Antidiscursividad de la literatura posmoderna
Desenmascarado el problema de la presentación (según
el cual, lo concebido no necesariamente tiene que coincidir con
lo expresado), es posible afirmar que entre la concepción
del "material literario" y su expresión existe una
diferencia y que esa diferencia es la verdadera obra. El material
literario sólo actúa como un "indicador", como una
máquina de significar, que el lector asume para proponer
su visión, para completar y abrir de nuevo. De ahí
que los conceptos de doble productividad, conciencia de catástrofe,
auto-referencia y continum, también operan en una literatura
postmodema. En consecuencia, lo que estaría en juego
en la literatura postmodema, es hacer del lector un productor de
texto, es decir, la promoción del lector-creador, el entendimiento
de la escritura como creación de mundo, de vida, argumento
y memoria. Literatura, mundo y vida, llegan a ser así,
un mismo acto: la escritura.
El escritor postmodemo es consciente del sentido discursivo del
mundo, de su recorte y del carácter parcial e ideológico
(es decir, ficticio) que le da cualquier discursivización.
En general, esta actitud antidiscursiva, puede seguir dos direcciones:
la primera es la dirección de la ostentación.
La literatura se expone a sí misma como ficción, denunciando
el "fraude" de sí misma, ejerciendo su propio desenmascaramiento.
Esa función de conocimiento sobre el mundo -que tradicionalmente
se le reclama a la ficción- se reemplaza por un acto auto-refiexivo
que busca, dentro de la ficción misma, el sentido de lo que
significa escribir ficción, es decir, por una autoidentificación
en el sentido expresado por Culler para la literatura:
La literatura es un modo de escritura diferenciado por la búsqueda
de su propia identidad: el cuestionamiento de la literatura se convierte
en el marco de lo literario. la novela incluye la parodia de la
novela y la teoría de la novela. La esencia de la novela
reside en no tener esencia, en ser proteica, indefinible, en abarcar
aquello que pudiera situarse fuera de ella (Culler, p. 161.)
Es decir, en la literatura posmoderna, la autoconciencia misma,
hace que la auto-referencia sea, sobretodo, auto-identificación.
En la segunda dirección, la literatura posmodema responde
a cierto impulso que surge de la conciencia de un "todo se puede
hacer ahora"; es la dirección del "hurto". Esta dirección
se concreta en la práctica intertextual, que ofrece la posibilidad
de recontextualizar elementos tomados al fragmentar materiales de
la cultura en general. El plagiarismo, la citación,
la retorna irónica, serían operaciones propias de
esta dirección, en la que el concepto mismo de originalidad
se disuelve.
El concepto de intertextualidad, que también se ha reelaborado
dentro de un marco de reflexión autoconsciente, sirve aquí
como medio de lo que hemos llamado la operación de ornamento:
el autor actúa como un "bricoleur", no opera con materias
primas, sino con materias ya elaboradas, con fragmentos de obras,
con sobras y trazas, y fabrica su texto a partir de un universo
textual ya dado. La obra se hace múltiple.
En el caso de la novela, el narrador asume el papel de compilador
y organizador (editor) de las materias narrativas al interior del
mundo ficticio y no es un inocente colector de textos preexistentes,
sino un activo productor de discurso intertextual, operando desde
un material que altera intencionalmente para exacerbar las confrontaciones
múltiples y para producir un efecto (tan sólo un efecto)
de realidad total.
La ficción del sujeto creador se hace franco hurto. La toma
de citas y extractos, la acumulación, la repetición
de imágenes ya existentes, socavan las nociones de originalidad,
autenticidad y presencia. Surge una nueva superficialidad,
opuesta a la pretendida profundidad performativa de la estética
de formas, constituida por elementos difícilmente relacionables.
En esta dirección, la literatura posmodema parodia la realidad
y revela la inestabilidad del proceso de significación.
Por esto es posible afirmar que, consecuente a su rechazo a una
estética de formas, la literatura posmodema, en sus dos direcciones
(la metaficción y el bricolage), asume una actitud antidiscursiva:
porque desenmascara la discursivización, incluso de la misma
literatura, como un artificio ideológico, y porque relativiza
el proceso de la significación y desenmascara el carácter
arbitrario de la relación continua entre el referente y la
cosa en sí, entre mundo y realidad.
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