El caballero de Rauzán (1887)
Felipe Pérez (1836 - 1891), quien llegó
a ser presidente de la República, fue un novelista fecundo,
entre su producción cuenta por lo menos con veintidós
novelas, algunas de las cuales - por su estilo y su temática
- contrastan de manera notable con las que escriban por aquella
época sus conciudadanos.
El Caballero de Rauzán es
un delicioso e imaginativo relato que combina la frivolidad con
la erudición, la nostalgia romántica con el horror
de la novela negra. Su protagonista, José Hugo de Rauzán,
se presenta como un expatriado que ha recorrido todos los continentes:
«me he nacionalizado en los países en donde he vivido y he
sido persa con la misma facilidad que turco, inglés, tártaro,
español y griego» (p.392)1,
con lo cual demuestra su desdén por las ideas de nación
y patria. Su comportamiento fluctúa entre lo noble y lo plebeyo;
entre la farsa, el valor y la fortuna. En el mundo creado por Pérez,
las personas practican todas las religiones o ninguna, actúan
a la manera de Fausto; hablan muchos idiomas y pertenecen a cualquier
grupo e étnico, incluyendo los africanos, todo dentro de
un ambiente de exotismo y modernidad. Por tales razones, esta novela
cosmopolita brilla en una época en la cual la literatura
colombiana se movía en el espacio estrecho de la provincia,
y muchos intelectuales «avanzados» seguían aferrados a modelos
españoles de] siglo de oro y del costumbrismo, preocupándose
por establecer una identidad nacional, defender una ideología
de partido y reseñar las fiestas de San Juan.
La novela, de un poco mas de cuatrocientas páginas
en formatopequeño, se divide en tres partes. La primera y
la tercera transcurren en la década de 1880, en una ciudad
cuyo nombre, siguiendo cierta costumbre europea, se sustituye por
asteriscos. Su ambiente es moderno y no fácil ubicarla en
un continente específico. Rauzán tiene unos cuarenta
años de edad. Es un ser excepcional por su presencia física,
su nobleza, inteligencia, fortuna material, por sus conocimientos
científicos y filosófico, por sus viajes y por la
categoría de las personas con quienes se relaciona. Al comienzo
poco se sabe de su origen y de su pasado, pero al avanzar la tercera
parte llegamos a conocerlos, aunque algunos elementos permanecen
rodeados de misterio. En algún lugar se dice que tenía
el título de «barón» (p. 141). Al Parlamento inglés
asistió con el nombre de «Lord Douglas», en España
fue el «Conde de Fuentes», en un país africano
se presentó como el «Emir Abassy». En este mismo continente
peleó contra el gran Ab-del Kader en una guerra santa. Rauzán
puede expresarse en muchos idiomas, en especial en inglés,
español, francés y árabe (p.352). Desconcierta
a sus enemigos y rivales con un servicio inesperado, con una galantería
de alto tono o con una confidencia (p.85). Es una especie de Fausto:
«He estudiado la ciencia de los hombres y de las cosas, he sondeado
el espíritu de las criaturas y del siglo (... ) he recorrido
todas las partes del mundo (... ) he leído marcho y no he
escrito nada. No tengo ilusiones pero tengo fe. La enemiga de ésta,
la duda, nunca ha roído mi corazón» (p.387).
Es, además, un ser irresistible para las mujeres.
En su presencia padecen «las reputaciones de alguna matrona y de
más de una doncella». Se habla entonces de «citas escandalosas,
de obsequios de príncipe, embozados de media noche, escaleras
de seda pendientes de los balcones» (p.45). Al comienzo se ignora
si es casado o soltero y él se cuida bien de mantener
el secreto. Se lo disputan, en especial, Eva y Laís, dos
jóvenes ricas de la nobleza de la ciudad. La indecisión
y el filtreo con ambas se extiende por varios capítulos.
Rauzán explica: «por un capricho cruel de mi suerte, sé
inspirar pasiones que yo no siento, soy un hombre de hielo, tengo
un alma insensible a los halagos y seducciones del sexo bello» (p.152).
Él rnismo intenta disuadir a sus amigas de sus pretensiones
amorosas. En una ocasión les dice: «Todas las mujeres que
me han amado han sido desgraciadas (... ) yo no sé corresponder
a ninguna». Y a continuación les hace una terrible revelación:
«Llevo la muerte conmigo» (p.132-134). Como a pesar de estas advertencias
sus amigas insisten, Rauzán se decide por Laís; a
Eva le vaticina: «pronto estaréis con los ángeles,
no olvidéis que llevo la muerte conmigo».
La segunda parte de la novela es un extenso relato
intercalado, tan extraño al resto del material que por muchas
páginas desorienta al lector. Comienza con una leyenda escandinava,
que se desarrolla en Islandia. Allí, en el fondo de una cueva
alejada de la ciudad, un pirata entierra un valioso tesoro. Muchos
años después Erico, un enano del lugar, lo encuentra
y, desde ese día, se transforma en su vigilante, apartándose
de todo tipo de comercio humano. Después de una noche de
tempestad, al descender a la playa, encuentra entre los restos de
un naufragio el cuerpo de una mujer que aún aprieta fuertemente
entre sus brazos a una niña de aproximadamente ocho años.
Erico la adopta y la educa a su manera. La niña crece y Erico
llega a enamorarse de ella, aunque no es correspondido. Para seducirla
le enseña el tesoro. Las descripciones son minuciosas y llenas
de colorido, y la historia del enano enamorado alcanza momentos
conmovedores.
En el comienzo de la tercera parte descubrimos que
la niña criada por el enano se llama Edda, que es ilegítima
de Rauzán, y que la noche del naufragio viajaba con su madre
Sulima a su encuentro. Después de muchos años de indagar
inútilmente, el padre Miguel, confesor y amigo de Rauzán,
averigua el paradero de Edda y le avisa al padre, quien logra rescatarla.
Cuando ella le menciona el tesoro escondido inician su búsqueda,
pero tienen que abandonarla al extraviarse en los caminos de la
agreste Islandia. Entretanto, el matrimonio con Laís ha fracasado.
Ésta se suicida y Edda ingresa en un convento, con lo cual
finaliza la trama.
En esta reseña sólo he presentado los
personajes mejor definidos y algunas peripecias. La forma como está
construido el relato permite alargarlo indefinidamente, a la manera
de las novelas de caballerías. El autor logra que muchos
temas y situaciones giren alrededor del multifacético y ambiguo
Rauzán, aunque en algunos casos la ilación es poco
convincente. Por ejemplo, en una especie de lance contra el embajador
ruso, quien se siente ofendido por los avances de Rauzán
con su esposa, éste hace gala de extensos conocimientos en
frenología, una rama de la ciencia que tuvo especial desarrollo
durante el siglo XIX. Explica Rauzán que a cada facultad
de la mente humana corresponde un espacio definido en el cerebro.
El tamaño de los varios órganos cerebrales nos da
una idea del carácter de la persona, lo cual permite interpretar
la configuración de la superficie externa del cráneo.
Habla de los fundadores de esta ciencia, Gall, Spurzheim, Lavater,
cita una larga lista de científicos y acentúa el hecho,
demostrado por un tal Tiederman, de la igualdad entre el cerebro
de un negro africano y el de un blanco europeo (p.67). Al hacer
énfasis en esta teoría, Rauzán impugna una
postura ideológica, propia de la época, que consideraba
a los negros como inferiores a los blancos. Otros temas manejados
más o menos con cierta extensión y vinculados con
la vida del personaje son los de la catalepsia y el mesmerismo,
que, como es sabido, pertenecen también al ámbito
intelectual europeo del siglo XIX y que fueron poco frecuentados
por los novelistas colombianos.
En otro lugar aparece otra extensa
historia intercalada: se trata de Burke y Haré, famosos asesinos
de Edimburgo, quienes, en el año de 1826, ahogaban a pasantes
y personas solitarias para vender los cadáveres el cirujano
Knox2. Alcides, hermano gemelo de Rauzán,
fue una de sus víctimas.
A pesar de ciertos problemas de estructura e inverosimilitud,
la incursión en los temas reseñados y ciertos detalles
de estilo otorgan a esta novela un lugar importante en la evolución
del genero en Colombia: anuncia de manera clara lo que pocos años
después será conocido como Modernismo. El lenguaje
que utiliza Pérez es directo y sin rasgos dialectales; las
frases son cortas y están llenas de tristeza y paradoja;
los hechos más sorprendentes se cuentan de una manera sencilla,
inclusive aquéllos llenos de exotismo. Hay un fondo religioso
expresado, sobre todo, en una sutil dialéctica entre los
anhelos de espiritualidad y el materialismo rampante. Se usan palabras
y expresiones como «demente», «tedio brutal», «misántropo».
Cuando muere Eva no hay lamentos ni suspiros, en contraste con otras
novelas de la época llenas de escenas lacrimosas. De igual
forma se relata el matrimonio de Rauzán y Laís.
Otro rasgo de modernismo es el hecho de que los matrimonios
se arreglan directamente por los contrayentes, sin la intervención
de padres o tutores. Al referirse a Laís,
afirma el narrador que «no era una mujer de hogar sino de mundo
(... ) tenia imaginación pero carecía de talento»
(p.161), presentando una nueva tipologia de mujer. También
se habla libremente del divorcio, lo cual era escandaloso en la
sociedad pacata de aquellas décadas (p. 171). Rauzán,
el más noble, rico, bello, sabio, inteligente, quien ha viajado
por todo el planeta y amado a las más bellas, descubre que
su vida sólo ha sido de infelicidad y frustración.
Con estos rasgos penetra en la novela colombiana un nuevo tipo de
héroe para configurar una narrativa desesperanzado sobre
la vida y el amor3.
1. Cito por la primera edición: Imprenta de
Echeverría, Bogotá, 1887, 416 págs.
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2. El caso es histórico. El juicio se abrió en
el tribunal superior de justicia de Edimburgo el 24 de diciembre
de 1828, (Encyclopaedia of Murder, 1961, p.133-136). Es interesante
notar que este tipo de sucesos alimentaron la imaginación de los
escritores a todo lo largo del siglo XIX, conformándose así el género
gótico o de terror. Por la época de la publicación de El caballero
de Rauzán el tema estaba de moda. Hacía furor en el mundo de habla
inglesa; cfr. Tlie Stranqe Case of Dr Jeyyll and Mr Hyde (1 886)
de Robert Louis Stevenson.
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3. Esta tipología de héroe prefigura, con cien
años de anticipación, a Maqroll el Gaviero, el personaje central
de las novelas de Alvaro Mutis
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