Expresiones de la autoconciencia
A la preocupación por la escritura, al planteamiento (implícito
o explícito) de líneas de equivalencia entre lenguaje
y realidad, a las exigencias comunicativas hay que sumar. ahora,
una revisión de la expresión de la autoconciencia.
para completar nuestro examen. Veamos:
La otra selva es un texto rico en alusiones literarias, en descripción
de los procesos creativos en auto-referencias y autoidentificaciones
(.no está mal el párrafo- nos comenta el narrador
principal en la página 30 y luego se pregunta: -¿Cómo
describir lo ocurrido en aquel día de mayo de 1928? [...
] No sólo porque es una empresa imposible, sino porque un
relato está hecho de palabras, de voces, de juegos verbales,
de hechos puros y simples... -. Este tipo de dificultades son también
confesadas por Miss Claire, Alicia e incluso por el mismo Rivera
en sus respectivos momentos de reflexión sobre la escritura),
La otra selva, sin embargo, soporta un grado de autoconciencia aun
más interesante: el que le permite hacer de una investigación
literaria una novela. La investigación que un lector
de Rivera realiza en tomo a su obra y a los días finales
de su vida se ficciona y, así, la imaginación transcreadora
sumada a la investigación literaria constituyen el substrato
mismo del texto.
Algunos indicios de la investigación literaria se dan cuando
el hombre-espía nos revela uno de los documentos:
Al día siguiente recibí un sobre que contenía
50 dólares, dos direcciones en Manhattan, un ejemplar de
la primera novela del escritor al que yo debía espiar, una
descripción de la temática de la obra en que se encontraba
trabajando y un pequeño estudio titulado -confidencial- sobre
la vida, motivaciones y estilo literario del escritor (esto último,
me enteré mucho después, había sido escrito
por un profesor norteamericano, que se especializaba en literaturas
"Indigenistas", como su contribución a una conferencia titulada
"Autores representativos de la literatura de las Américas)
(p.24).
¿Qué otra cosa pueden ser los capítulos dedicados
a la escritura de Miss Claire, la traductora de Rivera, sino recuperación
literaria (es decir, metafórica, mítica, hiperbólica)
de episodios reales? Cómo pueden existir los escritos de
Alicia (un personaje de Rivera) sino a través de esa vivencia
diferida en otro libro que son los capítulos de La otra selva,
donde su voz queda registrada? ¿Cómo es posible hablar
y hacer vivir "La Mancha Negra" (la supuesta novela que Rivera
compone poco antes de su muerte y en la que se denuncian los comportamientos
indignos de varios funcionarios colombianos en Estados Unidos),
sino es a través de la transcreación? ¿Cómo
entender la novela sino como una continuación de la obra
y de la vida (más allá de la muerte) de José
Eustasio Rivera?. La novela cumple, así, con esa asimilación
del discurso otro propia de los relatos metaficcionales.
Algo similar ocurre con Mujeres Amadas. Allí el tema
de la investigación literaria, que ejerce como substrato
de la novela, es la literatura erótica. Algunos indicios
de "la hvestigación que se hace novela" se pueden observar
en apartes como los siguientes:
En mis investigaciones lejanas -a las que el deber en el departamento
de español me imponían- hallé una frase digna
de consideración: Si queréis conquistarla, pegádle
un puñetazo en la nariz (p.20).
O en este otro fragmento donde, además, se plantea una de
las líneas de equivalencia del texto: Teoría vs. praxis
" palabra vs. comportamiento:
Diciembre del 77. Sigo recorriendo una y otra vez los círculos
del infierno. Mis investigaciones sobre el amor avanzan -ya
llegué al tiempo de Kubla Khan y conozco las hazañas
de un protomacho [...],pero mi praxis amorosa, cifrada únicamente
en Irgla, sigue en un punto muerto (p.53).
En ocasiones, Ramos afirma ser un "investigador de las ciencias
del afecto" (p.84) y a sus investigaciones las llama investigaciones
de índole creativa. En otras. incluye la perspectiva
que le dan sus indagaciones en debates académicos.
Ramos también incluye títulos de sus obras leídas
y algunos postulados y símiles de situaciones reales con
episodios de la "literatura amorosa" (p. 184). todo lo cual deja
entrever el substrato que atraviesa la novela y que la convierte
en ese tipo de discurso que es capaz de asimilar otros menos fruitivos.
Mujeres Amadas es muy rico en estrategias de auto-conciencia.
Se alude a obras y autores y el protagonista es un escritor que
habla frecuentemente de sus novelas: "Un día descubrí
que mi novela -el único ejemplar que tenía-
había desaparecido. Abusaid. entre compungido v satisfecho.
confesó que se la había prestado a la mujer
de ojos persas"(p.11). "Seguía obsesionado por la idea de
escribir una novela que permaneciera enteramente en el plano onírico...
" (p.31). "En Costa Rica sorpresivamente le asignaron un premio
a mi novela onírica" (P.53) " La vieja novela que inicié
en Cali en los días de incertidumbre... " (P. 177). "Ya terminé
la novela de sueños y corregí la primera para su segunda
edición en Colombia" (p.191).
Pero uno de los rasgos más interesante a este nivel, es
el recurso al pastiche y a la parodia (es decir, a las versiones
frenápteras para acudir al lenguaje del autor), burlas al
proceso creativo, a la crítica e, incluso, a personajes sagrados
como el caso de Cortazar: "En realidad Rayuela no es una novela
de vanguardia, ni abierta, nada de esas mierdas, es una novela a
la que se le incluyeron al final todos los capítulos desechados;
asunto de vanidad: Cortázar consideró quizás
que no tiene línea mala" (p.108).
Mujeres Amadas se acerca a lo que se puede llamar, siguiendo a
Kundera, "la atención a las llamadas no escuchadas de la
novela". En este caso una atención al juego. Ese sería
finalmente la propuesta de la novela: Asumir lo real (incluida la
esfera de lo literario ). como un juego, como algo que tiene juego
o como algo que se pone en juego y con el que se juega.
Quizás, de las novelas examinadas aquí, la que más
autoconciencia literaria posee (entendida no s6lo como capacidad
de hacer referencias literarias, sino de plantear los problemas
y aperturas de lo literario) es La muerte de Alec. La exposición
de la realidad como red de signos, como símbolo (en las p.
18 a 20, donde además se hace todo un cuestionamiento a la
percepción racionalista del mundo), el inventario esotérico
que incluye, su rica intertextualidad, la presencia del crítico
y del estudioso literario (en el capítulo 12, por ejemplo,
dedicado a Felisberto Hernández), y ese final que vuelve
a remitir todo a una percepción de la realidad básicamente
analógica, nos permite pensar que aquí la investigación
que se hace ficción no es del orden puntual sino que abarca
la reflexión total sobre la literatura. sus poderes y propuestas,
que están diseminados y dramatizados a lo largo de la novela,
una novela sobre el carácter literario de la vida. sobre
la capacidad de la escritura para desatar la realidad.
El substrato que sostiene a Trasplante a Nueva York es del área
de la teoría del lenguaje. Constantemente la voz narrativa
y el mismo personaje están reflexionando sobre las relaciones
entre lenguaje y realidad. El texto es una revisión
de esas relaciones y, una propuesta de solución a los problemas
que plantea.
Este conflicto frente a la relación lenguaje-realidad y
que se resuelve en distinta forma, está presente en todas
las novelas aquí revisadas. Es vivido por los personajes
escritores de La otra selva (incluido el poeta Rivera), se convierte
en tragedia en El visitante, donde la exigencia de Luis ("Has podido
salvarlo. Si el arte puede más que la ciencia y la
historia") no hace mis que confirmar el desencanto del hombre ante
la fragilidad de la palabra, ante el carácter artificioso
e inútil de la palabra escrita, del arte mismo.
La autoconciencia en este texto se manifiesta tanto por las continuas
evaluaciones y comentarios (formales y de contenido) que hace Luis,
como por la alusión a la literatura: "Amaba lo literario
Como a una mujer" (p.27). Pero es en ese manejo de lo que podríamos
llamar la "recepción" en donde podríamos rastrear
lo que está más cerca de un substrato teórico
del texto. La simultaneidad lectura-vida, el manejo topológico
de los dos planos, la confusión y finalmente la divergencia
de los mismos, evidencia una coincidencia del autor tanto de los
procesos de creación literaria como de los de la recepción.
En esta relativización de lectura-vida/vida-escritura se
sintetizaría la propuesta expresiva de El Visitante: su proyección,
su apertura, precisamente porque el lector primero no es aquí
un lector pasivo, un lector-víctima del autor, sino un lector
que va actuar (aunque sea tan melodramáticamente). que ha
cuestionado el texto y que incluso ha creado un texto (el de los
comentarios y evaluaciones, que sumado al texto ficticio constituye
el que leernos finalmente), un lector que nos invita a nosotros
(segundos lectores) también a actuar .
En La Ceniza del Libertador la propuesta consiste en atribuir a
la historia y a la imaginación una misma jerarquía
dentro del texto. Aquí la investigación hist6rica
no se hace documento, sino novela, porque existe la conciencia de
que lo histórico es tan ficticio como lo novelesco, ya que
se juega con las mismas reglas. Aquí tampoco hay punto
de llegada. La conciencia de que lo real histórico
está sustentado en el lenguaje (en el documento, es decir,
en la palabra), que es una escritura, le permite al autor de novelas
históricas jugar a la historia en un campo en donde es particularmente
eficaz: el tiempo humano de la novela. Realiza de esta forma
una "versión narrativa" de la historia, esto es, de-muestra
que interpretar un documento (lo real) es volver a escribirlo e
imaginarlo.
Si bien la escritura metaficcional en la novelística colombiana
no puede considerarse en sí misma una tradición o
una escuela (como es el caso de la metaficción posmoderna
norteamericana), en cambio sí constituye una de los modos
de superación de los bloqueos que por tanto tiempo han impedido
a la novela colombiana beber de la modernidad; es un sano
síntoma del trabajo y del alto grado de conciencia de ese
trabajo que ya han alcanzado los escritores colombianos. obras tan
sólidas como las de Rafael Hurnberto Moreno Durán,
Rodrigo Parra Sandoval, Julio Olaciregui, Alberto Duque López,
Fany Buitrago, Ricardo Cano, sólo por nombrar autores que
aquí no se han examinado, demuestran la madurez y las proyecciones
que alberga la novelística colombiana de fin de siglo.
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