La solemnidad burlada
De lo satírico en la novela
Según el diccionario la sátira es aquella
composición literaria aguda, picante o mordaz que censura
o ridiculiza a personas o cosas. Su origen podría rastrearse
hasta los satyros, esas figuras grotescas entre animal y
hombre que en los bosques acompañaban al dios Baco, y que
según Nietzsche dieron origen a la tragedia griega. Sería
la fuerza esencial del espíritu dionisíaco que, opuesto
a lo apolíneo, estaría en la base de nuestra naturaleza
y de nuestra civilización.
Desde el punto de vista del folclore
lo satírico linda con las antiguas tradiciones de la fertilidad
y la magia, y sobre todo con el carnaval, que de tantas maneras
se manifiesta en todas las culturas1.
En otras palabras, lo satírico trasciende los
géneros y se expresa en la caricatura, el mimo, y en general
en lo cómico. Está entretejido con la diatriba, la
fábula y lo grotesco; con la parodia, la ironía y
la hipérbole; sus armas más frecuentes son la acumulación,
la concentración, la paranomasia y la aliteración;
la cacofonía y las rimas ridículas. También
el uso de nombres propios con efectos chistosos; los aumentativos
y diminutivos; los cultismos, latinajos, locuciones, giros coloquiales,
y el quiebre y evocación del cliché; y finalmente
la desvalorización del mito y la leyenda. La libertad combinatoria
hace que lo satírico carezca de limitaciones.
Tales recursos en nuestra tradición literaria
han llegado a cumbres geniales, por ejemplo en Quevedo. En efecto,
el barroco literario español fue pródigo en este tipo
de literatura, y estuvo relacionado con la 'agudeza de ingenio'.
A veces para sus composiciones burlescas, los escritores culteranos
utilizaron la metáfora y otras formas retóricas de
manera exagerada, hasta el punto de que las semejanzas entre los
elementos comparados eran casi inexistentes. El ingenio consistía
en hacer comparaciones más 'agudas" cuanto más lejanas
y sutiles, tal como lo recomendó Gracián en aforismos
famosos ('la verdad, cuanto más dificultosa, más
agradable' o 'donde no media el artificio, toda se pervierte
la naturaleza" en Agudeza y arte de ingenio).
La parodia, en particular, implica la imitación
burlesca de algo trascendental produciendo variedad de significaciones,
la ironía, también con intención burlesca,
linda con la parodia y propone una verdad sin decirla directamente.
La hipérbole, por su parte, no ofrece multiplicidad de significados
sino que exalta el objeto descrito exagerando o disminuyendo sus
características. Según los antiguos retóricas,
la hipérbole (o superlatio) es una amplificación
creciente para producir lo inesperado y trascender la verosimilitud.
Es uno de los tropos del Audacíor ornatus, es decir,
de las formas de estilo más audaces que, desde otra perspectiva,
pueden relacionarse con la blasfemia y lo sacrílego.
En ciertas novelas de ciudad, como vimos en un capítulo
anterior, muchos de tales recursos retóricas buscan efectos
horripilantes, conmovedores o apocalípticos. En otras novelas,
como veremos en este capítulo, los efectos están orientados
hacia la catarsis producida por la risa.
"Breve historia de todas las cosas"
Breve historia de todas las cosas (1975), de Marco
Tulio Aguilera Garramuño, demuestra su intención satírica
desde el título: ¿Cómo puede ser breve una historia
que todo lo cuenta? Lleva un subtítulo, "Novela frenáptera',
que intensifica tal paradoja ya que " frenáptera" es una
palabra inventada y podría significar cualquier cosa.
1. Son bien conocidos los estudios
de Baitin (o Bakhtin) sobre lo grotesco y el carnaval. Véase sobre
todo Mikhail Bakhiin, Rabelais and his Worid, Bloomington, Indiana
University Press, 1984
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