Ciudades literarias: tejer y destejer
Cuando Isaac Joseph aprovecha la microsociología para abordar el tema de la ciudad y sobre todo las relaciones de los habitantes a partir del sonámbulo, e1 tráfico y el extranjero, reconoce en este último "la forma de la socialidad misma como relación más allá del vagabundeo y de la fijación" (Joseph,12), en el sonámbulo "la impotencia del movimiento hacia el otro" ;y en el tráfico el diseño de un territorio urbano que expone a contactos.
Las variadas expresiones surgidas en las ciudades y de los ciudadanos identifican múltiples modos de vida, como puede confirmarse en las ciudades escritas en la ficción literaria. Los narradores escriben sobre ciudades de su presente, de su pasado o de su futuro, según concepciones de su tiempo (que el lector puede leer de la misma manera). Así por ejemplo, un autor escribe sobre una ciudad de épocas anteriores a su momento recreando la historia y la mentalidad de la época referida, aunque agregándole cierta dosis estructural o de la sensibilidad de su propio presente; sin embargo, al ser leída en el futuro puede ser entendida desde diversas modalidades del pasado. Igualmente, un autor puede concebir una ciudad futura según vivencias o concepciones de su propio presente y ésta puede ser leída más adelante por lectores que la entienden como obras del pasado, del tiempo del autor: Los imaginarios, pues, suponen el pasado o el futuro desde el presente, lo actualizan o recrean anacrónicamente, sincrónica futurísticamente, y están sujetos al cambio de concepciones de los tiempos.
Hay otros modos de entender la ciudad y sus estados: algunas dicen el presente o el pasado no volviendo a su época sino de manera alusiva: " dicen" con la música (no corresponden a la misma dirección los ritmos nostálgicos del tango o el bolero que los rítmicos de la salsa y los estridentes rock), con el éxodo y las migraciones (no es la misma la ciudad de los inmigrantes campesinos, la de los inmigrantes de posguerra o la de los marginales desplazados de una época la de otra), con el vagabundeo del transeúnte (no es igual la ciudad del turista a la del llamado sonámbulo, la del abúlico y la del vagabundo), con la noción de normatividad y crisis. Tampoco es la misma para quien en su presente la recrea en el presente mismo, en el pasado o imaginando el futuro, ni será igual para quien la lea en el futuro. La ciudad, esa complejidad de entrecruces y superposiciones de muchas ciudades, es un medio donde, de manera inmediata, apenas se ve la superficie. De ahí que para efectos de su comprensión sea necesario identificarla a través de algunas constantes o tendencias que convergen en su centro y en sus márgenes: inmigrantes y transeúntes, evocadores o inmediatistas, apocalípticos o abúlicos, en fin, inmersos en sus espacios internos o externos, o recorriéndolos en sus venas o en sus arterias.