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No es desde luego una casualidad que en el artículo de la
Enciclopedia de las ciencias sociales sobre "Modernización"
se recuerde una célebre afirmación de Marx: "El
país que está más desarrollado industrialmente,
solo muestra al menos desarrollado la imagen de su propio futuro".
En efecto, con la gestación del mercado mundial y con la
revolución industrial, la interdependencia de todos los países
de la tierra va a constituirse en un elemento determinante de su
historia. Queremos acentuar con ello ese carácter ineludible
que trae consigo la revolución industrial, que dividió
al mundo bien pronto, de acuerdo con lo que pensaba Adam Smith,
en países industriales y países productores de materias
primas, minerales y agropecuarias.
Pero la revolución industrial, cuya primera etapa se despliega
aproximadamente entre 1760 y 1810, no puede ser pensada sino en
relación con la revolución burguesa: en Inglaterra,
porque esta la había precedido (en sus dos etapas, de 1643
y 1688), y en Francia porque la gran revolución de 1789 se
convertiría en el acontecimiento histórico-universal
por antonomasia de los tiempos modernos, la "aurora" de
la época moderna como la llamara Hegel en sus Lecciones sobre
la filosofía de la historia universal.
Ahora bien, si el proceso de la independencia de los países
hispanoamericanos se relacionó desde un principio con estas
"revoluciones burguesas" -para recordar el título
de Hobsbawm-, resulta por lo demás bien característico
el constatar de qué modo desde el comienzo mismo de su historia
como naciones independientes estos países tuvieron que enfrentar
la tarea de "actualizarse" o de hacerse propiamente contemporáneos
sin contar con los recursos para ello, por la precariedad de su
actividad económica, por la ausencia de una genuina burguesía
y de un pensamiento que estuviese a la altura de las tareas que
deberían enfrentar.
Debemos recordar que en sus orígenes las que luego serían
las naciones hispanoamericanas surgieron de la coyuntura inaugurada
por la Revolución Francesa -y más concretamente por
el ciclo napoleónico-, bajo la influencia determinante de
las ideas de la ilustración y las doctrinas jurídico-políticas
que acompañaron el proceso de nuevas instituciones que articulaban
la sociedad burguesa que se había gestado durante los últimos
decenios en el interior del ancien régime.
Pero en estos países no se habían producido los mismos
desarrollos, no se habían gestado las mismas clases sociales
ni las correspondientes relaciones de producción, que pudieran
servir de agentes concretos a las ideologías llegadas del
otro lado del Atlántico y también de la naciente y
pujante república del norte cuyo proceso emancipador tanto
había llegado a influir en la eclosión del proceso
revolucionario en la misma Francia. El entusiasmo de las élites
criollas por los ideales de la asamblea constituyente y legislativa
o por el texto de Filadelfia respondía desde luego al "espíritu
de los tiempos", aunque distaba mucho de estar respaldado por
hechos concretos: por procesos efectivos y desarrollos socio-económicos,
culturales e idiosincráticos que se correspondiesen con este
espíritu. Se trataba más bien de una abstracta identificación
por parte de sectores minoritarios ilustrados, que tal vez no resultaría
exagerado calificar de ingenua.
Se ha dicho que en Colombia la colonia persistió hasta mediados
del siglo XIX (hasta las reformas de José Hilario López),
con lo cual se quiere significar que las estructuras fundamentales
de la sociedad no fueron alteradas, a pesar de que los grupos más
desarrollados espiritualmente, que constituían una ínfima
minoría en un país de grandes masas analfabetas, desde
un principio quisieron adoptar modelos provenientes de los países
más avanzados, los que por entonces podían considerarse
"modernos". Así, por ejemplo, la primera mención
del filósofo pragmatista Jeremías Bentham se encuentra
en los orígenes mismos de la nacionalidad, en un ejemplar
de "La Bagatela", el periódico de don Antonio Nariño,
hacia 1811. Y alrededor de Bentham se desplegará una de las
primeras polémicas de importancia, relacionada con la orientación
de la educación pública, con los valores que deberían
regir la conducta civil, con la ideología, la idiosincracia
y la ética social, las motivaciones y el comportamiento de
los ciudadanos.
Así, por ejemplo, encontramos en la Manual de Historia de
Colombia una observación sobre la forma como Mariano Ospina
Rodríguez -a quien con razón se considera como el
fundador, con José Eusebio Caro, del partido conservador
y que efectivamente redactaría con este su primer programa
- inspiraría una reforma educativa durante el gobierno del
presidente Herrán que implicaba abandonar la inspiración
pragmatista anglosajona y de algún modo volver al modelo
hispano-católico premoderno: "En 1844 retornó
al país la Compañía de Jesús y se expidió
un plan de estudios que reemplazó a Tracy por Balmes y a
Bentham por Juan Heinecke, teológo y jurista alemán,
lo cual indicaba la forma en que se pretendía entronizar
de nuevo el providencialismo.
Bien sintomático resulta esto, y aún más si
se recuerda que ya unos 16 años antes, tras la conspiración
septembrina, el propio Bolívar había prohibido la
enseñanza de Bentham en el Colegio del Rosario de Santa Fe
de Bogotá. Para entonces, tanto DESTUT DE TRACY como BENTHAM
representaban la cultura burguesa, el sensualismo y el utilitarismo,
una doctrina secular que intentaba fundamentar la acción
de los hombres en sociedad sin acudir a una instancia trascendente
o "metafísica", la que obviamente ocupa el centro
en las muchas obras que en su breve vida elaboró el sacerdote
catalán.
En realidad, en sus orígenes, tanto el partido "liberal"
como el "conservador" habían sido liberales en
el sentido de las ideas de la Ilustración y de 1789. No debe
olvidarse que la generación de la gesta emancipadora se había
formado en el espíritu de las luces, que llegó al
virreinato de la Nueva Granada durante los últimos lustros
del siglo XVIII con algunos de los virreyes ilustrados de Carlos
III (que expulsó a los jesuitas en 1769 de España
y de sus dominios y cuyo ministro, el Conde de Aranda, se carteaba
con VOLTAIRE); con las reformas de Moreno y Escandón y la
Expedición Botánica. No debemos olvidar el impacto
de la gran revolución de Francia, la traducción de
la Declaración de los Derechos del Hombre por parte de Antonio
Nariño, la influencia de Rousseau en la formación
del mismo Simón Bolívar.
Los criollos, que habían sufrido las limitaciones y anacronismos
de la cultura hispánica (que desde el fracaso de la insurrección
comunera en la península a comienzos del tercer decenio del
siglo XVI se había cerrado al espíritu de la modernidad
en ascenso) acudieron desde el primer momento a buscar en las ideas
francesas y anglosajonas orientación para la conformación
de las nuevas repúblicas: "...ya a partir de 1820 el
torrente de nuevos elementos espirituales, ajenos a la tradición
española, es de tal magnitud, que la crítica a la
herencia hispánica se convierte casi en afán de ruptura
completa y de transformación del tipo nacional hasta en sus
elementos originarios".
JAIME JARAMILLO URIBE, a quien acabamos de citar, resume magistralmente
la función que debería llenar el utilitarismo benthamista
en los primeros lustros de nuestra vida independiente, en el intento
de abandonar el influjo del pasado colonial español que pesaba
en nuestras costumbres, en la falta de una organización que
siquiera en germen significase un remedo de sociedad civil, en la
carencia de un ethos de la regularidad del ahorro y la acumulación,
de la disciplina benthamista, llegada hasta nosotros a través
del liberalismo español. El utilitarismo significa un divorcio
del espíritu español, no solo porque implicaba un
nuevo patrón en las ideas éticas y en la concepción
metafísica, sino también porque como teoría
del derecho, del Estado y de la administración representaba
la antítesis de la tradición hispánica. No
solamente por elevar el placer o la felicidad al rango de principios
éticos fundamentales, sino por representar los ideales de
una clase media comerciante e industrial, pragmática y racionalista,
la moral utilitaria chocaba con los sentimientos nobiliarios de
honor e hidalguía, en lo profano, y con los religiosos de
caridad y salvación ultraterrena que constituían el
núcleo de la concepción española del mundo,
en la cual se había modelado también el espíritu
del criollo americano. Por otra parte, la pretensión del
racionalismo jurídico utilitarista de derivar toda la legislación
de unos pocos principios simples, del principio del mayor placer
o de la mayor felicidad para el mayor número, era la antítesis
del espíritu del derecho español inclinado a lo concreto,
casuista, desordenado si se quiere, por no ser una construcción
deducida de un principio racional básico, pero más
adecuado para resolver los casos particulares, más personalista
y más fundado en las realidades históricas y sociales".
De los intelectuales e ideólogos de la generación
de medio siglo tal vez haya sido don JOSE MARIA SAMPER, en su Ensayo
sobre las Revoluciones Políticas y la Condición Social
de las Repúblicas Colombianas, publicado en París
en 1861, quien más consecuente y críticamente reflexionó
sobre el peso de la tradición y la cultura colonial españolas
en el estancamiento, en la no consolidación de un cuerpo
civil, en los conflictos que afectaban a la incipiente república,
de manera que en algo se asemeja a lo que por entonces pensaba y
escribía un DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO en el mismo respecto,
SAMPER ejemplificaba esto en "la clausura o reclusión
de las colonias respecto del mundo exterior, en cuanto las relaciones
no se limitasen a España o a las mismas colonias entre sí";
en las trabas al comercio, en el aislamiento, en el monopolio en
todos los campos de la actividad económica, en el comercio
exterior y la industria, la agricultura y las actividades extractivas,
en "el abandono total de las más seguras fuentes de
riqueza en beneficio de la minería" que perpetuaba y
acrecentaba el sistema esclavista , y con ello detenía el
ensanche de la agricultura y la industria "y limitando la riqueza
a los metales preciosos suprimía en muchas partes la necesidad
de buenas vías de comunicación, concentraba las fortunas
en pocas manos y facilitaba su salida de las colonias, sin retorno
de valores equivalentes y fecundantes"; en "el sistema
de ventas y privilegios en la concesión y el ejercicio de
los empleos, unos vitalicios, otros de duración limitada,
pero en todo caso accesibles solo a un número muy reducido
de personas, poco interesadas, por otra parte, en las comarcas donde
servían"; en la instrucción pública, "descuidada
y reducida a proporciones muy mezquinas y entrabada por la inquisición,
la censura, el fanatismo y la superstición". Vale la
pena transcribir un extenso pasaje que manifiesta, como en el caso
de SARMIENTO, la profunda admiración por el estilo de la
colonización anglosajona en el norte del continente.
"Los puritanos que fundaron esas colonias no fueron los instrumentos
de un gobierno codicioso, destructor y armado contra las hordas
americanas. Ellos llevaban consigo el sentimiento de libertad y
personalidad excitado en lo más vivo y caro para el hombre
_la creencia religiosa-, y al emprender la colonización no
iban al Nuevo Mundo en solicitud de otro y como aventureros militares
sino en busca de una patria, resueltos a fundar una sociedad fija
y permanente y animados por las virtudes de la vida civil. Además,
la colonización que ellos emprendieron, verificándose
de 1606 (colonia de Virginia) hasta 1732 (colonia de Georgia), en
cuanto a los 13 estados primitivos, pudo contar con los muy notables
progresos que la civilización había hecho después
de la época de las conquistas españolas; y de ese
modo la obra de la colonización en esa América, esencialmente
civil o social, se encontró libre de los vicios profundamente
engendrados en las colonias españolas desde principios del
siglo XVI. La naturaleza y forma de la colonización en el
Norte, conducida por los ciudadanos mismos, hizo que la intervención
del gobierno británico se limitase a la concesión
de cartas o patentes, y más tarde a la protección
de las colonias conforme a reglas que respetaban la autonomía
de cada establecimiento. De ese modo cada sección tuvo su
vida propia y su libre desarrollo y la emulación comenzó
desde temprano a producir sus benéficos efectos. La libertad
religiosa, la libertad de explotación y la autonomía
fueron las bases fundamentales de la organización social.
Cada individuo se habituó desde temprano a cuidar de sus
propios intereses y a intervenir en cierta medida en los colectivos.
El acceso a todas las profesiones fue fácil para todo el
mundo y el interés por los negocios públicos hizo
parte de la vida del colono. Cada colonia tuvo su legislatura, sus
instituciones locales, sus condiciones propias; el clero no fue
una institución dominante ni oficial; la religión
quedó fuera del resorte que el de la defensa respecto de
las tribus indígenas y el monopolio no vició las fuentes
de la riqueza y los resortes de la actividad".
JARAMILLO URIBE comentas a renglón seguido: "La herencia
que el imperio español dejó a los nuevos países
fue la turbulencia e inestabilidad de una sociedad compuesta de
los más heterogéneos grupos raciales, sin clases dirigentes
capaces de afrontar las nuevas tareas administrativas y políticas,
donde la intolerancia y el recelo hacia el extranjero, el vicio
de la empleomanía y el desdén por el trabajo, la falta
de confianza en la acción individual propia y el hábito
de esperarlo todos del Estado cerraban el paso a la creación
de una sociedad civilizada, que, naturalmente, para ser civilizada
debería tomar como modelo a las naciones anglosajonas"
Mas sin embargo, debemos pensar que lo que precisamente olvidaron
considerar estos ideólogos del liberalismo o utilitarismo
neogranadino fue hasta qué punto pesaba en la "facticidad"
del país el carácter de la colonización española,
tan esencialmente diferente de la que se había llevado a
cabo en el hemisferio norte del continente. "La colonización
de los Estados Unidos, como la formación de la riqueza privada
en Inglaterra, fue el producto de la iniciativa individual, la resultante
del esfuerzo tesonero y anárquico de la burguesía
puritana, bajo la égida del liberalismo político.
Entre nosotros, en cambio, el único creador de la riqueza
y el único colonizador fue el Estado. La herencia económica,
oscial y cultural que recibieron los libertadores, al desprendernos
del trono español, no fue obra del esfuerzo ni de la iniciativa
individuales. Fue un propósito político, realizado
por un Estado Intervencionista, lo que hizo el Virreinato de Nueva
Granada la nación que era en los albores del siglo XIX...Los
sistemas ingleses fueron exactamente lo contrario de los españoles
. La colonización de Norteamérica se hizo por medio
de "charters" o concesiones por medio de las cuales determinados
individuos o compañías, mediante el lleno de unas
pocas formalidades externas, adquirieron el derecho de explotar
pedazos de territorio, sin otro propósito que el de hacer
fortuna. El Estado poco o nada tenía que ver en el desarrollo
de estas empresas y la Iglesia Anglicana aún menos"
.
Fue con base en esta experiencia hasta cierto punto "autogestionaria"
de las trece colonias, sobre la que tanto han insistido los estudiosos
de la historia y la sociedad norteamericanas que se llegó
naturalmente a la concepción y a la configuración
federalista: "Las trece colonias inglesas de Norteamérica
habían sido entidades autónomas durante la Colonia
y la Confederación, y era lógico que entraran a formar
un solo Estado bajo un régimen federal. Pero, ¿cómo
pretender, por ejemplo, formar nueve Estados que nunca habían
existido en el Nuevo Reino de Granada, solo para poder crear los
Estados Unidos de Colombia?".
La imitación abstracta -e ingenua- del modelo anglosajón
norteamericano, que desconocía las premisas reales de nuestro
proceso histórico e idiosincrático, va a caracterizar
en gran medida el comportamiento y la ideología de los radicales
colombianos: "En síntesis, el llamado progreso se reduce
a sustituir al análisis objetivo de los fenómenos
americanos, que guió al Concejo de Indias en la Expedición
del Derecho Indiano, por la aplicación discriminada de principios
abstractos, propios del concepto individualista de la civilización
inglesa" .
Mientras los Estados Unidos de Norteamérica adoptaron el
federalismo "no por copiar instituciones extrañas sino
porque allí la federación era el mejor camino hacia
la unidad nacional", en Colombia aquel fue "el fruto de
ambiciones parroquiales, de intereses encontrados de gamonales y
caudillos, de sueños de intelectuales sin originalidad, que
alcanzaron cierto éxito por haber estallado en pueblos jóvenes
y sin las nociones necesarias para el ejercicio del gobierno propio"
LIEVANO AGUIRRE llega a hablar del "incalificable infantilismo"
de los convencionalistas de Rionegro: "Nada de lo que pretendieron
hacer lo realizaron y nada de lo que intentaron evitar se dejó
de cumplir. Quisieron evitar la dictadura de Mosquera y lo que lograron
fue obligarlo a declararse dictador, después de lo cual no
les quedó más camino que "amarrarlo", pero
desgraciadamente cuando habían dictado, con el pretexto del
temor a este hombre, la más absurda de las Castas Constitucionales.
Desearon terminar la supremacía de los grandes caudillos
y lo que obtuvieron fue fomentar la de los pequeños sátrapas
y gamonales de los Estados, más crueles, más bárbaros
y menos inteligentes que los otros. Quisieron imponer en el país
un régimen civilista y republicano, y lo lanzaron en medio
del más oscuro y atrasado de los feudalismos, como fue la
época federal colombiana; quisieron consagrar el régimen
de los derechos individuales y no lograron otra cosa que construir
el procedimiento capaz de anularlos todos. Desearon la paz y fomentaron
las guerras religiosas; desearon el orden y precipitaron al país
en la anarquía"
Contrasta el juicio del biógrafo de NUÑEZ con una
opinión más reciente de otro historiador a quien ya
hemos citado, JAIME JARAMILLO URIBE, quien de todos modos reconoce
que durante el período del así llamado "Olimpo
radical" el país avanzó en algunos aspectos hacia
el progreso intelectual y material y que con los radicales, por
ejemplo, "se inició en Colombia la era de los ferrocarriles"
(que desde un principio se orientaron a sacar los productos de exportación
a los puertos). "Se estableció el telégrafo eléctrico,
se fundó el primer banco comercial; se organizó la
Universidad Nacional que había desaparecido en la década
anterior al 60, se impulsaron las profesiones técnicas y
las ciencias...No obstante las visicitudes de la política
y la economía, el país tuvo en las décadas
del 60 a 80 una de sus más brillantes épocas intelectuales"
.
En ningún caso debe olvidarse algo que mucho tiene que ver
con nuestro propósito de indagar por las visicitudes del
proceso de la modernización y los cambios en la mentalidad
que el conlleva: la política educativa, y la fundación
de escuelas normales para la formación de maestros, y las
de artes y oficios; la notable extensión de la escolaridad,
la contratación de la primera misión de pedagogos
alemanes que introdujeron en el país el pensamiento pedagógico
de PESTALOZZI y de FROEBEL, tan vinculado a los desarrollos de la
Ilustración en Europa.
Sin embargo, y aunque no estamos en condiciones de hacer afirmaciones
demasiado categóricas, nos atrevemos a pensar, de acuerdo
con las conclusiones a que han llegado muchos estudiosos e historiadores
de los dos partidos, que la derrota del radicalismo en la guerra
del 85 y el proyecto de RAFAEL NUÑEZ de reorganizar sobre
nuevas bases el país (que formularía en su célebre
consigna de "Regeneración o catástrofe")
seguramente estaban históricamente justificados.
De otra parte una consideración menos partidista y más
objetiva sobre el fenómeno del radicalismo y el federalismo
permite comprender que su función no fue otra que la de permitirle
a las oligarquías regionales repartirse las tierras de los
indígenas tras la disolución de los resguardos, así
como las de la iglesia tras la desamortización decretada
por Mosquera a finales del 61. Según ALVARO TIRADO MEJIA,
el federalismo fue la forma de "descentralizar" las guerras"
e impedir una confrontación global a escala nacional, y la
manera más efectiva para que, en ausencia de una clase dominante
consolidada en todo el territorio, "las oligarquías
regionales pudieran resolver a su favor el problema agrario y apropiarse
de los bienes nacionales según las peculiaridades de cada
región". Y en efecto, durante la vigencia de la constitución
de Rionegro solo se produjo una guerra general -la de 1876-, mientras
que las frecuentes rebeliones regionales no fueron más que
"la lucha de las oligarquías, en el ámbito de
los Estados, para controlar en su favor el aparato estatal con su
secuela burocrática y con la posibilidad de obtener monopolios
y contratos de obras públicas, así como la apropiación
de la tierra" . En realidad, también los conservadores
fueron federalistas cuando les convino, de la misma manera que en
su momento y haciendo caso omiso de sus escrúpulos religiosos
habían adquirido los bienes de lso conventos y las órdenes
religiosas. Como lo ha descrito FERNANDO GUILLEN MARTINEZ, "dentro
del partido liberal, los intereses de la élite agroexportadora
habían sido reflejados claramente en la organización
administrativa del radicalismo federalista"; aunque federalistas
"fueron igualmente los grupos dirigentes conservadores desde
1853 y su combate antiliberal se redujo a la utilización
de las "racionalizaciones" seudoreligiosas"
Pero además, tampoco puede ignorarse que durante el período
del radicalismo el país experimentó un notable avance
de su capacidad exportadora. Hasta mediados del siglo y continuando
con la tradición colonial había exportado principalmente
oro; ahora ya colocaba en el mercado mundial algunos productos agrícolas
tabaco y quina, añil y algodón, café (que comenzaba
a ser cultivado, inicialmente en las grandes haciendas semiseñoriales
del oriente). Simultáneamente avanzaba la colonización,
sobretodo en el occidente del país, así como en las
tierras de vertiente de Cundinamarca hacia el río Magdalena
en donde los comerciantes montaron grandes haciendas cafeteras.
Probablemente sea acertado considerar que tanto el federalismo
como el centralismo, que se impone a partir del 86, representan
dos momentos, ambos necesarios, en la historia de las élites
colombiana: dos intentos de asegurarse el predominio. Durante la
federación se fortalecen las oligarquías regionales;
pero cuando este modelo se agota, particularmente por la crisis
del tabaco -que a partir de un determinado momento no puede competir
en el puerto de Bremen, con el que se producen los holandeses utilizando
mano de obra servil en el Asia suroriental- se hizo necesario un
poder central unificador: basta pensar que el monto de las exportaciones,
que en 1875 había alcanzado casi los treinta millones de
dólares, descendió a siete millones trescientos mil
en 1885, y que el precio de la quina de exportación descendió
en un 80% entre el 79 y el 81.
Esto explica el movimiento hacia una reagrupación de los
grupos dominantes. Doña Soledad Acosta de Samper reveló
que desde antes de 1857 su esposo (José María Samper)
había pensado en la posibilidad de una candidatura de NUÑEZ
y le había escrito a Liverpool en ese sentido: "la inclinación
de las clases dirigentes provincianas hacia alguna forma de entendimiento
interpartidista es coincidente con el progresivo deterioro de los
precios del tabaco y luego de la quina...particularmente en aquellas
zonas cuya vida económica dependía más directamente
del comercio agroexportador y de las importaciones suntuarias"
La lucidez de NUÑEZ, a quien una historiografía partidaria
ha acusado, tal vez ingenuamente, de "traidor" a la causa
del liberalismo, lo convirtió más bien en realidad
en "la encarnación de las nuevas necesidades de los
sectores dominantes" (TIRADO MEJIA):
El tránsito de la federación al centralismo se impuso
como una necesidad, pues el país "iba hacia la desmembración
al impulso de fuerzas centrífugas expresadas en intereses
internacionales y locales" . Por entonces el futuro regenerador
repetía en sus artículos periodísticos: "A
otro ministro americano le hemos oído recientemente estas
palabras: en Colombia solo hay dos cosas organizadas, el ejército
y el clero". Y es apoyándose en buena parte en estos
dos sectores, a los cuales además fortaleció notablemente,
que el político cartagenero llevó a cabo su empresa.
TIRADO resume la coyuntura en los siguientes términos: "El
crecimiento de las importaciones que tenía que ser suplido
con numerario de oro contribuyó a la falta de moneda circulante
y de las altas tasas de interés propiciadas por esta. Cuando
al fin del período las exportaciones bajan aceleradamente
y crece la penuria fiscal, está ya en proceso de consolidación
una clase dominante de ámbito nacional cuyos multiformes
intereses se expresan en la tierra, el comercio y la banca, y a
cuyos antecedentes doctrinales, liberales o conservadores, se impone
la necesidad de consolidar un poder autoritario central, que en
lo político cumpla la función de crear un mercado
y una entidad nacional. En estas circunstancias surge la regeneración"
Al establecer el balance del proceso político de la segunda
mitad del siglo XIX considera LIEVANO AGUIRRE que NUÑEZ es
"el verdadero organizador de la República, y ante todo
el constructor del Estado colombiano". Cuyo idearium el mismo
historiador resume en los siguientes términos: "Intervención
del Estado en la economía, tolerancia religiosa, centralización
política y autonomía municipal, prolimitados por el
interés social y moneda dirigida", planteamientos que
además -agrega-son hoy "las doctrinas básicas
del moderno liberalismo colombiano.
NUÑEZ, que vivió durante varios años en Liverpool
desempeñando las funciones de cónsul de la República
-por entonces el puesto más importante en la representación
comercial del país y que permitía, al estar remunerado
por un porcentaje relativo el monto de los negocios, hacer alguna
fortuna - tuvo, por contraste con la mayoría de los dirigientes
políticos colombianos de su tiempo, una experiencia cosmopolita,
universal. Conoció in situ la realidad de la era industrial
capitalista, el nacimiento del proletariado, la así llamada
"cuestión social". Por lo cual al regresar al país
traía el convencimiento de la necesidad de impulsar la industrialización.
Era verdaderamente contemporáneo y acaso hubiera sido el
único entre nuestros dirigentes que hubiese entendido en
su momento la afirmación de MARX que mencionábamos
al principio de este ensayo.
De ahí su obsesión por los ferrocarriles a los que
consideraba "la verdadera medida del progreso", justificando
su opinión en lo que se refiere a Colombia -cuya topografía
constituía uno de los más grandes obstáculos
para hacer efectiva la unidad nacional -en la necesidad de vincular
las distantes regiones aisladas del inmenso territorio. Y en efecto,
para finales del siglo se han duplicado los kilómetros de
vías férreas (aunque la cifra es bien modesta: 650
kilómetros que en realidad simplemente buscaban "comunicar
cada región con el río Magdalena para encontrar una
rápida salida a los mercados exteriores...reflejando de manera
indudable la dependencia "neocolonial" heredada de la
era del tabaco, pese a toda la literatura "nuñista")
.
Pero la industrialización no se podía llevar a cabo
sin establecer un banco nacional, en el cual obligatoriamente se
depositaran los dineros oficiales -y no en los bancos privados,
como acontecía en la época radical durante la cual
un Estado débil contribuía a financiar y enriquecer
a los particulares -de tal manera que el Estado pudiese concentrar
recursos para atender al crónico déficit fiscal, y
que tuviera igualmente el monopolio de emisión de una moneda
estatal de circulación obligatoria en todo el ámbito
nacional: "el papel moneda, cuando hasta ese momento los bancos
privados tenían el derecho de emisión, llevaba como
propósito conjurar la escasez de dinero motivada por la fuga
de numerario metálico y contribuyó a rebajar el tipo
de interés y a dinamizar la actividad económica en
el sector agrario y en la construcción" .
También exigía una política encaminada a favorecer
la industrialización la protección del trabajo nacional
por medio de tarifas aduaneras y aranceles que gravaran los productos
extranjeros ue pudiesen competir con los que se producían
en el país. La política librecambista, que había
introducido el liberalismo gólgota de mediados de siglo a
través de Florentino González, había fortalecido
considerablemente al sector agroexportador ( y a los comerciantes,
que además se hicieron en buena párte terratenientes
tras la desamortización de los bienes de la iglesia decretada
por Mosquera en el 61) y había traído igualmente la
ruina a las incipientes manufacturas del oriente y de Samacá.
Núñez se había enfrentado a las doctrinas del
libre-cambio, él comprendía que incluso en el viejo
continente este solo se había impuesto como una etapa posterior
al "despegue" del proceso industrial. Como Friedrich List,
el economista alemán del sistema de la "economía
nacional", sabía que esa doctrina, aplicada indiscriminadamente
-en concreto a Inglaterra - en detrimento de las menos desarrolladas.
"Al monopolio se le encuentra sistemáticamente en el
origen del desarrollo industrial de todas las grandes naciones modernas.
La época mercantilista, tan trascendental en la historia
económica del mundo, por ser ella el crisol donde se crearon
las bases de la gran industria moderna, puede definirse sin exageración,
como la época de los monopolios". LIEVANO AGUIRRE cita,
sin dar su nombre, a un "ilustre economista francés"
que afirma: "Sin los monopolios de fabricación y la
creación de manufacturas reales, la industria en grande escala
no habrá nacido,. Por otra parte, las industrias importadas
a Francia necesitaban por algún tiempo verse libres del régimen
de la concurrencia. Cuando en términos absolutos se condenan
los monopolios y privilegios, se hace caso omiso de estas necesidades
históricas".
Y es precisamente esto lo que sucedió en general en la América
hispana: "El gran problema de hispano-américa ha sido
siempre, que en su admiración de pueblo joven por los pueblos
ya maduros del continente europeo, se ha sentido tentado por el
deseo dominante de imitar los sistemas económicos y políticos
de aquellos, pero no siguiéndolos en su evolución
y desarrollo lógicos, sino saltándose etapas, tomando
partes de ellos, partes que casi siempre correspondían a
una etapa final o a una ya muy evolucionada, para injertarlas artificialmente
en el primitivo medio americano...La "libertad industrial"
de que hablaban nuestros cándidos economistas y políticos
para combatir los monopolios, supone una industria ya formada y
en desarrollo; en cambio, el régimen intervencionista, los
privilegios y los monopolios, son antecedentes necesarios de la
iniciación de tal industria. Lo que no entendían bien
los "economistas" colombianos enemigos de la Regeneración,
y que de buena o mala fe para hacer oposición a este régimen,
trasladaban al país los argumentos que en Europa en esos
momentos se esgrimían contra los monopolios, era simplemente
que esa reacción contra ellos en aquel continente obedecía,
allí sí, a una realidad, pues en Europa los monopolios
habían cumplido ya su misión histórica; pero
que esto no justificaba que se afirmara lo mismo con relación
al medio americano que presentaba por entonces todas las características
del feudalismo económico y que se hallaba por lo tanto preparado
para la iniciación de una política de fomento manufacturero
en la cual el monopolio debía jugar un papel principal"
.
Pero no solo protegió el gobierno de la regeneración
las manufacturas nacionales por una política arancelaria,
sino inclusive al garantizarles a las fábricas que estaban
comenzando a producir la venta de por lo menos una parte de su producción,
que el gobierno adquiría a buenos precios durante un período.
"Con este nuevo rumbo, la política proteccionista iniciada
de una manera incompleta en 1881, alcanzó su perfecto desarrollo
a partir de 1886, año en que se estableció una nueva
tarifa que ya consultaba científicamente todas las necesidades
de esta nueva orientación económica...Y a pesar de
los funestos augurios que contra la política económica
de la regeneración habían acumulado los defensores
del librecambio, sus efectos benéficos no tardaron mucho
en presentarse . Las fábricas de hilados y tejidos tomaron
un incremento inesperado y no pocos establecimientos fabriles de
diversos órdenes surgieron no solo en la capital sino en
los departamentos, para sombro de quienes negaban a Colombia toda
posibilidad de industrialización". Como fue el caso,
"significativo también como índice de progreso
industrial", del auge de las ferrerías de Samacá
y La Pradera, aunque en opinión de ALBERTO MAYOR estas "nunca
lograron resolver el problema fundamental: una producción
continua" "Empeñado el señor NUÑEZ
en implantar en el país la industria del hierro -su más
constante preocupación desde que fue presidente de la república
en 1881- no economizó a partir de esta época ninguna
clase de esfuerzos para obtener su pleno desarrollo; continuas exenciones
y fuertes subvenciones en papel moneda fueron valiosos aportes del
gobierno a esas empresas, que no tardaron en estar en condiciones
de fabricar numerosos instrumentos de hierro para el abastecimiento
del consumo interno del país"
También en las concepciones del derecho público se
produjo una transformación radical en relación con
la situación que había imperado durante la vigencia
de la carta de Rionegro. En la media en que ahora se consideraba
que la soberanía residía única y unitariamente
en la nación, "representante ya de las clases con ámbito
nacional y no de oligarquías regionales" (TIRADO MEJIA),
se fortaleció el Estado centralizado, se unificó la
legislación y se establecieron los mecanismos que permitían
la intervención del Estado en el manejo de la economía.
"Claro está que lo que se manifestaba como asunto técnico,
de "descentralización administrativa", tenía
un hondo contenido político pues era el asentamiento de un
poder central, expresión del "interés general",
encarnado en la clase dominante para mejor regular las condiciones
de explotación de las masas populares e imponerse, en aras
de ese interés general, sobre los intereses parciales de
las oligarquías regionales o de las fracciones de clase"
. Para lo cual, además, se imponía una reorganización
en el terreno militar, la centralización del poder armado
y el establecimiento de un ejército y una policía
nacionales.
Pero tal vez el fenómeno más significativo que acompaña
a este período de la vida nacional haya sido el auge y la
consolidación de la producción cafetera. Basta pensar
que durante los dos lustros que siguieron a la puesta en vivencia
de la nueva Carta constitucional se sembraron treinta millones de
cfetos, particularmente en el occidente del país en donde,
como una consecuencia del proceso de la colonización -que
se orienta hacia el sur del departamento de Antioquia y llegará
hasta lo que hoy constituye el norte de los departamentos de Tolima
y Valle-surge una nueva modalidad de cultivo diferente al característico
de la gran hacienda semiseñorital que predomina en el oriente,
en Cundinamarca y el Tolima en una fase anterior y en la cual todavía
rigen relaciones de dependencia semifeudales y el sistema de aparcería
(aunque cada vez se hace más necesario emplear trabajadores
asalariados en dos períodos de cosecha), haciendo posible
el surgimiento de una franja en expansión de pequeños
y medianos propietarios que establecen núcleos de economía
campesina en las tierras de vertiente.
La comercialización del café, que se cultivaba en
las estribaciones de las cordilleras, bastante lejos de los puertos,
incidió en el desarrollo de un sistema de transporte orientado
a las necesidades de la exportación, principalmente de los
ferrocarriles, en dirección a la costa o al río Magdalena,
en donde embarcaciones de vapor retomaban la carga. Si en 1885 la
red ferroviaria solo llegaba a los 203 kilómetros, hacia
1914 ya era 1.116 . A comienzos del siglo el 3%; en 1915 ya será
el 5.2% y en 1925 el 9%.
Aunque la exportación del café estuvo en buena parte
en manos de grandes sociedades mercantiles, los pequeños
y medianos propietarios que lo cultivaban, así como todos
los involucrados en el proceso de comercialización (actividades
de empaque y transporte del grano) recibían un ingreso regular
que aumentó sus posibilidades de consumo. Este elemento "democratizador"
incidirá en la formación de la primera clase media
rural en América Latina, como sostiene ORLANDO FALS BORDA,
una órbita de circulación para bienes de consumo masivo
en una densa zona de consumidores, tanto de las zonas cafeteras
propiamente dichas, como de algunos centros urbanos que tomaron
impulso y prosperaron gracias al comercio y transporte del café.
La existencia de este mercado interno favorecerá los inicios
de la industrialización.
Las trilladoras del grano constituyen en probablemente las primeras
grandes empresas que emplean trabajo asalariado, y no es causal
que en 1905 comenzará a producir la primera fábrica
textil en Bello, una idea suburbana de Medellín, con 150
trabajadores, la mayoría de ellos mujeres. El proceso de
consolidación de la unidad nacional, para el cual la política
de NUÑEZ había sentado las premisas, se acelera con
el auge del café, lo que sin embargo no acontecerá
sin conflictos . Debemos mencionar otro factor material que desempeñó
un papel de primer orden en el proceso económico de Antioquia:
la minería, el oro. No podemos olvidar que en 1885 se determinó
la fundación de la "Escuela de Minas" en Medellín,
una institución académica que va a ejercer un importantísimo
influjo en el proceso modernizador y tecnológico del país,
que comenzara sus actividades en 1888.
Pero debemos regresar otra vez al 86, para retomar el hilo de nuestro
asunto. Hemos considerado necesario hacer una justa evaluación
de lo que significó para el destino de la nación el
"viraje" del antiguo radical y ministro de Mosquera que
pusiera en marcha el proceso de desamortización. Creemos
que, más allá de cualquier consideración partidista,
la obra de RAFAEL NUÑEZ resultó determinante de nuestro
desarrollo histórico. Y también de nuestra personalidad,
de la idiosincracia que predominará en Colombia hasta bien
entrado el siglo XX. En ese sentido, no deberíamos olvidar
considerar expressamente de qué manera y hasta qué
punto la alianza con los conservadores independientes -quienes de
hecho terminaron por ser los beneficiarios del proceso tras la disolución
del "partido nacional" y el retiro de NUÑEZ a su
refugio de "El Cabrero" -iría a tener consecuencias
bien características en relación a lo que nos interesa
aquí. Porque MIGUEL ANTONIO CARO, el jefe de los independientes
y a quien se ha considerado el verdadero "cerebro" de
la carta del 86, representaba enfáticamente el regreso a
la tradición hispánica. Dice al respecto JAIME JARAMILLO
URIBE:
"Miguel Antonio Caro representa la fidelidad completa y sin
reservas a la tradición española, en cuanto esta significa
una concepción típica de la vida personal y de la
organización del Estado, y en cuanto simboliza una gestión
histórica. En ningún momento de su vida llegó
a pensar que los ideales del mundo anglosajón pudiesen ser
superiores a los hispánicos y por lo tanto pudiesen o debiesen
reemplazar a los que constituyen la esencia de la tradición
latinoespañola...Ni el progreso industrial, ni las ciencias,
ni el liberalismo económico, ni la sociedad individualista,
ni el positivismo, ni el método de las ciencias naturales
en el campo de las ciencias del espíritu, fueron considerados
por Caro como valores absolutos y máximos, y menos aún,
como llegaron a considerarlos la mayor parte de sus con temporáneos
de Colombia y de América, como objetos de veneración
y culto. Por esta misma circunstancia nunca creyó que pudiera
ser una grave acusación contra la obra de España en
América, el hecho de no haber organizado y traído
a sus colonias lo que la mayor parte de sus críticos consideraban
el ápice y la esencia de la civilización, es decir,
la gran industria y la técnica, la economía de mercado
libre, el estado neutral en materias religiosas, las libertades
políticas individuales, sobre todo las libertades económicas;
la libertad de prensa y el sufragio universal. Caro poseía
una idea metafísica de la sociedad y del hombre muy diferente
de las entonces en boga...No acoge la concepción optimista
de la sociedad que considera a esta compuesta de individuos libres,
que al perseguir y buscar su propio interés logran automáticamente
el equilibrio social y el beneficio de todos; ni acepta el moderno
hedonismo que declara ser misión de la sociedad y del Estado
buscar el confort del ciudadano (o el mayor placer para el mayor
número, como lo expresaba la escuela de BENTHAM); ni la idea
de que la expresión más alta de los derechos de la
persona es la participación en la elección de los
gobernantes, es decir, el sufragio universal. Todos estos elementos
de una concepción del mundo le parecían contrarios
al estilo español de vida.
El español era personalista, pero no individualista a la
manera del moderno liberalismo, y gustaba de la riqueza más
como elemento de pompa y fuente de prestigio que como instrumento
de bienestar. En fin, la honra y el honor de la persona eran para
el peninsular los más alto valores, ante los cuales carecían
de importancia derechos políticos como el de participar en
la elección de gobernantes...CARO captaba también
en el hispanoamericano este mismo fondo de actitudes típicas.
Para América, por lo tanto, ser fiel a su propia esencia,
ser auténtica, ser independiente espiritualmente, era ser
fiel a la tradición española de vida, fidelidad que
en ningún caso consideró incompatible con la independencia
política". Esta había sido necesaria, "pero
la ruptura por la tradición era una catástrofe y un
imposible" .
El mismo CARO se expresaba en forma bien clara al respecto, en un
artículo sobre la fundación de Bogotá: "El
año de 1810 no establece una línea divisoria entre
nuestros abuelos y nosotros; porque la emancipación política
no supone que se improvisase una nueva civilización; las
civilizaciones no se improvisan. Religión, lengua, costumbres
y tradiciones, nada de esto lo hemos creado; todo lo hemos recibido
habiéndonos venido de generación en generación
y de mano en mano, por decirlo así, desde la época
de la conquista y del propio modo pasará a nuestros hijos
y nietos como precioso depósito y rico patrimonio de razas
civilizadas...Nuestra independencia viene de 1810, pero nuestra
patria viene de siglos atrás.
Nuestra historia desde la conquista hasta nuestros días
es la historia de un mismo pueblo y de un misma civilización.
Cultura religiosa y civilización material, eso fue lo que
establecieron los conquistadores, lo que nos legaron nuestros padres,
lo que constituye nuestra herencia nacional, que pudo ser conmovida,
pero no destruida, por revoluciones políticas que no fueron
una transformación social". Finalmente, en una nota
a la Oda a la Estatua del Libertador y como para no dar lugar a
equívocos en relación con su ortodoxia de católico
ultramontano, decía: "Yo creo, como aquel gran poeta,
que vale más el evangelio que cuantos libros antes y después
de él se han escrito; y que el decálogo, que solo
consta de diez renglones, ha hecho más bien a la humanidad
que todos los ferrocarriles y telégrafos, y velas y vapores
y máquinas, cuyas resurrecciones, si no invenciones, aprecio
como es injusto y disfruto agradecido".
Como ilustración bien característica de lo que significó
la "Regeneración" en el terreno indiosincrático
valga la pena transcribir unos párrafos de la presentación
a las "Lecciones de Filosofía según el espíritu
del doctor Angélico SANTO TOMAS DE AQUINO por P.VALLET, P.S.S.,
profesor de filosofía en el seminario de Issia, traducidas
de la segunda edición latina y anotadas por GABRIEL ROSAS,
PROFESOR DE FILOSOFÍA EN LA Universidad Católica",
quien entre otras cosas sostiene (en un prólogo fechado en
Bogotá,, febrero de 1886 y después de una "protesta"
que dice: "Sometemos nuestra traducción al juicio de
la autoridad eclesiástica, y declaramos que estamos prontos
a corregir cualquier pasaje que pueda parecer contrario a las doctrinas
de la iglesia, que íntegramente y de corazón profesamos")
lo siguiente:
"Nuestro país, llamado a grandes destinos por la naturaleza
de su suelo y por la vigorosa inteligencia de sus hijos, no puede
permanecer indiferente al movimiento filosófico, sin menoscabo
de su preeminencia intelectual sobre los demás países
de Hispanoamérica. No nos faltan, es verdad, distinguidos
matemáticos, naturalistas, jurisconsultos y publicistas;
contamos con filólogos que, siguiendo con perseverancia las
lecciones de los grandes maestros europeos, compiten con LITTRE
y con DIETZ; y figuran en nuestro Parnaso poetas de primer orden;
pero en el vasto campo de la filosofía cristiana hemos explorado
muy poco, cuando los progresos del sensualismo y la audaz impiedad
debían empeñarnos en su cultivo.
Acaso el haberse adueñado los sectarios de TRACY y de DARWIN
de la enseñanza pública, ha sido obstáculo,
más bien que estímulo, a nuestros adelantos en aquel
estudio. Hoy ese obstáculo ha desaparecido. Colombia reaparece,
después de largos años de agonía, a nueva vida,
en la cual todos hemos de trabajar en la medida de nuestras fuerzas,
y para hacernos dignos de la protección que Dios nos ha dispensado,
en devolver a la verdad los dominios usurpados por el error, y en
consagrar al bien la fecunda labor que promete una sociedad regenerada.
Nuestra juventud, ansiosa de luz, creyó hallarla en el materialismo,
pero no encontró allí más que tinieblas y ruina,
y fue tal la tiranía con que aquel sistema se enseñoreó
de su espíritu, que no dio acogida a otras doctrinas, falsas
ciertamente, pero menos innobles, que en Europa cuentan con libros,
cátedras y periódicos. Ni KRAUSE ni HEGEL, el más
grande de los sofistas modernos, tienen discípulos en Colombia.
Beban en las impuras fuentes del sensualismo los jóvenes
abyectos, que no tienen alas para elevarse al cielo de la verdad
católica, pero aquellos en cuya inteligencia se alimenta
la fe recibida al calor del hogar, y en cuyo corazón arde
el amor a Cristo, que es el camino, la verdad y la vida", ocurran
a las fuentes vivas de la filosofía espiritualista. Allí
verán convertida en amplia y luminosa región, el caos
espantoso que de Dios y de las obras de sus manos han maquinado
los hijos del error..:"
Vale la pena recordar la consideración de TIRADO MEJIA según
la cual la política de la regeneración se plasmó
en un proyecto económico y administrativo "que a nombre
del orden consolidó la represión", y en "la
utilización de la ideología y la reorganización
de los aparatos ideológicos del Estado, que fueron entregados
a la Iglesia Católica para su manipulación".
En primer lugar la escuela, la educación pública,
colocada en manos del clero de acuerdo con lo estipulado por el
concordato firmado con la Santa Sede en 1887 y adicionado en 1891,
cuyo artículo 12 dice que "en las universidades y en
los colegios, en las escuelas y en los demás centros de enseñanza,
la educación e instrucción pública se organizará
y dirigirá en conformidad con los dogmas y la moral de la
Religión Católica", agregando luego que la enseñanza
religiosa "será obligatoria en tales centros y se observarán
en ellos las prácticas piadosas de la religión católica".
Pero no contentos con ello, el artículo 13 estableció
que el gobierno debería impedir que "en el desempeño
de asignaturas literarias, científicas y, en general, en
todos los ramos de la instrucción, se propaguen ideas contrarias
al dogma católico y al respecto y veneración debidos
a la iglesia".
Pero esas "ideas contrarias al dogma católico"
no eran otras que los "errores" de los tiempos modernos
que el syllabus del Papa Pío IX había minuciosa y
prolijamente enumerado y condenado, y del cual decía CARO
que era "el decálogo aplicado a la nueva y gigantesca
forma que ha tomado la libertad del mal en las sociedades modernas",
libertad del mal que sería "la esencia del liberalismo".
Para el socio de NUÑEZ -el agnóstico, el escéptico
pragmático y realista-, lo que Pío IX formulara con
aquel documento no era otra cosa que el programa del "partido
católico" que él quería impulsar para
"ennoblecer la política conservadora y elevar al rango
de "escuela tradicionalista, depositario de verdades inmortales",
partido católico que es "la iglesia militante en el
orden social y político", cuyo jefe es el Papa mismo,
"el inmortal Pío IX", que "desde su cátedra
infalible" ha condenado el liberalismo, "el estado anormal
de las sociedades producto del liberalismo y que el liberalismo
apellida civilización moderna"
Para GUILLEN MARTINEZ -que considera a la Hacienda hasta bien entrado
el siglo XX como el "modelo social integrador (expandido rápidamente
por toda la nación), condicionante de todas las articulaciones
de poder, cuyos valores se proyectan sobre las instituciones de
la sociedad global mucho más allá (en tiempo y espacio)
de los límites objetivos de las circunstancias históricas
que les dieron origen" a las relaciones de trabajo, propiedad
y autoridad en las zonas andinas del centro del país- el
concordato, "al garantizar a los clérigos privilegios
individuales y fueron de excepción, así como asistencia
financiera permanente por parte del Estado " hizo posible la
existencia de un "cuerpo sumiso y disciplinado al cual se encomendó
la socialización cultural del país, entregándole
la inspección general de la enseñanza y haciendo obligatoria
la instrucción católica en colegios, escuelas y universidades,
lo cual garantizó, por generaciones, la reproducción
del modelo hacendario de lealtades y de dominación social
que la iglesia había adoptado en los siglos coloniales, al
servicio de los grandes terratenientes" . Y ALFREDO VASQUEZ
CARRIZOSA, quien como canciller y a través de DARIO ECHANDIA
como embajador ante la Santa Sede adelantó las negociaciones
encaminadas a la reforma del concordato en 1973, sostiene que "el
arreglo concordatario fue más amplio que el intentado en
1880 por el general Sergio Camargo con el secretario de su Santidad"...Pero
agrega que el Concordato de 1887 "se situó en la época
del "Syllabus", por el cual la iglesia condenaba el modernismo.
Recibió ese convenio el sello de su tiempo y estuvo ligado
a los artículos de una carta fundamental que establecían
la tolerancia religiosa y la preeminencia de la Religión
Católica en el Estado colombiano.
Constitución y concordato formaron así un solo bloque...Colombia
adoptó el esquema de una República donde imperaba
la teoría del Estado confesional, acompañado de un
principio de no tolerancia religiosa, sin que ese molde político
e intelectual se modificara con las reformas constitucionales de
1910".
Esta vinculación entre la carta fundamental y el concordato
firmado con la Santa Sede un año después de aprobada
aquella, del cual decía NUÑEZ que había sido
"el complemento obligado de la Constitución, por no
decir su alma", será lo que permita asignar a la ideología
religiosa "el papel de amalgama para solidificar el proyecto
económico y administrativo de la represión" (TIRADO
MEJIA).
GUILLEM MARTINEZ va más lejos, al considerar la función
subalterna del clero dentro del esquema señorial "hacendario":
"Independientemente del contenido dogmático y doctrinal,
de las concepciones éticas, de las formas jurídicas
del catolicismo ecuménico, el clero colombiano transmite
las experiencias y los intereses sociales determinados por su propia
historia subalterna y por las condiciones de su inserción
en el modelo del poder dominante, tradicional. Aun sin proponérselo
intencionalmente, como agente socializador reproduce y propaga las
racionalizaciones que legitiman y hacen viable ese modelo de poder,
condicionado cada uno de los actos individuales y colectivos y dando
un perfil característico al grupo cultural entero. Lo que
aparece claro es el hecho de que el Concordato asegura al Estado
colombiano el servicio obsecuente, constante, ubícuo, eficaz
e incansable del clero colombiano, como, agente socializador, portador
de los viejos valores "hacendario", en un medio social
que cambia y amenaza con la desintegración de su modelo...Esto
es lo que haqa permitido, más que otro factor cualquiera,
que la estructura socioeconómica de la nación cambie
de manera dramática y acelerada a lo largo de un siglo, sin
que simultáneamente cambien sus estructuras de poder de las
imágenes míticas del consenso colectivo, creando un
caso excepcional en la historia de la América Latina"
Por ello resulta tan característico y sui generis este sincretísmo
colombiano, esta modernización en contra de la modernidad,
que permitiría en los primeros decenios del siglo avanzar
en el terreno infraestructural -de la industrialización,
de las vías de comunicación y también, relativamente,
de la educación pública (en la medida en que ello
era imprescindible para adecuar a las mayorías a los procesos
de cambio que se estaban viviendo); de la urbanización y
el desarrollo económico, aunque en menor grado que otros
países del subcontinente más estrechamente vinculados
ya por entonces al mercado mundial- sin variar substancialmente
la concepción tradicionalista o la " visión del
mundo" y la ideología, que desde la firma del concordato
de 1887 estuvo sometida al control, por el de la educación
pública, de la iglesia católica romana. Para expresarlo
en palabras de JOSE LUIS VILLAVECES "en Colombia se han implantado
las formas de racionalidad propias de la ciencia moderna, occidental,
burguesa, sin que se haya asumido del todo su profanidad" porque,
"más que por un esfuerzo de racionalización del
mundo y de confrontación experimental, de organización
del saber integrándolo a una concepción naturalista,
la ciencia ha llegado a Colombia por revelación". Después
de una extensa cita de JOSE LUIS ROMERO sobre la forma como, contra
la experiencia primaria y empírica de los hombres, se produce
"la impostación autoritaria de un esquema de pensamiento
que enseña a pensar contra lo que dicen los sentidos "afirma
que "la larga y paciente labor pedagógica llevada a
cabo en Colombia, en buena medida, por el catolicismo, ha introducido
una ciencia impuesta por revelación, en la cual las cosas
se aprenden por autoridad. A pesar de que vemos que la tierra, es
plana, sabemos que es redonda, porque nos lo han enseñado
así, a pesar de que vemos que los objetos se detienen al
moverse y que el estado natural de ellos es el reposo, sabemos que
no se detienen nunca, porque nos lo han enseñado; la "fuerza
de la gravedad" es una explicación tan mítica
como la gracia santificante y para la mayoría de los colombianos
el arcángel San Gabriel o José Gregorio Hernández
están tan cerca o tan lejos de la cotidianidad como ISAAC
Newton o Galileo Galilei, para no hablar de ROBERT BOYLE o de ANTOINE
LAVOISIER" .
LIEVANO AGUIRRE afirma que el criterio que llevó a NUÑEZ
a las negociaciones concordatarias "fue el de dar por un lado
una decisiva influencia a la religión y a la moral en la
educación de los niños colombianos, y por el otro,
el de dejar a la ciencia libre para que adelantara sus trascedentales
investigaciones", y que "no hay tal, pues, como continuamente
se ha afirmado" que aquella "tuviera facultad de impedir
la enseñanza de los nuevos descubrimientos de la ciencia".
El mismo NUÑEZ en una respuesta a un periódico mexicano
afirmaba que en Colombia la enseñanza era libre: "tiene,
pues, la ciencia ilimitado campo para revelarnos, si puede, lo que
hay arriba de las nebulosas, y lo que hay debajo de los microbios"
.
Pero este sincretismo del que se jactara luego monseñor
RAFAEL MARIA CARRAQUILLA -el "filósofo" oficial
de la hegemonía conservadora hasta su muerte en 1931-, es
el que garantizará una concepción fundamentalmente
utilitarista del quehacer científico, que en realidad no
fue tal entre nosotros. Como lo dice, de nuevo, el profesor VILLAVECES,
"durante casi toda la historia del país la química,
las matemáticas, la física han sido enseñadas,
presentadas y utilizadas más como herramientas para otros
fines que con interés en ellas mismas. No se ha esperado,
en general, que la actividad científica genere conocimientos
especializados e, incluso, poco o ningún reconocimiento social
han tenido por su valor intrínseco. Se ha tendido a usarlas
como constructos ajenos, útiles para resolver algún
problema y por ello mismo no se han apropiado. Así, la enseñanza
de las ciencias ha sido y es fundamentalmente enseñanza de
recetas aplicables a solución de problemas típicos,
sin buscar la versatilidad, la adaptabilidad y la capacidad de aprendizaje
continuo que caracterizan al científico del hemisferio norte.
Dentro de este esquema utilitarista, muy pocos en Colombia han recorrido
el todo infinito con su mente y su ánimo" y por ello
para la mayoría el aprendizaje de las ciencias no ha conducido
a la independencia del sujeto, a su liberación de sistemas
trascendentales y ajenos a sí mismo, se han aprendido pero
no se han aprehendido, han servido para resolver problemas típicos
-como el saber de las abejas les sirve para construir panales típicos-,
pero sin realizar lo que MARX llama la diferencia fundamental entre
la abeja y el arquitecto: que este construye la celda en su cabeza
antes de construirla en el panal. No vacilamos en afirmarlo: la
concepción utilitarista, al impedir o desestimular la apropiación
real del saber científico, no ha permitido, o al menos ha
dificultado, que las ciencias contribuyan a la modernidad"
.
Para terminar, nos parece oportuno adelantar una breve reflexión
sobre las consecuencias ético-prácticas del proceso
que hemos venido analizando: el de una secularización a medias,
la postergación de la experiencia de la modernidad en Colombia.
Nos limitaremos a citar las palabras de una sacerdote jesuita en
un artículo motivado por los dramáticos acontecimientos
que nuestra sociedad ha estado viviendo y padeciendo en los últimos
años y que no por casualidad se intitula El precio de la
paz en el vacío ético y social:
"...la secularización acelerada de la sociedad colombiana
de los últimos veinte años es el cambio más
importante del país en un problema grave: durante este período
se desvanece la moral religiosa y las gentes no han sido preparadas
con una ética cívica que sustituya lo que antes se
cumplió como mandamiento divino. De hecho, lo que se ha dado
es el secularismo. Es una sociedad que salta del institucionalismo
católico a la anomía social sin haber conocido la
secularización. Este problema parece estar en el núcleo
de comportamientos anormales peligrosamente diseminados en Colombia.
Y ante esta realidad puede ser absolutamente irrelevante llamar
de nuevo al pueblo desde las pastorales y los púlpitos a
un comportamiento religioso.
Una hipótesis para explicar esta situación es que
la iglesia católica, tan asidua en una predicación
ordenadora del comportamiento social desde los templos, y encargada,
no sin disputas ni forcejeos, de la tutela de la educación
nacional hasta hace dos décadas, no se preocupó o
no encontró una metodología para contribuir a desarrollar
una civilización estatal o una comunidad civil. Lo que parece
haber centrado la preocupación de la iglesia fue el desarrollo
de la civilización católica y de la comunidad religiosa.
Lo importante para la iglesia era hacer buenos católicos
y eso no coincidía necesariamente con hacer buenos ciudadanos.
Por eso, normas importantísimas de la vida ciudadana como
disposiciones sobre el contrabando y la tributación o el
manejo de los dineros públicos por los funcionarios de turno,
podían pasarse por alto, sin incurrir en pecados, siempre
y cuando se cumplieran los dictámenes de Dios y de su iglesia"
La carencia de un Ethos secular, de una ética ciudadana
-como escribía ALEJANDRO LOPEZ en 1927 y lo repite en nuetros
días FRANCISCO DE ROUX -constituye nuestro mayor problema.
Como lo afirma este último, nuestra sociedad ha saltado "del
institucionalismo católico a la anomia social" sin haber
pasado por un proceso de secularización.
Naturalmente, esta deficiencia nos remite a todo nuestro pasado
colonial español. La misma España, nuestra "madre
patria", se cerro desde el siglo XVI y tras la derrota del
levantamiento comunero -que en opinión del historiador JOSE
ANTONIO MARAVALL hubiera sido la "primera revolución
moderna" -al proceso secularizador de la modernidad.
Debemos recordar en este contexto lo que estaba aconteciendo por
entonces en el norte de Europa y que también enfrentó
al emperador Carlos V con otra revolución: la Reforma se
constituiría a partir de entonces en el hemisferio norte
en el vehículo de la secularización, que permitió
la maduración de la religión cristiana hacia una eticidad
que en últimas fundamentara el proceso moderno de la individuación
y la experiencia de la autonomía. De la Ilustración,
que definiera KANT como "la salida de la minoría de
edad de la que uno mismo es culpable".
Pero cuando se trata de naciones enteras no se pueden considerar
culpables de ella a sus pueblos sino a sus grupos privilegiados,
dominantes mas no dirigentes. Lo que se ha dicho de la aristocracia
española, vencedora sobre el Tercer Estado en la batalla
de Villalar: que no tuvo necesidad de convertirse en una verdadera
élite en el sentido moderno de la palabra, vale en buen grado
de las clases privilegiadas tradicionales del subcontinente americano.
Al no haberse esforzado por amoldar sus actitudes y sus valores
a la realidad del mundo moderno que indefectiblemente se fue gestando
a nivel planetario durante los últimos doscientos años
de la historia devenida universal -que coinciden aproximadamente
con la de nuestras propias naciones -han terminado por adoptar en
forma apresurada y sincrética patrones de comportamiento
que imponen la vinculación al mercado mundial, la industrialización,
el desarrollo económico y la acelerada urbanización,
sin que setos sean consciente y sistemáticamente asimilados
por las grandes masas populares, mantenidas hasta el día
de ayer en un estado de somnolencia tradicional y que han despertado
abruptamente a las impostergables tareas que impone el mundo contemporáneo.
El sonambulismo que caracteriza en buena medida las actitudes del
ciudadano, la persistencia de vicios tradicionales que impiden una
auténtica solidaridad y cohesión social -particularismos,
fulanismos, clientelismos, dependencia y falta de autonomía
en los procesos de decisión política- prueban ese
peculiar sincretismo de lo moderno y lo premoderno, tan característico
de la vida pública en nuestro país.
De donde la precariedad de nuestro proceso democrático.
La misma España sucumbió hace cincuenta años
-tras seis años de ensayo republicano y de modernización
de las estructuras del Estado y la sociedad, de la educación
y la cultura en general- al embate del totalitarismo. Ello fue una
consecuencia del atraso, del carácter rezagado de su desarrollo
histórico anacrónico en la época moderna. Casi
cuarenta años tuvo que soportar el pueblo español
una dictadura que quiso ser imitada en Colombia a comienzos de los
años cincuenta. Hoy en día, el rechazo de la cultura
de la modernidad continua vinculado a actitudes antidemocráticas.
Pero esta constituye un reto ineludible, aunque el nivel del conflicto
y la magnitud de las tareas a enfrentar cada día es más
grande.
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