El silencio
En un extremo de la actitud antidiscursiva de la novela postmodema,
podría destacarse la experiencia novelística de Beckett.
A través de ese ejercicio de metaficción literaria
radical que constituye su trilogía novelística (Molloy,
La muerte de Malone y El sin nombre) es posible comprender uno de
los destinos de la antidiscursividad: el silencio .
Desde el punto de vista formal, en todas las tres novelas el relato
es en realidad una especie de informe en donde el naitador es, sobre
todo, y evidentemente, un escritor: el procedimiento escritural
queda al desnudo no sólo por la mención del acto (Molloy),
sino porque el narrador-escritor alude al proceso y produce comentarios
sobre esta acción de escribir y sus resultados (La muerte
de Malone), conformando una mezcla de texto y metatexto, y porque
finalmente, el acto mismo es cuestionado (El sin nombre).
La historia, o contenido, está reducida a servir en función
de la exposición del procedimiento de la escritura; pero
también desde aquí es posible seguir el proceso de
dilución: las novelas de Beckett pueden considerarse figuraciones
o metáforas de la escritura que se cuestiona a sí
misma en una forma radical.Molloy, por ejemplo, es la metáfora
de la búsqueda de la forma, del proceso de búsqueda
de exactitud entre contenido y expresión. En esta novela
la referencia externa actúa como enganche, como figura del
proceso de escritura.
La muerte de Mallone, en cambio, ya no utiliza la historia como
referencia; es más, se la puede considerar un ensayo de erradicación
de la realidad: no sólo los personajes y sus situaciones
se han deteriorado con respecto a lo que se expone en Molloy, sino
que los motivos actúan en función del intento de la
problematización de la pretendida unidad entre expresión
y contenido.
Con El Sin Nombre finaliza el proceso. No sólo se
renuncia aquí a relatar historias, sino que continuamente
se advierte de la inutilidad de tal propósito. El personaje
ha evolucionado y parece haber encontrado como única verdad
la necesidad de callar. Mientras Molloy había escrito
voluntariamente su informe (aunque por dinero), Mallone sólo
había "inventado" para sí mismo una realidad que decididamente
no tenía nada que ver con lo real. El Sin Nombre escribe
sólo para tener paz. El género novela (metafóricamente)
ha llegado a su fin. Todo el arte de narrar pierde sentido,
el autor se libera de la compulsión de expresarse, llega
al silencio.
La trilogía Beckettiana puede entenderse como un intento
de ilustrar el agotamiento de esta estética compulsiva de
las formas, que, aunque podría aparecer como un callejón
sin salida, es en realidad una manera de advertir acerca de los
destinos de una novela que no ha escuchado las llamadas que su propia
historia le ha brindado. Una manera de advertir que la "presentación"
conforma una lógica desesperante, "aterradora", y que lo
que queda por hacer es, a la par con ese desenmascaramiento de la
pérdida de la fuerza de la "expresión"; comprometerse
con la expresión, algo que Beckett, seguramente, encontró
por fin en sus dramas.
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