inspira en San Bruno,
en tanto que Andrés dedica sus versos a San Agustín.
Arsenio continúa el relato de su vida y cuenta, en sonetos,
la historia del hijo pródigo para relacionarla con su propia
experiencia. Una noche, estando con Pedro Padilla, otro amigo de
libertinaje, se les aparece un caballero sin cabeza, en quien Pedro
reconoce al ajusticiado Leoncio. Se arrepiente y entra en la orden
de los carmelitas descalzos. Arsenio, que aún no se ha reformado,
se casa con la joven Leonor Federici (Delia) y por un tiempo es
feliz. Sin embargo Leonor muere dejando una hija recién nacida
(Clori). Vuelve entonces Arsenio al libertinaje y se enamora perdidamente
de su prima Casimira, que vive en un convento al cuidado de una
tía. Le confiesa su amor, pero la joven lo rechaza, pues
ama a otro. Muerto de celos, Arsenio urde un astuto plan y después
de haber dejado a Clori en el convento con la tía, rapta
a Casimira, la obliga a que se vista con ropas de varón,
le cambia el nombre por el de Ascanio y en un buque fletado en Cádiz
se dirige con ella a América en donde espera recobrar cuantiosas
deudas. Durante el viaje, ya cerca de Cartagena, hay una terrible
tempestad que deja la nave muy maltrecho. Los pasajeros salvan la
vida y expresan su arrepentimiento. Arsenio interrumpe aquí
el relato y al día siguiente entrega a Fernando otro cartapacio,
con nuevas meditaciones, cuya lectura los impresiona vivamente.
El ermitaño comienza entonces a contar la extensa leyenda
de Pedro Porter, quien visitó en vida los infiernos guiado
por el demonio. El relato se prolonga durante la travesía
al Convento de la Candelaria, donde Andrés toma el hábito
de San Agustín (24 de diciembre), hecho que emociona a su
primo Fernando. Hay festejos, celebraciones, despedidas, y la representación
de una comedia, El hostal, que no se conserva en el manuscrito.
El Prior del Convento y sus invitados van a visitar las cuevas
donde vivieron los fundadores del monasterio. Componen y recitan
versos y el Prior narra la historia del Convento de la Candelaria.
Al otro día, cerca de la laguna de Ráquira, Arsenio
hace una larga narración (Mansiones XII-XVIII), que se omite
en nuestra edición, sobre el origen de la vida anacorética,
la historia del monacato y la vida de San Bruno.
Arsenio retorna el relato de su vida: Después de la tempestad,
caen en manos de piratas holandeses, a pesar de una brava lucha
en la que muere don Lope (Vicente, un primo suyo que lo acompaiía),
y donde él mismo queda mal herido. Compone entonces un soliloquio
en que pide perdón a Dios. Los piratas, apiadados, los dejan
en tierra, cerca de Cartagena, y allí se refugian en una
choza de pescadores. Ascanio (Casimira) cuida de Arsenio, pero después
de unos días desaparece. Éste la busca desesperadamente
y al fin la encuentra en una gruta, dedicada a la penitencia. Arsenio
le pide perdón y le ofrece unos diamantes, que ha traído
atados al cuerpo, los cuales en un principio ella rechaza, pero
finalmente acepta. Casimira revela que ha conocido a un vicio ermitaño,
quien, al enterarse de su condición de mujer, ha ido a Cartagena
a conseguirle plaza en un convento. Pero se necesita una dote, y
precisamente los diamantes de Arsenio le servirían. Van luego
a visitar al anciano, que ya ha regresado, y éste le aconseja
a Casimira que huya y que se dirija al convento en Cartagena. Así
lo hace ella y Arsenio la busca afanosamente sin poder hallarla.
Una noche, en medio de una tempestad, encuentra refugio en el tronco
de un árbol hueco. Se queda dormido y sueña que ha
bajado al sepulcro de Casimira donde ve su cuerpo comido por los
gusanos. Al despertar se da cuenta de que la piedra donde ha descansado
la cabeza es una calavera. Arrepentido, decide quedarse allí
en penitencia y al cabo de dos años sale en busca del viejo
ermitaflo que protegió a Casimira. Cuando lo encuentra, el
anciano le hace saber que su prima profesó de clarisa en
el convento de Cartagena. El viejo ermita5o también se llama
Arsenio y convence al joven de que se dedique a la vida de penitente
como lo ha hecho él. Después de indicarle el camino
a Cartagena, muere, dejándolo heredero de su nombre y de
sus pertenencias, incluso versos suyos y de Casimira. Lo entierra
en la misma cueva y, cuando y han pasado dos años, sale a
rescatar sus dineros con el fin d estudiar y prepararse para la
vida religiosa. Vistiendo los harapos del viejo ermitaño,
Arsenio va al convento a ver a Casimira, quien le cuenta su vida
y le da 500 ducados que le sobraron de su dote. Con estos dineros,
y lo que logra recuperar de su hacienda, envía dinero a su
hija Clori, monja ahora en España, estudia y se ordena de
sacerdote. Hace enterrar los restos del viejo Arsenio en el convento
de Casimira y celebra a menudo misa en la Popa, donde viven los
agustinos recoletos. Por ellos tiene noticias del Desierto de la
Candelaria y allí se dirige a pasar en oración el
resto de su vida. De esto hace doce años, pero ahora quiere
entrar en la orden de los agustinos y así lo suplica al Prior
que está presente. Lo aceptan y toma el hábito con
el nombre de Arsenio de San Pablo.
Ya es tiempo de que los jóvenes vuelvan a Santa Fe, pues
sus padres los esperan con ansiedad. A su regreso, se acentúa
el deseo de Fernando de entrar en la Cartuja. La oportunidad se
presenta al ser comisionado para llevar a España el cuerpo
incorrupto del Arzobispo Almansa. Con este motivo los jóvenes
viajan a Villa de Leiva, ya convertidos en personajes históricos:
Fernando y Pedro de Solis y Valenzuela, el pintor Antonio Acero
de la Cruz. Andrés, que está en el monasterio, es
Andrés de San Nicolás. En el curso de las despedidas
vuelven a visitar el Convento de la Candelaria donde hay oficios
religiosos y representaciones de piezas teatrales y de un auto sacramento].
Fernando viaja a España, pasando por México, y en
Madrid entrega el cuerpo del Arzobispo. Viene luego un período
de libertinaje de Fernando en la Corte, hasta que por fin decide
entrar en la Cartuja después de la conversión de su
compañero jacinto y de la muerte trágica de un amigo.
La noticia de la toma de hábito llega a Bogotá v es
celebrada en poemas, cartas y elogios. El padre de los Solis hace
testamento y se retira a vivir como ermitaño en Guaduas.
Un día llega correo de Fernando, que ahora se llama Bruno,
y con este motivo Pedro, Antonio y unos religiosos van a visitar
al anciano padre para hacerle conocer el contenido de las cartas.
Por la noche los visitantes, excepto Pedro, se encaminan al cercano
Convento de San Francisco en Guaduas y quedan solos padre e hijo,
circunstancia que aprovechan para hablar sobre Bruno y contestar
el correo. Por la mañana se dirigen al convento, pero antes
de llegar los alcanza un mensajero con una carta, enviada por Andrés
desde el Convento de la Candelaria, en la que cuenta la muerte de
fray Arsenio de San Pablo. Se celebran honras fúnebres en
su honor y después Pedro hace una sucinta relación
de la vida de Arsenio, por la que se sabe que Casimira también
ya ha pasado a mejor vida. La novela termina abruptamente cuando
Pedro está leyendo la carta de Andrés en que éste
relata el fin de Arsenio.
Como puede notarse en esta apretada síntesis, el contenido
novelesco de El desierto prodigioso -haciendo caso omiso
del elemento superfluo- es de gran interés narrativo y supera
todas las obras que hemos comentado en la primera parte de este
ensayo. Aquí ya hay una verdadera novela.
Fácilmente se perciben en el relato tres niveles narrativas
que se entremezclan y complementan entre si, el primero de los cuales,
y el más importante, corresponde al personaje central de
la novela, Arsenio, que domina toda la obra. Un segundo plano narrativo,
relacionado con la realidad histórica, es el de los cuatro
jóvenes (uno de ellos el mismo autor del libro), que le infunde
verosimilitud al relato, así como ambiente piadoso y de vocación
religiosa, muy de acuerdo con la índole del barroco y con
las normas de composición prevalentes en esa época.
El segundo plano narrativo resulta más bien un pretexto y
funciona como marco externo de la verdadera acción novelesca,
que se centra en el ermitaño. Un tercer nivel seria el correspondiente
a los relatos de Arsenio que no son parte integrante de su vida
(la leyenda de Pedro Porter y la historia del monacato y de San
Bruno, especialmente), que también tienen, a lo menos en
parte, realidad histórica, o son atestiguadas como verídicas,
las cuales acentúan el carácter de verdad que se quiere
dar a la obra. El cuento de Pedro Porter ofrece, como veremos, especial
interés por sus elementos fantásticos y porque constituye
el caso particular de una novela dentro de otra novela.
Otro aspecto que resalta en el resumen que presentamos es la simetría
de la obra y el sentido de composición que preside su estructura,
la cual mayormente depende de las acciones del personaje principal.
Nótese que la novela se inicia con la presencia de Andrés
en la cueva del ermitaño y que termina con el anuncio del
mismo Andrés sobre la muerte de Arsenio, que de principio
a fin constituye el eje de la novela. En mi concepto, y a pesar
de que varias veces Solis promete que escribirá una segunda
parte de El desierto prodigioso, esto no puede ser posible,
pues con la muerte de Arsenio se acaba la novela y se acaba la obra.
El fin parece abrupto porque faltan las últimas palabras
de una carta; pero las que se omiten sobran, pues el sentido está
completo, como también está completa la estructura,
ya que con la muerte de Arsenio se termina la cerrazón del
círculo.
El desierto prodigioso es una novela abierta, manierista-barroca,
del tipo de las ejemplares, pero mucho más compleja que éstas,
ya que presenta rasgos que se asocian con los libros bizantinos
de aventuras, el relato histórico, el ambiente idílico
pastoril, los episodios macabros de la literatura gótica
y la sensiblería de la novela sentimental. Por su índole
podría clasificarse, de acuerdo con las categorías
de Kayser, en novela de personaje, teniendo en cuenta que su estructura
y el hilo narrativo, como ya se ha observado, dependen de las acciones
del héroe que -en el a terminología de Lukács-
busca como agonista problemático un valor auténtico
(en este caso el religioso) en un mundo degradado. No llega a convertirse,
por fortuna, en novela de tesis, pero es claro que la vocación
religiosa de dos jóvenes (Andrés y Fernando), el retiro
al yermo del anciano padre de los Solis, las numerosas conversiones
que hay en la obra, y la vida y labor proselitista de Arsenio, indican
que el propósito del libro, ceñido al ideal barroco,
se dirige a exaltar la búsqueda de Dios a través de
la oración, la penitencia y la vida religiosa. El espíritu
ascético se proyecta no sólo como el desideratum
de los personajes, y desde luego del mismo autor, sino como
elemento integrador de una visión barroca del mundo en la
que predominan la reflexión sobre el destino humano y la
obsesión por la muerte.
Arsenio sirve como núcleo de la acción y de la trama
y su presencia se hace sentir a través de toda la novela,
a pesar de que físicamente su primera aparición no
ocurre hasta la Mansión IV, cuando los jóvenes, guiados
por Andrés, penetran en la cueva:
Vieron luego un venerable viejo arrodillado sobre una rambla de
piedra que formaba el risco, tan amarillo, flaco y macilento, que
más parecía retrato de la muerte que cuerpo de mortal
criatura. Era una túnica de sayal pardo su débil tumba;
el rostro, hermoso en las facciones, aunque tostado de los rigores
del sol; los labios, de color de cárdenas violetas; la barba,
blanca, crecida y larga; los ojos, cerrados; juntas las manos, cuyos
nervios parecían de silvestres raíces. Finalmente
todo su cuerpo era un original muerto y una imagen viva del rigor
y de la penitencia.
Cuando no aparece físicamente, su cueva "prodigiosa", o
diversos objetos suyos lo representan: los versos, las inscripciones,
los cilicios, un cristo y, especialmente, los cartapacios que desempeñan
una función muy importante en la obra y que actúan
como motivo recurrente que incide en la misma estructura del texto.
Arsenio es el único personaje cuyo verdadero nombre se desconoce,
y hasta la Mansión XX no sabemos que el que usa lo ha heredado
del otro Arsenio, el protector de Casimira, quien lo indujo a seguir
la vida anacorética. Hay aquí un claro desdoblamiento
de personaje, común en la novela bizantina, hecho que tiene
secuela, pues nuestro Arsenio a su vez presta su nombre a Don Jacinto,
compañero de Fernando, que lo adopta al reformarse y entrar
en la orden del Carmelo (Mansión XXI). Esto desde luego implica
que los ermitaños no van a desaparecer y que la vida en el
yermo continuará indefinidamente. Arsenio es asimismo, entre
los protagonistas principales, el único que no tiene dos
nombres: el real y el ficticio y el único, por lo tanto,
que no representa una figura histórica, a pesar de que se
ha querido ver en él a fray Domingo de Betanzos. Manuel Briceño,
en su excelente trabajo ya citado, confirma con lujo de detalles
la realidad histórica de los personajes que hemos ubicado
dentro de la esfera del segundo plano narrativo de la novela. Estos
protagonistas durante casi toda la obra se conocen sólo por
sus nombres, pero en la Mansión XXI, ya casi para finalizar
el libro, adquieren plena realidad histórica y figuran también
con el apellido: Fernando (Fernando de Solis y Valenzuela, que luego
cambia su nombre por el de Bruno), Pedro (Pedro de Solis y Valenzuela,
que es a la vez autor y personaje), Andrés (Andrés
de San Nicolás) y Antonio (Antonio Acero de la Cruz, el pintor).
Sin embargo esta doble perspectiva de lo ficticio y lo real, unidos
en una persona, también ocurre con otros protagonistas, lo
cual revela que la novela presenta el perspectivismo barroco y que
en El desierto prodigioso predomina una estructura binaria
que en varios aspectos multiplica las relaciones duales. Ellas son
numerosas y en su mavoría provienen de la dualidad básica
de la obra, historia~ficción, y de los elementos concomitantes
en el plano real y el evocado. Las relaciones binarias a veces son
antitéticas y emergen del contraste o antagonismo entre dos
ideas: vejez-juventud, virtud-pecado, libertinaje-ascetismo, amor
humano-amor divino. cielo-infierno, etc. Empero el dualismo puede
ser accidental o presentarse de minera fortuita: son 2 los hermanos
Solis que aparecen en la novela; hay 2 Pedros en la familia, padre
e hijo. Arsenio en su juventud tiene 2 amigos de libertinaje, uno
de los cuales también se llama Pedro, y en el viaje a América
va en compañía de 2 primos: Casimira v Don Lope; hay
2 momentos claves en el gradual arrepentimiento de Arsenio que ocurren
cuando se desatan terribles tempestades, etc. En cuanto al dualismo
en otros personaies, se insinúa a partir del nombre: Casimira
(mujer) se convierte en Ascanio (hombre); Leonor Federici, esposa
de Arsenio, es llamada Delia; jacinto cambia su nombre por el de
Arsenio. En otros casos el cambio puede deberse a un descuido
del autor, o del Nicolás) y Antonio (Antonio Acero de la
Cruz, el pintor). Sin embargo esta doble perspectiva de lo ficticio
y lo real, unidos en una persona, también ocurre con otros
protagonistas, lo cual revela que la novela presenta el perspectivismo
barroco y que en El desierto prodigioso predomina una estructura
binaria que en varios aspectos multiplica las relaciones duales.
Ellas son numerosas y en su mavoría provienen de la dualidad
básica de la obra, historia~ficción, y de los elementos
concomitantes en el plano real y el evocado. Las relaciones binarias
a veces son antitéticas y emergen del contraste o antagonismo
entre dos ideas: vejez-juventud, virtud-pecado, libertinaje-ascetismo,
amor humano-amor divino. cielo-infierno, etc. Empero el dualismo
puede ser accidental o presentarse de minera fortuita: son 2 los
hermanos Solis que aparecen en la novela; hay 2 Pedros en la familia,
padre e hijo. Arsenio en su juventud tiene 2 amigos de libertinaje,
uno de los cuales también se llama Pedro, y en el viaje a
América va en compañía de 2 primos: Casimira
v Don Lope; hay 2 momentos claves en el gradual arrepentimiento
de Arsenio que ocurren cuando se desatan terribles tempestades,
etc. En cuanto al dualismo en otros personaies, se insinúa
a partir del nombre: Casimira (mujer) se convierte en Ascanio (hombre);
Leonor Federici, esposa de Arsenio, es llamada Delia; jacinto cambia
su nombre por el de Arsenio. En otros casos el cambio puede deberse
a un descuido del autor, o del copista: Rosalinda, esposa
de Leoncio, se conoce luego como Roselia, el primo de Arsenio, que
muere valientemente en el ataque de los piratas, primero es Lope
de Avalos (Mansión VI), de los piratas, primero es Lope de
Ávalos (Mansión VI), para convertirse después
en Don Vicente (Mansión XIX). Esta doble perspectiva en que
se ven muchos de los protagonistas, y aun los animales (el ciervo
de la primera Mansión es posteriormente una cierva), también
constituye una característica del barroco que disfraza la
realidad, tiende al ocultamiento y aspira a dar una visión
más completa del mundo. Los personajes llevan máscaras
y sólo revelan un aspecto de su "yo". La lectura llega así
a convertirse en juego o en desvelamiento de un acertijo. Cambiando
o invirtiendo el orden de las letras de los nombres de Arsenio y
Casimira, tendríamos Seran-io (¿Serán yo?) y Casimira
(o Casí - mía). ¿Indicará esto que los
personajes ficticios de la novela, Pedro y Arsenio, corresponden
al Pedro real, el autor de El desierto prodigioso, y que
Casi-mira fue la que casi fue seducida por el amante
apasionado? Puede haber varios laberintos en este desierto, que
piden una solución, tales como el que Bruno dedica a Pedro
y que aparece en los preámbulos de la novela, y el que escribe
Antonio en la última Mansión.
Arsenio actúa como vínculo o puente entre los tres
planos narrativas mencionados atrás. Todos los protagonistas
principales de una manera u otra dependen de él y a veces
intervienen en grupo, a la manera de un coro, alabando o comenta,ndo
lo que él y otros dicen, leen o escriben. A Arsenio se deben
los dos grandes "prodigios" aue en el aspecto re]¡-aioso tienen
lugar en la obra: la vocación religiosa de Andrés
y Fernando, que los lleva al sacerdocio, hecho que viene a ln'cidir
en la vida de otros personajes que también toman el hábito
o se dedican a la penitencia. Aparentemente la vida de Arsenio,
su presencia, tiene como función transformar el mundo degradado
mediante la conversión de pecadores o libertinos, como en
su juventud lo fue él, en seres creyentes y piadosos y encaminar
a los jóvenes hacia la vocación religiosa.
Andrés sufre una transformación milagrosa en la cueva
de Arsenio. La visión del crucifijo y la lectura de las inscripciones
y de los versos lo hacen pensar sobre el destino del hombre: "No
hay más qué saber y aprender que estar prevenidos
para la muerte". Decide entonces cambiar la vida mundana por la
anacorética:
Muere el profano, el licencioso, cuando de su cuerpo se desata
el alma; mas el cuerdo, el prevenido, el virtuoso ¿cómo puede
morir? Destos quiero ser; mi vida he de concertar, mi alma he de
disponer. ¡Afuera, mundanas glorias! ¡Acábense ya las vanidades,
las mundanas pompas, los deseos de honras y dignidades y regalos.
Todo se ha de acabar y desde aquí se acabó para mí.
Tal mudanza, tal desprecio de las pompas temporales no se aprende
en la escuela de la vanidad; no en el mundo, sino en el desierto.
Andrés saca de la cueva un cartapacio manuscrito cuyo título
principal reza: Desengaño de la humana vida. Estos
cuadernos de Arsenlo, que el joven lleva para que los conozcan sus
amigos, serán el instrumento para lograr las conversiones
y para que los más empedernidos muden de vida:
[ ] Dios N. Señor ilustró mi entendimiento en aquella
venturosa cueva, con lo visto y leído en ella, estos papeles
(sacándolos del pecho), dijo, que saqué de ella, pasman
y asombran todo humano entendimiento, y más duro será
que los bronces y que los pedernales duros, quien, leyéndolos,
no mudare de vida, Aquí tiene Dios un tesoro escondido para
llamar a los rebeldes y ablandar a los empedernidos corazones [...
]
El cartapacio es leído por Fernando en un lugar ameno ante
sus jóvenes amigos, quienes componen versos alusivos a los
poemas que escuchan. El sitio recuerda el medio ambiente en que
se mueven los personajes de la novela pastoril a lo divino. Luego
Fernando lee las primeras meditaciones de la muerte, que están
en el cartapacio, y sus compañeros, emocionados y compungidos,
añaden composiciones en el cuaderno usando tinta extraída
del árbol drago. El efecto de las meditaciones en Andrés
y Fernando es sorprendente, pues parecen transformados. Durante
el regreso a la casa de campo van
[ ] discurriendo y hablando entre sí, no como antes
solían, de cosas profanas e inútiles, comunes y propias
de la juventud mal enseñada, sino de cosas profundas y de
mucho peso y momento, como eran de mudar de vida y de ajustarla
al servicio y agrado de Dios N. Sr. y al aprovechamiento de sus
almas. ¡Oh lo que pueden las buenas compañías! La
de aquel maravilloso cartapacio había obrado esta tan súbita
mudanza en aquellos tiernos corazones que, retocados de visos celestiales,
prometían en lo que trataban, sazonados frutos.
El efecto que ejerce la lectura de los cartapacios en Fernando
se acentúa grandemente después de que éste
lee ante Arsenio y los jóvenes amigos las meditaciones sobre
el juicio. La emoción es tal que Fernando pierde el conocimiento:
Hasta aquí leyó Don Fernando y, acabadas de pronunciar
estas palabras, se le hizo un ñudo en la garganta, que no
pudo más articular la voz, y acompañando el
interior sentimiento a las exteriores muestras, robado el color,
se reclinó sobre la fuente quedando amortecido.
La toma de hábito de Andrés es un ejemplo que Fernando
quiere emular. Después de la ceremonia los jóvenes
y Arsenio se acercan para felicitarlo. A la emoción de Fernando
se suma la alegría y satisfacción de Arsenio, que
ha sido la causa del despertar de esta vocación:
Dichoso mil veces, mil veces dichoso, primo mío - le dice
Fernando - que así has sabido dar logro a tus años.
Corónete el Cielo de bendiciones, pues ha[s] sabido escoger
lo cierto dejando el engañoso mundo. Pasó a abrazar
a Dn. Pedro y Antonio que, llenos de lágrimas, le dieron
colmados parabienes. Y Arsenio, que era el feliz instrumento desta
vocación, estaba que no cabía de gozo, como presentándole
a Dios aquella alma y también bañaba en lágrimas
sus venerables canas.
Desde niño Fernando habla sido devoto de San Bruno, pero
su decisión de hacerse cartujo tomó cuerpo con la
lectura de las meditaciones y con el relato que, a petición
suya, hizo Arsenio de la fundación de la Cartuja y los primeros
años de la vida religiosa del santo. De nuevo Arsenio lograba
inspirar una vocación:
No es ponderable el santo fervor que en los generosos corazones
de aquellos mancebos había excitado Arsenio con su relación.
Renováronse los propósitos concebidos a la luz de
aquellas primeras meditaciones de la muerte, juicio e infierno,
y ocupados en varios pensamientos, luego que llegaron a la quinta,
Fr. Andrés se puso a ayudar a rezar a su superior. Don Fernando
se quedó en el campo con solo Arsenio comunicando negocios
de su alma, y aquí fue la primera vez que le declaró
cómo tenía firme pro sito de ser monje cartujo, aunque
para conseguirlo pasase los mares [... ]
Arsenio recibe el hábito de San Agustín y se retira
a la vida de obediencia, acompañando a Andrés; sin
embargo no por esto su influencia es menor en los personajes de
la novela a través de los cartapacios que lo representan.
Cuando los jóvenes regresan a Santa Fe de Bogotá,
Arsenio le da a Fernando el cuaderno de las meditaciones de la muerte,
juicio e infierno, que éste "estima por joya inestimable",
el cual va a seguir produciendo numerosos "prodigios". Antes de
partir para España, la lectura del cartapacio hace que su
amigo don Juan, un amante celoso que quería matar a su rival,
se arrepienta y tome el hábito de San Francisco, y que un
anciano y sus hijos, don Martín y don Joseph, decidan entrar
en la vida religiosa. El anciano muere, pero los dos hijos profesan
en la orden de Santo Domingo, para morir poco después. A
causa de estos "milagros", Fernando bautizó el libro con
el nombre de El cartapacio de las conversiones (Mansión
XXI), y se aprendió algunas páginas de memoria con
el fin de usarlas en sus sermones, uno de los cuales movió
a unas hechiceras a confesar sus culpas ante la Inquisición,
por lo que el joven Fernando fue nombrado su notario. Antes de dirigirse
a España, para llevar el cuerpo del Arzobispo Almansa, Fernando
habla hecho voto solemne de volverse cartujo después de que
muriera su padre. Su amigo Martín, quien le leyó las
meditaciones mientras Fernando hacia el juramento, también
quiso entrar en la vida religiosa, pero cuando iba a hacerlo se
lo impidió la muerte.
Durante los actos religiosos y representaciones que tienen lugar
en El Desierto de la Candelaria con motivo del viaje de Fernando,
éste encuentra a Arsenio "cargado ya de muchos años
y exhausto de fuerzas con tan continuada penitencia" (Mansión
XXI). Una vez que llega a Madrid, se sabe que Fernando habla hecho
imprimir a su paso por México, donde estuvo por algún
tiempo, el cartapacio de las meditaciones, el cual "habla causado
grande fruto en todos estados de personas que lo leyeron". Este
cuaderno, ya impreso, leido por su amigo Jacinto, un mal sacerdote
cuya amante se transformó una noche en esqueleto, habla producido
el milagro de su arrepentimiento y dedicación a la penitencia.
Después de un periodo de libertinaje, Fernando se arrepiente
finalmente y se vuelve cartujo. Cuando la noticia llega a Santa
Fe su padre se retira al yermo, llevándose consigo el crucifijo
de su hijo y la calavera que habla dejado en su cuarto. Para celebrar
la entrada de Fernando en la Cartuja los amigos y allegados en Santa
Fe le envían versos y cartas. Una de ellas es de Arsenio,
quien por esos días se encontraba en la ciudad tratando el
asunto de una nueva fundación. En su carta le decía:
¡Oh qué dulces ratos se gozarán a solas con Dios
solo en este dulcísimo retiro sin el estorbo de cosas exteriores!
¡Goza enhorabuena, mi querido amigo, su dulce retiro, que mil parabienes
le ofrezco de su dulce dicha, pues comienza a gozar en esta vida
lo que en la otra espera por eternidades [... ]. En el retiro y
silencio de su ferviente oración, acuérdese, Padre
mío, deste pobre sacerdote; por amor de Dios se lo suplico
y por amor de mi glorioso patriarca San BRUNO; acuérdese
que yo fui quien le dio las primeras noticias de su vida en el Desierto
prodigioso.
En la última Mansión puede apreciarse cuál
ha sido el resultado de la influencia y enseñanza de Arsenio.
El joven Pedro muestra ahora profundo interés por un destino
religioso y su hermano Fernando, que ha cambiado su nombre por el
de Bruno al profesar en la Cartuja, contesta sus cartas incitándole
a seguir en su empeño. Andrés continúa, como
Arsenio, en el Desierto de la Candelaria llevando vida de penitente.
El viejo don Pedro se ha convertido en errnitaño y reside
en el yermo. Antonio, a quien después de casarse se le ha
muerto prematuramente su mujer, tiene ya el hábito clerical,
"con pretensiones de sacerdote". Todos, pues, han seguido el ejemplo
del santo anacoreta. El importante papel que desempeña Arsenio
queda aún más claro al final de la novela. Cuando
se recibió el correo con el anuncio de su muerte, el viejo
don Pedro pidió explicaciones por el motivo de la carta.
El jóven Pedro le contestó que "era una relación
del feliz y dichoso tránsito del venerable Fr. Arsenio de
San Pablo, origen y causa de todos los sucesos que traían
entre manos al presente y de quien le habla dado tanta noticia [...
]". Y en los últimos renglones, después de hacer un
breve recuento de la vida de Arsenio, Pedro lo llama "héroe
principal de aquella historia". No hay, pues, ya duda de que Arsenio
estructura la obra y de que su vida y acciones conforman la novela.
Los otros personajes principales, casi todos ellos de probada existencia
histórica, sólo ofrecen un interés relativo,
excepto por Casimira (Ascanio) que con su indumentaria de varón
parece un personaje de un drama del Siglo de Oro. Al parecer, Ascanio
conserva su virginidad; pero, como las otras mujeres que figuran
en la obra, es víctima de los abusos e injusticias causados
por los hombres.
A la complejidad de la trama y de los planos narrativos corresponde
una múltiple manera de narrar que básicamente alterna
entre un narrador omnisciente, en tercera persona, que a veces actúa
como narrador-testigo o narrador-protagonista de los acontecimientos,
y un narrador en primera persona en lo referente al relato de la
vida personal de Arsenio. Este, sin embargo, a veces abandona el
punto de vista del "yo", por el de la tercera persona, y relata
-guiado siempre por el narrador principal- cuentos y leyendas,
o crónicas objetivas de hechos históricos. La presencia
del autor como personaje agrega una dimensión particular
a la presentación del mundo novelístico, ya que el
narrador-testigo comunica un sentido de inmediatez y una visión
subjetivizada de las cosas. Tanto los planos narrativas, como las
diversas maneras de narrar, producen un efecto de disgregación
o de fraccionamiento que es típico del barroco. En ocasiones
el narrador principal se dirige al lector, quien de esta manera
se ve envuelto en la acción novelesca. El asunto del texto,
de carácter e intención edificantes, presupone un
lector relativamente culto a quien intencionalmente está
dirigida la obra.
Pedro de Solis y Valenzuela conoce su oficio de escritor y se revela
como novelista de grandes recursos. Introduce en el texto diálogos
breves que a menudo interrumpen el discurso y sirven para presentar
poemas, meditaciones, cartas, leyendas, etc. En este sentido hace
el papel de autor-editor en el difícil trabajo de seleccionar
el material interpolado, el cual debe corresponder al desarrollo
de la acción y complementar los asuntos tratados por los
personajes. La técnica que reúne a los protagonistas
en tertulias, o en viajes campestres, para dialogar y para que cada
uno de ellos diga una historia, o recite un poema, es de antigua
prosapia y relaciona la novela con la literatura medieval. Tal vez
el recurso que mejor -,maneja Solis es el suspenso, logrado mediante
la interrupción de un relato que se irá desarrollando
en Mansiones posteriores. La vida de Arsenio se narra en esta forma
y así también se presenta la larga leyenda de Pedro
Porter. Una técnica afín que usa el autor, pero que
es menos frecuente, es la de anticipación, que consiste en
el anuncio de temas y acontecimientos que aparecerán posteriormente:
la historia de la Cartuja, la vida de San Bruno, etc. Otros recursos
de orden técnico que deben señalarse son el uso de
cartas para establecer relaciones entre los personajes y anunciar
sucesos especiales (la toma de hábito de Fernando, la muerte
de Arsenio, etc.), y la función que desempeñan algunos
motivos recurrentes, además de los cartapacios: las cuevas,
los jardines y lugares amenos, ciertos nombres de religiosos y objetos
relacionados con la vida anacorética: crucifijos, cuadros,
huesos, calaveras, cilicios, etc.
Un aspecto interesante dentro de la técnica de composición
es el tempo-espacial, el cual también presenta cierta complejidad
debido a que en la novela se mezclan los sucesos históricos
con los imaginados. La vida de Arsenio, núcleo de la obra,
se extiende a través de una larga etapa que comprende desde
su nacimiento hasta su muerte, después de la toma de hábito
de cartujo por Fernando, en septiembre de 1646. Arsenio, sin embargo,
relata leyendas y hechos históricos, algunos de los cuales
pueden ser verificados, pero otros caen en la dimensión atemporal
de lo legendario. A los planos relativos a Arsenio corresponde un
espacio novelesco muy variado y una secuencia de paisajes diversos,
tanto de la Nueva Granada como de Europa. En la leyenda de Pedro
Porter el lector es conducido además a otro nivel espacial:
el del infra-mundo (infierno). El plano propiamente histórico
se relaciona con los cuatro jóvenes, Fernando, Pedro, Andrés
y Antonio, y tiene un marco temporal mucho más preciso que
ha podido determinarse con relativa exactitud. De acuerdo con Jorge
Páramo Pomareda estos sucesos pueden calcularse en un periodo
de 10 años, que se extiende desde la toma de hábito
de Andrés (1632) hasta la llegada del primer correo enviado
por Fernando (Bruno) desde España (1642 aproximadamente).
Corresponde a este plano histórico un espacio restringido:
en la Nueva Granada, el Desierto de la Candelaria y sus alrededores,
incluyendo el Convento de los Padres Agustinos, y más tarde
Santa Fe y Guaduas. El viaje de Fernando nos lleva a Cuba, México
y España, especialmente Madrid.
La redacción de El desierto prodigioso es posterior
a los acontecimientos históricos narrados y debe situarse
a mediados del siglo XVII Basado en los datos que suministra
el texto, Jorge Páramo Pomareda calcula que la novela no
ha podido terminarse antes de 1647, pues en la Mansión XXI
se menciona el Epítome breve de la vida y muerte del ilustríssimo
dotor don Bernardino de Almansa, obra del autor publicada
ese año, ni después de 1660, fecha en que muere el
padre de los Solis, ya que no hay mención de ello en el libro.
Unos datos adicionales: la rivalidad entre los agustinos recoletos
y los calzados (1613 a 1661 aproximadamente) a que hace alusión
el texto, y la restauración de El Desierto de la Candelaria,
comenzada por el padre fray Juan de Sahagún (nombrado vicario
en 1650), dan margen para situar la composición de El
desierto prodigioso hacia la mitad del siglo:
Para el autor de El desierto esta recuperación, aunque
aún no se ve libre de amenazas, está ya empezada cuando
escribe la Mansión XI - mitad justa de la obra -, por lo
que se puede deducir que El desierto prodigioso fue
compuesto alrededor de 1650.
El manuscrito de Yerbabuena parece indicar que después de
la primera redacción el texto sufrió enmiendas y adiciones
a través de casi toda la vida del autor, pero que básicamente,
en lo que respecta a la novela, las alteraciones no fueron sustanciales.
Las tres primeras Mansiones de que consta el manuscrito de Yerbabuena,
las cuales presentan una versión más extensa y con
mayor énfasis en el elemento ascético, no alteran
en realidad el contenido novelesco de esta parte de la obra.
Como se ha advertido, El desierto prodigioso contiene numerosos
poemas, meditaciones ascéticas, noticias biográficas
e históricas, etc., y algunos cuentos o leyendas, todo lo
cual enriquece la obra, pero a la vez estorba el desarrollo de la
acción y demora, a veces excesivamente, el "tempo' de la
novela. Desde luego que la inclusión de este material responde
a varias razones, tales como proporcionar al lector un descanso
en la lectura, agregar piezas, en prosa y verso, a guisa de comentarios
o ejemplos, muchas veces de carácter moralizante, y complementar
la mostración o prueba de un hecho o verdad mediante otros
textos que corroboren o amplíen lo antedicho. Buena parte
de este material no contiene elementos de ficción, pero algunas
leyendas o cuentos introducen nuevos matices narrativas en la novela
y aun llegan a tocar el mundo de la literatura fantástica.
Se encuentran en la obra por lo menos tres relatos con unidad narrativa
donde aparece lo sobrenatural, y en la vida de Arsenio hay un episodio
macabro, que se aproxima a lo fantástico, en el que el protagonista,
en medio de una tempestad, busca refugio dentro de un árbol
hueco. Tiene allí una pesadilla en la que ve el cuerpo de
Casimira cubierto de gusanos y, al despertar, se da cuenta que ha
dormido con la cabeza sobre una calavera. Este episodio, derivado
de la novela gótica, y otros relatos breves, como la historia
de jacinto, compañero de aventuras de Fernando en Madrid,
introducen al lector en un mundo de vivencias irreales y sobrenaturales.
Sin embargo el relato que en este sentido ofrece mayor interés
es el de Pedro Porter, influido por Dante y el Quevedo de Los
sueños, que por su extensión fluctúa entre
el cuento largo y la novela corta. El relato, contado por Arsenio,
narra la historia, que pretende ser verídica y se ubica en
tierras de Cataluña y Valencia, de un hombre que pasa 36
días en el infierno, guiado por el mismo demonio, al cabo
de los cuales regresa para contar su extraordinaria aventura y hacer
que la justicia obre a su favor en un pleito en el que ha sido injustamente
acusado, por los malos oficios de un notario, de no haber cumplido
los pagos de una deuda. Aquí nos aproximamos al cuento fantástico,
aunque el relato no cumpla estrictamente las condiciones que para
el género ha determinado Tzvetan Todorov, a saber: que el
texto obligue al lector a considerar como real el mundo de los personajes;
que hava una vacilación (en lector y personaje) entre una
explicación natural y una explicación sobrenatural
de los hechos; que el lector rechace la interpretación alegórico
o poética del texto. El mundo de Pedro Porter aparentemente
se ajusta a lo real y es remota la posibilidad de que el lector
haga una lectura poética o alegórica del texto. Empero
en la historia de Pedro Porter tanto lector como personaje saben
que los acontecimientos tienen causas sobrenaturales y que no es
válida una explicación natural para el viaje del protagonista
al infierno. Es por ello por lo que, siguiendo a Todorov, esta historia
podría caber entre los relatos fantástico-maravillosos,
muy abundantes en la literatura medieval, en la que el tema del
demonio y la visita a los infiernos se popularizó con la
Divina comedia,. En todo caso la historia de Pedro Porter,
que muy posiblemente no sea original de Solis, debería tenerse
en cuenta en los orígenes del cuento fantástico-maravilloso
en Hispanoamérica.
Uno de los elementos que da más realce y valor literario
a la novela de Pedro de Solis y Valenzuela es el lenguaje que a
pesar de ser característicamente barroco, en especial al
comienzo de las Mansiones, sólo a veces abusa del recargo
expresivo y más bien tiende al equilibrio armónico
en la composición. Este rasgo estilística del santafereño
lo aleja del manierismo a que eran tan propensos los escritores
de la época, y lo ubica más bien dentro de los representantes
del barroco pleno, en quienes se percibe una intensificación
de los temas ascéticos y un menor interés por los
juegos conceptistas y la experimentación linguística.
No es posible en este trabajo estudiar debidamente el lenguaje de
nuestro novelista, labor en la que está empeñado el
licenciado Rubén Páez Patiño y que dará
como resultado un volumen dedicado enteramente a este aspecto de
la obra de Solís y Valenzuela. Basta, pues, por el
momento, señalar que la prosa del santafereño busca,
con algunas excepciones, preferiblemente el adorno poético
de cuño renacentista que el atiborramiento barroco, y que
la construcción de los periodos, en general de regular extensión,
tiende a crear un ritmo musical que revela indudable voluntad de
estilo. Resaltan los sintagmas tripartitos, las antítesis
y esquemas sintácticos barrocos, v las frases anafóricas
v reiterativas. El uso del color, la limpidez expresiva, v el empleo
de mitos clásicos relacionen la prosa del santafereño
con modelos del Renacimiento. El vocabulario es extenso v bien matizado,
1 pesar de que la novela fue obra de juventud. El lenguaje se mantiene
relativamente en un nivel uniforme y parece adecuado al rango social
de los personaies, que en su mayoría son religiosos o pertenecen
a la clase de los criollos Adinerados. Los diálogos son breves
y bastante pobres. Un ejemplo de la prosa de nuestro escritor, que
recuerda el lenguaje de las novelas pastoriles, dará una
idea de algunos de sus rasgos estilísticos más salientes:
[... 1 Arsenio se levantó de su rústico lecho y reconociendo
despiertos a los cuatro jóvenes, los convidó a oír
la más suave y sonora música que jamás habían
oído. Sacolos a la vecina arboleda, y atentos escucharon
no humanas voces, sí suaves melodías de arpadas lenguas
que en métricas capillas saludaban al sol. Allí los
toches, acullá las calandrias, allí los judijuelos,
los sinsontes, escocoltaes, mirlas, pajareles y canarios, compitiéndose
cada cual a sí mismo, como si se hubieran preparado muy de
concierto para el caso. Con este motivo dulce alabaron todos a su
Criador; y duró esta sonora música todo lo que el
sol tardó en extender por el hemisferio sus rayos.
A diferencia de las obras que hemos considerado en los orígenes
de la novela hispanoamericana, en El desierto Prodigioso entra
de lleno el paisaje autóctono y la naturaleza del Nuevo Mundo.
Es todavía un paisaje algo estilizado, pero las descripciones
corresponden al ambiente de Boyacá y de la Nueva Granada
y a los animales, plantas y frutos de la tierra nativa. En esto
la novela ya es americana, como también lo es en la descripción
de las costumbres conventuales, las fiestas religiosas, y las celebraciones
pueblerinas. El siguiente fragmento muestra hasta qué punto
el elemento autóctono y costumbrista penetra en la obra:
[ . . . 1 luego asistieron a la procesión que se hizo por
el claustro y patio de los naranjos, entre arcos triunfales de olorosísimas
flores, adornados de diversos animales así vivos como muertos;
que toda la gente de aquella comarca había traído
para aquel día muchos pájaros, ánades y diversos
racimos de frutas silvestres y de las cultivadas, como naranjas,
limas, limones, cidras, mameyes, cachipaes, guanábanas, guamas,
pitayas, piñas, granadinas, chicosapotes, anones, plátanos,
v otras mil diferencias que cría aquel ameno y fértil
país, de que los arcos estaban adornados y variados, y el
suelo [lo estaba] con palmas, juncia, rosas, trébol, yerbabuena
y otras yerbas olorosas, de que también abunda.
La obra de Solis es un compendio de los conocimientos literarios
de la época. El material poético que contiene constituye
una verdadera antología de autores neogranadinos y españoles.
Como dice Germán Arciniegas, en El desierto prodigioso
se refleja la actividad de una de las primeras sociedades literarias
en el Nuevo Mundo:
[. . . 1 fuera de ser novedad como novela, descubre una de las
primeras sociedades literarias de América. Una sociedad que
revela cómo lo mejor de la poesía española
se conocía aquí al dedillo y se sabía de memoria
entre un minúsculo grupo de neogranadinos congregados a la
sombra del convento de los agustinos, en el Desierto de la Candelaria.
La mayor parte de autores nombrados son religiosos, pero también
los hay profanos. En su dimensión novelística se percibe,
en especial, influencia de la literatura hagiográfica, de
los relatos bucólicos y sentimentales y de la novela bizantina.
No hay huellas en El desierto prodigioso de la novela picaresca
y de hecho en ella falta el elemento realista de raigambre popular
y la critica social. La visión del mundo que presenta es
muy amplia y corresponde a la variedad de espacios novelescos, pero
básicamente se circunscribe a la esfera de la vida religiosa
y de la experiencia ascética.
El desierto prodigioso señala un paso más
hacia la novela moderna en la narrativa hispanoamericana y combina
rasgos de dos tipos de novela estudiados por Goic' en su ensayo
varias veces citado sobre la prosa de ficción colonial: la
manierista y la barroca. Por la ambigüedad, mezcla de géneros,
complejidad de puntos de vista, cambio de perspectiva de lo mundano
a lo ascético, etc., la obra es manierista y tiene cierta
afinidad con la ya mencionada I-Iistoria tragicómica de
don Henrique de Castro del gentilhombre gascón
Francisco Loubayssin de la Marca -libro que pudo haber conocido
Solís -, aunque básicamente se trata de obras muy
diferentes. La figura de Arsenio ofrece, no obstante, algunas semejanzas
con el ermitaño Lorenzo del texto francés y existe
la coincidencia de que la amada de don Henrique se llama Leonora
y que el nombre de la esposa de Arsenio, muerta muv joven, sea Leonor
(Delia). Otras similitudes: cambios de nombres en los personajes,
raptos, disfraces, viajes, aventuras, provienen sin duda de modelos
comunes de la novela bizantina.
En su carácter de novela barroca -modalidad que, en la definición
de Goic', es "una narración imaginaria presentada por un
narrador personal que integra implícitamente un lector ficticio
y se refiere a un mundo de comportamiento religioso moral", la obra
adquiere, sin perder sus rasgos manieristas, plena magnitud en la
intención moral y edificante y en el triunfo de la vocación
religiosa (salvación) sobre la apariencia y falsedad de la
vida terrena y el mundo degradado. El desierto prodigioso, como
novela barroca, llena un gran vacío en la narrativa colonial
y constituye un caso aislado y excepcional en la prosa de ficción
del siglo XVII.
Habrá que esperar hasta fines del siglo XVIII o principios
del XIX para encontrar obras que superen a El desierto prodigioso
en la evolución del género en Hispanoamérica.
Textos como Infortunios de Alonso Ramírez (1690),
de Carlos de Sigüenza y Góngora, y Lazarillo de ciegos
caminantes (1773), de Alonso Carrió de la Vandera, relacionados
tangencialmente con el género de la novela, sólo ofrecen
relativa importancia, pero tienen el interés de que en ellos
se percibe palpablemente el influjo de la novela picaresca que se
acentuará más tarde en Genealogia de Gil Blas de
Santillana (1792), de Bernardo Marla de Calzada, y en la mayor
parte de la producción novelistica de Fernández de
Lizardi. La tendencia hacia la temática religiosa y la cosmovisión
barroca, de sentido moralizante, que caracterizan a El desierto
prodigioso, se prolongan -pero ya matizadas por el racionalismo
y el espíritu ilustrado dieciochesco- en obras como: La
portentosa vida de la muerte (1792), de Joaquin Bolaños,
en la que pervive la visión barroca y la preocupación
por el desengaño del mundo y la muerte; Sueño de
sueños (ca. 1792), del escritor de Querétaro José
María de Acosta, seguidor de los sueños de
Quevedo, quien desplaza el tema religioso a un lugar secundario
para intentar la crítica racional y la sátira de las
costumbres; y el Evangelio del triunfo o historia de un filósofo
desengañado (1797), del peruano Pablo de Olavide, que
en parte es una traducción o adaptación de Les
Délices de la Religión (París, 1788), del
abate francés Lamourette, obra en la cual su autor abandona
el ámbito de la espiritualidad barroca para asumir una actitud
critica de índole más moderna v racional de acuerdo
con las ideas de la "religión ilustrada".
Según Cedomil Goic', una serie de novelas ejemplares del
mismo Olavide compuestas con anterioridad a 1803, fecha de su muerte
- o sea varios años antes de que se conociera la producción
de Lizardi -, entre las que se destaca El incógnito
o el fruto de la ambición (Nueva York, 1928), representan
el advenimiento de la novela moderna en la literatura hispanoamericana.
Las siete piezas breves de la serie se caracterizan por su intención
edificante y moral y presentan una visión ilustrada de la
sociedad de entonces ". Con Olavide, con las novelas de Lizardi
-El periquillo sarniento (1816), La Quijotita y su prima (1818),
etc., que además de la picaresca incorporan otras formas
de la novelística europea- y con Jicotencal (1826), de
autor anónimo, y otras, puede decirse que el género
va adquiriendo plena modernidad.
Un texto tan rico y de contenido tan diverso como el de Pedro de
Solis y Valenzuela ofrece material para muchos estudios. En lo que
corresponde al aspecto novelístico también la obra
merece varias aproximaciones que mostrarán facetas que no
hemos considerado aquí, o que ha sido imposible incluir.
Por lo pronto nuestro estudio - el primero que se escribe sobre
la novela con la intención de hacerla conocer al público
lector - ha descubierto, mediante un análisis general, su
valor como novela y los elementos constitutivos de su mundo de ficción.
Sin embargo básicamente este trabajo ha intentado demostrar
que, por lo que se conoce hasta la fecha, El desierto prodigioso
y prodigio del desierto, de Pedro de Solis y Valenzuela, es
la verdadera novela del barroco en las letras coloniales del Nuevo
Mundo y la primera novela hispanoamericana.